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Salero en un fondo negro Alimentos, dietas y nutrientes
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Sí, ahí está. Abres el armario de cualquier cocina y te la encuentras. Fina, gruesa, de mar, yodada, de colores, gourmet. En definitiva, cloruro sódico cristalizado listo para llenar de sabor todos los platos en todos los hogares.

En otros tiempos, sin embargo, se trataba de un producto algo más exclusivo. En el Imperio Romano la sal era una de las sustancias más valiosas que existían, llegando a valer su peso en oro. De hecho, la palabra salario, deriva del pago que se hacía a los soldados con sal, tal era el valor que llegó a tener esta sustancia. Seguramente, se la tenía en tan buena estima por su capacidad conservante de carnes y pescados en forma de salazón, para las largas jornadas que los soldados tenían por delante.

En la actualidad, su valor es infinitamente menor y los efectos perjudiciales sobre la salud derivados de un exceso en su universalizado consumo la convierten, junto con el azúcar, en uno de los enemigos públicos a batir. Que salga del armario.

Sal y salud

El sodio y el cloro, sus dos componentes químicos, son electrólitos necesarios para nuestro organismo, pero ya aparecen de forma natural en los alimentos, por lo que no necesitamos un aporte extra, más allá de cuestiones puramente gastronómicas. De hecho, la preferencia por el sabor salado es absolutamente adquirida, al contrario que la preferencia por lo dulce, que es innata.

La cantidad de sodio de nuestro organismo está directamente ligada a la cantidad de líquido. La retención de agua que supone el abuso de sal produce un aumento de peso corporal y obliga a corazón, hígado y riñones a hacer un trabajo extra para eliminarla.

El principal efecto sobre la salud de un consumo excesivo de sal es el aumento de la tensión arterial, a su vez, importante factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, cuya incidencia supone un 30% de las muertes a nivel mundial.

Hipertensión

Las causas de la hipertensión son complejas y multifactoriales. Sin embargo, uno de los principales factores dietéticos relacionados con ella es el consumo excesivo de sal.

Si bien existen individuos que, por cuestiones genéticas, parecen ser insensibles a la sal, se puede afirmar que la reducción de sodio reduce significativamente la tensión arterial en los adultos.

Más del 40% de la población adulta en España padece hipertensión. La hipertensión es un factor de riesgo importante de las enfermedades cardiovasculares, en especial infarto de miocardio e ictus (65.000 personas mueren al año en nuestro país por estas dos causas).

Poder adictivo de la sal

Es seguramente el aspecto menos conocido, pero la sal tiene un efecto adictivo que se ha llegado a comparar con el de la cocaína. Eso explica las grandes dificultades observadas cuando se pretende reducir su consumo. Una respuesta para ello sería empezar a controlar el consumo en los niños, cuando todavía no tienen establecido el hábito y no la van a echar de menos.

Consumo de sal en España

Diversos estudios sitúan el consumo medio en España cerca de los 10 g al día. En algún estudio se llega a situar este consumo en hasta 12 g al día.

Recomendaciones en el consumo de sal

Diversas autoridades sanitarias, entre ellas la OMS, están promoviendo el objetivo de una ingesta inferior de 5 g al día de sal (o 2 g de sodio) para los adultos o una reducción de su ingesta a la mitad, asumiendo que la población occidental consume cerca de 10 g al día.

Cómo reducir el consumo de sal

El 80% de la sal que consumimos proviene de alimentos procesados. Por lo que la acción principal para reducir el consumo de sal deberemos hacerla en el supermercado. De hecho, existe mucha sal oculta en los alimentos, ya que, por su poder conservante, aparece en multitud de alimentos que no tienen sabor salado. La industria alimentaria tiene mucho que decir en este aspecto, y se deben aplaudir acciones como las de reducción en el pan que propician un menor consumo de sal proveniente de alimentos de consumo habitual.

En la actualidad, por ley, todos los alimentos etiquetados deben incluir su contenido en sal. A grandes rasgos, podemos interpretar que un alimento con más de 1 g de sal por 100 g de producto puede considerarse como de contenido alto y uno que contenga menos de 0,25 g de sal por 100 g tiene un contenido bajo.

Unos consejos para reducir el consumo de sal:

  • Fomentar el consumo de alimentos frescos (frutas, verduras, hortalizas).
  • Reducir el consumo de alimentos preparados, precocinados, salsas, snacks, embutidos, salazones, frutos secos (con sal),…
  • Mirar siempre la etiqueta de los alimentos.
  • Utilizar especias para reducir la sal añadida en los platos.
  • Y, por supuesto, hacer que salga de los armarios.

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