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medicamentos para la ansiedad Medicamentos
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La ansiedad es una emoción desagradable que surge ante una posible amenaza exterior. La reacción aguda de ansiedad no siempre es patológica, sino que nos puede preparar para enfrentarnos con éxito ante un reto o situación exigente. Por lo tanto, tampoco es necesario, la mayoría de las veces, recurrir a medicamentos para aplacarla. Sin embargo, se puede concluir que los españoles abusamos de los medicamentos para la ansiedad. Los datos indican que la tendencia estos últimos años ha ido en ascenso hasta el punto de que somos uno de los países de Europa con mayor consumo de ansiolíticos.

Ansiolíticos y benzodiazepinas

Los ansiolíticos son aquellos medicamentos que alivian o suprimen la ansiedad. A día de hoy solo hay una familia de medicamentos que reine en este dominio: las famosas benzodiazepinas. Hablar, por tanto, de ansiolíticos y de benzodiazepinas es hablar de lo mismo.

La primera benzodiazepina fue descubierta en el año 1956. Desde entonces, han surgido múltiples variantes hasta el punto de que se conocen 35 benzodiazepinas diferentes. En España sólo están autorizadas y se comercializan 16. Las benzodiazepinas más usadas en España son el lorazepam también conocido bajo el nombre de Orfidal, alprazolam también llamado Trankimazin y el lormetazepam o Noctamid (puedes consultar sus características en nuestro buscador de medicinas).

Las benzodiazepinas funcionan tan bien que a pesar de que ya han transcurrido 60 años desde su invención todavía no ha aparecido otra familia de medicamentos capaz de reemplazarlas.

Uso y abuso de las benzodiazepinas

Las benzodiazepinas, como todos los medicamentos, tienen sus cosas buenas -que es a lo que llamamos efecto terapéutico- y sus cosas malas -que es lo que se conoce como efectos secundarios o eventos adversos-. Si repasamos las cosas buenas, nos encontramos que las benzodiazepinas no sólo tienen efecto ansiolítico, sino que además tienen un efecto hipnótico (de hecho algunas benzodiazepinas se usan también como somníferos),  efecto anticonvulsivante (algunas benzodiazepinas se usan en caso de epilepsia) y  efecto relajante muscular (por eso, en caso de contractura muscular, a veces nos prescriben una benzodiazepina durante unos pocos días).

Pero como no es oro todo lo que reluce, toca repasar también sus cosas malas, sus efectos secundarios y eventos adversos. Se sabe que las benzodiazepinas producen sedación, somnolencia, lentitud mental y problemas de memoria. Producen alteraciones psicomotoras que afectan a la capacidad de conducción, con efectos similares a conducir bajo los efectos del alcohol. Y de hecho este efecto se ve potenciado cuando se toma alcohol.

Uso en personas mayores

Se sabe a ciencia cierta, y así lo demuestran múltiples estudios, que en las personas mayores los efectos secundarios que producen las benzodiazepinas son mucho más intensos y marcados. Las personas mayores que toman benzodiazepinas para ayudarles a dormir son cinco veces más susceptibles de sufrir deterioro cognitivo, tres veces más susceptibles de padecer alteraciones psicomotoras y cuatro veces más susceptibles de padecer cansancio durante el día. Pero seguramente el efecto adverso más llamativo de todos,  en las personas mayores, es el aumento de fracturas por caída inducida por el consumo de benzodiazepinas. Se sabe que, en las personas mayores, el consumo de benzodiazepinas aumenta en un 40% la probabilidad de sufrir una fractura de cadera. Quizás esto suene un tanto extraño, ¿acaso ahora las benzodiazepinas hacen que se rompan los huesos más fácilmente? La respuesta es no. Lo que sí sucede es que las benzodiazepinas aumentan el riesgo de caerse y esas caídas, que en alguien más joven no tendrían mayor repercusión, en las personas mayores acaban en fracturas importantes.

Este aumento, tanto en el riesgo de caídas y fracturas como en el de los otros efectos secundarios, hace que el uso de las benzodiazepinas, en las personas mayores, no compense los efectos terapéuticos y, por tanto, en líneas generales, no se recomienda su uso.

Uso en adultos

Los adultos no ancianos tampoco se libran del que, seguramente, sea el mayor problema de las benzodiazepinas: la dependencia tanto física como psíquica.

La Organización Mundial de la Salud dice que hay dependencia de una sustancia si la persona siente un fuerte deseo o necesidad de consumirla, presenta dificultades para controlar su consumo, existe tolerancia al efecto y si además, cuando se intenta reducir o interrumpir su consumo aparece síndrome de abstinencia. Y las benzodiazepinas cumplen con esa definición a la perfección. La dependencia a las benzodiazepinas se manifiesta, cuando se quiere abandonar su consumo, con un síndrome de abstinencia más o menos grave. En los casos más leves lo que suele suceder es que los síntomas de ansiedad o el insomnio, por los cuales habíamos comenzado a tomar la pastilla, retornan pero con mayor intensidad que al principio. Es lo que se conoce como efecto rebote. Otros síntomas comunes del síndrome de abstinencia son los calambres musculares, espasmos, sensación de hormigueo y hasta síntomas gripales. Y en los casos más graves, el síndrome de abstinencia puede acabar en convulsiones e incluso delirio. Por eso, cuando se plantea dejar el tratamiento hay que hacerlo bajo supervisión médica y reduciendo la dosis muy poco a poco.

Por último, las benzodiazepinas no solo producen dependencia sino que además, cuando se toman durante largos periodos de tiempo, causan tolerancia, es decir, se necesitan cada vez mayor dosis del medicamento para conseguir el mismo efecto.

Y es, precisamente, por todos estos problemas de efectos adversos, dependencia y tolerancia por el cual las benzodiazepinas se prescriben durante cortos periodos de tiempo y a las mínimas dosis  posibles.

Así que si vamos al médico y le pedimos algo para ayudarnos a dormir o para sobrellevar mejor el estrés y nos prescribe un tratamiento para tan solo unos pocos días, ya sabremos por qué es. No es que esté siendo tacaño, sino que está mirando por nuestra salud.

La mejor medida para sobrellevar la ansiedad o los problemas de sueño no son las benzodiazepinas, ni ningún otro tipo de pastilla, sino la psicoterapia y las medidas de higiene del sueño.

Pero esa es otra historia.

 

 

 


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