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Cómo el sueño puede mejorar el estado de salud Bienestar, equilibrio y salud mental
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Dime cómo duermes…

Aunque quedan muchas incógnitas por desvelar sobre la función o funciones del sueño, la calidad y duración del descanso se relacionan con nuestra salud, bienestar y nuestra calidad de vida.

Todos tenemos claro una cosa al respecto del sueño: es imposible vivir sin dormir. Sin embargo, la ciencia no tiene una respuesta definitiva, después de más de un siglo de estudios, sobre la función fisiológica que cumple el sueño. Lo que sí está claro es que el descanso en general y el sueño en particular, se relacionan con múltiples cuestiones que nos afectan en nuestra vida diaria. Un adecuado descanso se puede relacionar con una menor predisposición a la obesidad y con un óptimo rendimiento físico e intelectual.

Teorías sobre el sueño

El sueño ha evolucionado junto al hombre desde hace cientos de miles de años, por lo que se cree que debe cumplir una o diversas funciones específicas. En el reino animal encontramos patrones de sueño y descanso muy variados. En los mamíferos encontramos desde un tipo de murciélagos que duerme 20 horas al día, hasta las jirafas, que duermen menos de dos horas.

Una de las teorías sobre las funciones del sueño es la de restaurar las reservas de energía en el cerebro que han sido consumidas durante la vigilia. Hablar de fuentes de energía cerebral no es simple, pues están implicadas múltiples vías metabólicas y diversas sustancias, neurotransmisores, etc., como el glucógeno cerebral y la adenosina. Otra teoría respalda la función protectora del sueño en un ambiente hostil lleno de depredadores, además de reducir el gasto calórico.  Una de las teorías más aceptadas defiende la función conectiva y plástica del sueño en el cerebro, pues se ha demostrado experimentalmente que durante el sueño se modifica la conectividad cerebral. Seguramente el sueño no tenga una única función y aglutine un conjunto de ellas.

En cualquier caso, mucho queda por saber sobre el sueño, sus funciones y sus efectos y todavía no tenemos respuesta a la pregunta de por qué debemos pasar cerca de una tercera parte de nuestra vida en reposo y desconectados del mundo.

Sueño y obesidad

Para aumentar las posibilidades de conseguir una pérdida efectiva de peso, el sueño y el estrés son dos factores a tener en cuenta. En algunos estudios se ha podido observar  que las personas que querían perder peso tenían más probabilidades de lograrlo si presentaban un grado de estrés bajo y dormían entre seis y ocho horas por la noche.

Esto choca con la teoría que se había mantenido hasta no hace mucho que decía que cuanto menos se dormía más gasto energético se producía y, por lo tanto, más disminución de peso se podría alcanzar. Se ha podido observar que dormir poco tiene una repercusión hormonal que aumenta la sensación de hambre (se disminuyen los niveles de leptina, la hormona de la saciedad y aumentan los niveles de grelina, la homormona del apetito). Estos efectos se han observado tanto en niños como en adultos y también están relacionados con factores genéticos que determinan los ciclos naturales del sueño.

En algunas ocasiones es difícil conseguir un buen descanso. El estrés, una alimentación inadecuada y otros factores pueden determinar que nuestro sueño no sea tan reparador como debiera. Tener una dieta variada, hacer cenas ligeras con suficiente antelación antes de ir a dormir, no tomar estimulantes como el café, el té o bebidas de cola cerca de las horas de descanso o hacer ejercicio físico son consejos simples que nos pueden ayudar a tener un descanso adecuado.

Sueño y rendimiento físico y mental

El descanso es fundamental para que nuestro rendimiento, tanto mental como físico, sea el óptimo. Durante el descanso se produce la reparación de tejidos dañados y la restauración de las reservas energéticas, especialmente si se practica algún deporte de manera intensa.

En este sentido, el sueño y el deporte son dos elementos que se retroalimentan, ya que el ejercicio físico ayuda a que tengamos un mejor descanso e, igualmente, un mejor descanso nos permite tener un mejor rendimiento físico.

A qué hora poner el despertador

Según diversas investigaciones existen unas recomendaciones generales de horas de sueño que deberíamos respetar para que nuestro cuerpo optimice su rendimiento físico y mental:

  • Recién nacidos: 16-18 horas al día.
  • Niños preescolares: 11-12 horas al día.
  • Niños en edad escolar: 10 horas al día.
  • Adolescentes: 9-10 horas al día.
  • Adultos: 7-9 horas al día.
  • Personas mayores: 7-8 horas al día.

Otro factor a considerar son las fluctuaciones y cambios en el sueño que se producen a lo largo del año. Las horas de luz condicionan de algún modo los ciclos circadianos y el descanso efectivo resultante. Por eso, a principios de la primavera, cuando se cambia la hora, se produce un desfase comparable al jetlag producido durante un largo viaje en avión. Finalmente, después de un tiempo, este nuevo plan de sueño se normaliza.

Dulces sueños.

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