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Background of  beautiful red rose petals Bienestar, equilibrio y salud mental
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Seguramente sea una de las mayores incógnitas del universo: el amor. Qué es. A qué responde. Por qué y de quién nos enamoramos.

Quizás sea demasiado típico hablar de estos temas cuando se acerca San Valentín. En cualquier caso, siempre es buen momento para hablar de amor.

Teorías sobre el amor

Aunque hay quien considera el asunto incluso frívolo, existen muchas teorías científicas al respecto. En clave evolutiva, existen motivos para que se establezcan vínculos afectivos más allá de la cópula con el fin de proteger la “inversión genética” que se ha realizado. De este concepto partiría toda una serie de elementos afectivos, más o menos complejos (el amor y todas sus variantes), que tendrían como finalidad crear las condiciones idóneas para la descendencia.

Otras teorías intentan encontrar, si existe, un patrón preestablecido de conducta amorosa, o sea, si existe la media naranja y a qué responde. Alguna de estas teorías (que se podría clasificar como freudiana) señala a la infancia como momento clave en el que se configura el molde de nuestra pareja perfecta. Se supone, de este modo, que cuando nos enamoramos es porque encontramos a alguien que se identifica con ese patrón. Sin embargo, parece bastante claro que no sería este un mecanismo infalible porque cuando uno se enamora no siempre acierta (de hecho, casi nunca).

También existen teorías de índole más psicológico (con intenciones más casuísticas), como la teoría triangular de Sternberg que define el amor en función de tres variables: intimidad, compromiso y pasión, que acaban determinando tipos de amor diferentes en función de la combinación de las variables.

La química del amor

En cualquier caso, sí que parece existir un componente químico importante en el proceso del enamoramiento (o como queramos llamarlo). El amor parece responder a una serie de reacciones químicas provocadas por hormonas, neurotransmisores y otras sustancias que determinan una serie de cambios en el comportamiento y en el estado de las emociones.

De este modo, la secuencia del proceso bioquímico del amor se iniciaría en la corteza cerebral y pasaría a través de las neuronas al sistema endocrino, dando lugar a respuestas fisiológicas intensas. Cuando encontramos a la persona deseada se dispara toda esta cascada de reacciones y a través del sistema nervioso, el hipotálamo envía mensajes a las diferentes glándulas del cuerpo. Se aumenta la secreción de adrenalina, se liberan grasas y azúcares para disponer de energía y se oxigenan mejor los tejidos. Ya estamos preparados y nos sentimos en un estado de bienestar y felicidad difícil de comparar.

El amor y los sentidos

Hay muchos factores que pueden despertar la pasión, entre ellos los sensoriales: vista, olfato, oído y tacto.

El tema de la vista es evidente si nos referimos a la atracción física. Sin embargo, el olor ha venido cobrando peso en los últimos años como mediador en el estado afectivo. En particular, el olor corporal tiene influencia sobre la atracción entre personas. Esto ha sido observado en determinadas especies, pero también en el ser humano. Así, se establece un vínculo olfativo dentro de la pareja, estableciendo al olor corporal como un elemento más de la atracción.

Los afrodisíacos: mito o realidad

Desde tiempos prehistóricos la humanidad ha utilizado alimentos y plantas con supuesta capacidad afrodisíaca, esto es, capacidad de despertar el deseo sexual.

Existen alimentos que, hoy en día, algunos romáticos siguen considerando afrodisíacos. Algunos ejemplos son los mariscos, el caviar, las trufas, el jengibre, etc. También alimentos más exóticos como la aleta de tiburón con la que se elabora la sopa japonesa y algunas frutas como los higos, las fresas, las cerezas y, sí, también la fruta de la pasión.

Otro alimento al que se le atribuye un efecto afrodisíaco y placentero es el chocolate. Además del efecto estimulante propiciado por su textura, sabor y aroma, el cacao contiene feniletilamina, un neurotransmisor de la familia de las anfetaminas, asociado al ‘centro del placer’ del cerebro. Esta sustancia se relaciona con la secreción de otros neurotransmisores como la dopamina y la oxitocina, relacionadas con el deseo sexual. De hecho, hay quién prefiere el chocolate al amor. Cuestión de gustos.

Finalmente, el alcohol es un conocido estimulante sexual, ya que un efecto desinhibitorio, si bien, en exceso, puede provocar el efecto contrario (y siempre problemas de salud).

Amor y salud

Existe un vínculo directo entre el amor (o mejor, la vida en pareja) y la salud. Efectivamente, vivir en pareja es mejor para la salud que vivir solo, según se recoge en multitud de estudios. Vivir con tu media naranja te hará vivir más años, tener menos estrés, depresión y problemeas cardiovasculares. Igualmente, la vida en pareja se relaciona con menos casos de demencia y alzheimer.

 

Pero el final del verano llega. Con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a los efectos de las endorfinas y los neurotransmisores del amor y la pasión de los primeros momentos se desvanece gradualmente. En este nuevo escenario parece que tienen mayor poder los lazos afectivos más racionales. Pues eso, si estás enamorada/o, disfrútalo.

 

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