Saludabit

Bienvenido/a a la única plataforma independiente de salud promovida por consumidores

Advertisement
LayerSlider

yellow banana with many blue pills for male problems Medicamentos
5 (100%) 4 votes

¿Qué significa “no estar a la altura” cuando hablamos de sexo? Porque ni todos somos iguales ni tenemos los mismos gustos, deseos o expectativas… Además hay circunstancias de la vida que nos llevan a no “rendir” siempre al 100% de los estándares que nosotros mismos nos hemos marcado. Ante un primer encuentro con una persona muy deseada, o cuando llevamos un tiempo sin tener relaciones, o si apenas tenemos experiencia… Es fácil que surja el miedo a no estar a la altura. Y lo paradójico es que el propio miedo en sí mismo nos impedirá estarlo.

Por otra parte, cuando la relación de pareja no está siendo satisfactoria, cuando se ha caído en la rutina o se tiene mucho estrés debido a otras cuestiones vitales, es normal que estemos  apáticos, sintamos menos deseo sexual o tengamos más dificultades para excitarnos.

El sexo, ¿un problema médico?

En absoluto. O desde luego no en la inmensa mayoría de los casos. Sin embargo, de un tiempo a esta parte parece existir un interés especial en meter en el terreno de la medicina este tipo de situaciones. Nos dicen que hay serios motivos para preocuparse, que hay muchos afectados, que existen remedios… Toda una corriente “medicalizadora” que no es ajena a fines lucrativos. Los expertos de la salud hablan incluso de co­mercio de enfermedades o disease mongering para referirse a este fe­nómeno (que no se circunscribe a la sexualidad).

Erecciones sin fin…

Hay ejemplos bien conocidos. Empecemos por los pro­blemas para mantener la erección. Es cierto que la llegada de algunos fármacos, como el sildenafilo (la popular Viagra), ha supuesto un avance respecto a otros tratamientos más engorrosos. Se trata de medicamentos que actúan aumentando el flujo de sangre a los genitales. Pero su uso debe reservarse para aquellos hombres que realmente los necesitan, como los que tienen dañados los nervios implicados en la erección como consecuencia de una diabetes o tras una cirugía de próstata.

Y sin embargo, con el tiempo estos productos han pasado a ser la pildorita que se toma tras una noche de juerga para evitar el gatillazo  o ese ingredien­te secreto que contienen productos supuestamente “naturales” que se venden para estimular el de­seo sexual. Se compra incluso de forma ilegal por internet. Su uso se ha extendido y banaliza­do. Y apenas trascienden sus efectos adversos y contraindicaciones (nada desdeñables, por otra parte). Pocos saben, además, que su efecto no es automático y que sin cierto grado de excitación no llega la erección. Por no hablar de cómo cala la tramposa idea de que la rela­ción sexual solo es satisfactoria en el momento que el hombre man­tiene la erección…

¿Y la “Viagra rosa”?

Si le apetece tener menos sexo del que se considera “nor­mal”, si no se excita lo suficiente, si tiene pocas fantasías o pensa­mientos eróticos, habrá quien le diga que está enfermo. Y hasta podrán ponerle nombre a su enfermedad, y si es una mujer, podrán decirle que padece “trastorno de interés sexual feme­nino”. Una nueva entidad que recientemente ha sido introducida en los manuales de psiquiatría. Y es que este tipo de categorías no dejan de ser subjetivas y cambiantes, en función de lo que en cada momento decide un grupo de autores.

De hecho, en Estados Unidos se ha aprobado hace unos meses el uso de lo que ya se conoce popularmente como la “Viagra rosa” para me­jorar la libido femenina. Nada que ver, sin embargo, con el sildenafilo y similares. En realidad se trata de flibanserina, un antidepresivo, que lo único que ha demostrado es que aumenta la frecuencia de las relaciones sexuales poco más que un placebo (se asocia a un aumento de 0,5 a 1 episodios sexuales satisfactorios al mes). Una eficacia bien modesta para los riesgos que conlleva (náuseas, mareos, fatiga, somnolencia y más raramente síncope e hipotensión). Además tiene contraindicaciones con multitud de fármacos y alcohol.

La sexualidad no es cosa de pastillas

En definitiva, con todos estos ingredientes y con la ayuda de medios de comuni­cación, el boca a boca, etc., el re­sultado es que muchas personas que ya no se excitan como antes, porque llevan mucho tiempo con su pare­ja, han caído en la rutina o tienen relaciones sexuales poco satisfac­torias, se alarman y empiezan a pensar que están enfermas. Y no es cierto.

Además, evaluar la falta de deseo como algo puramente fisiológico es ignorar la naturaleza y los factores que afectan a la vida sexual. En el deseo también influye el cansancio, las preocupaciones, una sexualidad vivida como insatisfactoria, las dificultades de comunicación o en la relación con la pareja, etc. Y nada de eso se alivia con pastillas. Hacen falta enfoques basados en cambios en el estilo de vida, reducción del estrés, terapias de pareja, revisión de medicamentos que se toman por otras causas (sí, medicamentos…) que pueden estar afectando a la libido, etc.

Si tienes alguna duda sobre tu salud sexual puedes consultar con un psicólogo online. En Saludabit todo es salud.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *