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Relación con los hijos Salud de los más pequeños
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La relación con los hijos pasa por diferentes etapas conforme se produce su crecimiento y desarrollo.

Se suele decir que la etapa que va desde el nacimiento de un hijo hasta los primeros años de vida es la más dura. Y, en cierto modo es así. El recién nacido es muy vulnerable y requiere de una atención continua. Esto repercute en el cansancio físico y mental de los padres: en los primeros años los niños duermen a su ritmo (que no suele ser el que los padres quieren), aparecen las rabietas, los problemas con la comida, los temores por si no se adaptan al colegio, etc.

Sin embargo, quien ha pasado por la etapa de la adolescencia de sus hijos afirma que las complicaciones de verdad aparecen entonces.
A partir de los doce años, más o menos, los niños empiezan su camino para convertirse en personas adultas. Abandonan la infancia, dejan de ser «nuestros bebés» y, aunque es ley de vida y verlos crecer ofrece muchas satisfacciones, no siempre es fácil adaptarse a esta nueva etapa.

Para que la relación con los hijos no se convierta en una actividad altamente estresante, te proponemos una serie de consejos que te pueden resultar de utilidad.

Adolescencia: los problemas crecen

 

Los jóvenes de hoy son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida y le faltan al respeto a sus maestros.
Sócrates (470 AC-399 AC) Filósofo griego.

 

Durante la adolescencia, la relación entre los padres y los hijos puede verse gravemente afectada. Los padres suelen quejarse de que los hijos no les escuchan o de que se aíslan y no se comunican.

Por el contrario, los adolescentes manifiestan que sus progenitores no les entienden. Se entra entonces en un bucle de discusiones y, en ocasiones, se abre una profunda brecha difícil de cerrar.

La adolescencia es la etapa de transición entre la niñez y la etapa adulta. Es cuando se produce un cambio crítico en la formación de su identidad, a partir de la experiencia vivida en la etapa anterior. Es la época en la que ponen en cuestión lo establecido, lo que puede suponer un enfrentamiento con las normas familiares impuestas.

Los padres se encuentran ante un conflicto: comprenden el deseo de autonomía por parte del adolescente, pero su percepción es que todavía no están preparados para asumir esa independencia. Si se utiliza un control excesivo, surgirá la rebeldía y el conflicto.

El adolescente se encuentra en una época de cambios tanto físicos como psicológicos y los padres deben ayudarles durante el proceso mediante diferentes pautas saludables, conciliadoras y tolerantes.

Al inicio de esta etapa se produce un aumento del número de discusiones entre el adolescente y su familia. Los motivos suelen ser varios, desde la forma de vestir o los amigos hasta las tareas del hogar. La comunicación, el entendimiento y la empatía son cruciales para resolver estos conflictos. Es importante intentar evitar el enfrentamiento directo, posponiendo algunas discusiones utilizando la negociación.

Claves para manejar los conflictos con los hijos

  • No es nada personal. Muchos padres creen que todo lo que hacen sus hijos es un acto de rebeldía y que lo hacen simplemente por desobedecer y fastidiar. Los chicos no tienen ese objetivo, pero están viviendo una etapa en la que sienten la necesidad de diferenciarse de la posición de sus padres. Esto les lleva a desafiar a la autoridad. Los padres deben intentar ver estas reacciones en un clima de tolerancia, sin tomárselo como algo personal.
  • Las formas son importantes. Los padres deben ser conscientes de que sus hijos ya no son niños a los que se debe educar mediante órdenes. Tampoco son adultos, pero es conveniente que poco a poco se vayan gestionando los asuntos como si lo fueran. Percibir que ya no es visto como un niño le ayudará en su proceso de maduración.
  • Eres su padre, no su amigo. Llegada esta etapa, muchos padres creen que convertirse en el mejor amigo o amiga de su hijo es la solución para todos los problemas. Los padres que optan por este camino se equivocan. Los adolescentes necesitan normas y disciplina. La adolescencia es una etapa llena de cambios en la que los hijos necesitan ser acompañados, recibiendo pautas de los padres para poder enfrentarse a esos cambios con autonomía. Los padres son una figura clave que debe establecer límites y comprender las nuevas inquietudes de sus hijos.
  • La importancia de la comunicación. Aprender a escuchar es esencial para que el adolescente sienta empatía por sus padres. El primer paso es identificar los sentimientos que están transmitiendo (“Veo que estás preocupado/enfadado/molesto… por…”). Y si los padres no se sienten capaces de terminar la conversación de una manera tranquila, es mejor posponerla para evitar una discusión. Deben evitarse los gritos, los insultos y las faltas de respeto por cualquiera de las dos partes. Para establecer una buena comunicación es muy importante que los padres escuchen sin interrumpir y no se precipiten en dar su opinión ni en juzgar.

 

 

 


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