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Single or divorced woman alone missing a boyfriend while swinging on the beach at sunset Bienestar, equilibrio y salud mental
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Enfrentarse a la pérdida de un ser querido puede ser un duro golpe que desemboque en un periodo de profunda tristeza. De repente se nos hace difícil asimilar que la muerte es una parte consustancial de la vida. Pero aun así, estas vicisitudes pueden provocarnos un periodo de tristeza y depresión. El paso del tiempo permite a la mayoría de las personas recuperarse de la pérdida, especialmente si pueden contar con el apoyo de su entorno social.

El duelo

El duelo es un conjunto de sentimientos, emociones, pensamientos y comportamientos que se manifiestan tras la pérdida del ser querido. Cada persona reacciona de manera diferente y utiliza sus propios métodos personales para sobrellevar el dolor que conlleva la pérdida. No hay una duración “normal” del duelo. Cada persona necesita un período de tiempo y adaptación diferentes. La aceptación de esta pérdida puede tardar desde meses hasta un año.

Tiempo atrás, se exteriorizaban las fases de aceptación de la pérdida mediante el luto. Con esta práctica de vestir de negro, la sociedad era consciente del momento por el que pasaba esta persona y respondía con empatía, comprensión y apoyo.

Acostumbrarse a la ausencia es una cuestión de tiempo. De manera gradual, se recupera el equilibrio y el ritmo normal de vida.

Existen reacciones emocionales que son similares para la mayoría de personas. Tras la pérdida de un ser querido se puede sentir un shock inicial acompañado de una sensación de incredulidad. Esta sensación, se manifiesta especialmente frente a muertes repentinas. Nada parece real y expresiones como “no es posible” o “es una pesadilla de la cual despertaré en algún momento” cobran protagonismo.

Este “adormecimiento afectivo” nos da un tiempo, necesario, para comenzar a aceptar la realidad que, por desgracia, nos ha tocado vivir. En este memento hay que tomar decisiones importantes relacionadas con el funeral, avisar a familiares y amigos, etc. Todo esto ayuda a aceptar la realidad al hacer evidente esta pérdida y permite despedir de manera física y mental a esta persona amada.

Larga enfermedad

Cuando la muerte se debe a una larga enfermedad, es habitual que se sienta una sensación de alivio. Esta sensación puede provocar cierto sentimiento de culpa.

Pasadas estas sensaciones iniciales que surgen de manera inmediata después de una perdida, se siente gran tristeza y soledad. Es importante no intentar ocultar el dolor. Es fundamental encontrar el tiempo para poder llorar y afrontar el presente. Este estado de ánimo no es un signo de debilidad, es una reacción psicológica normal.

Sentimientos y emociones

La culpa y el reproche son sentimientos irracionales que pueden aparecer, causando sufrimiento, rabia y enfado contra los demás. También contra el ser querido por habernos abandonado, contra los profesionales sanitarios porque no pudieron evitar su muerte y, sobre todo, contra nosotros mismos.

Algunas manifestaciones fisiológicas que pueden acompañar a la tristeza son la sensación de vacío en el estómago, opresión en el pecho, falta de energía o debilidad, dificultad para dormir, falta de apetito, aislamiento social y pérdida de interés por lo que nos rodea, entre otras. Algunas personas evitan ir a lugares que le recuerden al ser querido. En cambio, muchas otras necesitan ir a estos lugares que le recuerdan a esta persona para sentirse reconfortados y poder revivir, en su mente, momentos con ella.

A media que el tiempo avanza, estas actitudes y situaciones empiezan a normalizarse, aunque pueden resurgir en fechas señaladas de especial importancia para cada persona.

Continuar con la vida

Superar la pérdida de un ser querido lleva tiempo. A las personas que están pasando por el duelo podrían resultarles útiles algunas estrategias para lidiar con la pérdida:

  • Hablar sobre la pérdida del ser querido. De esta manera se aceptará lo ocurrido y se recordará a la persona. Negar lo ocurrido y evitar el tema conlleva aislamiento y puede frustrar a las personas que forman parte de su red de apoyo.
  • Aceptar los sentimientos. Es normal sentir tristeza, rabia, frustración y hasta agotamiento.
  • Cuidar de uno mismo y de la familia.Una dieta variada y equilibrada, hacer ejercicio y dormir lo suficiente son prácticas positivas que ayudan a seguir adelante.
  • Ayudar a otras personas que también lidian con la pérdida. Intentar ayuda a los demás a asumir esta pérdida sirve para que nos sintamos mejor nosotros mismos. Recordar anécdotas y situaciones felices de la persona perdida con los demás puede ser un factor positivo.
  • Contar con la ayuda de un profesional. Si las emociones llegan a ser abrumadoras o se siente que no se pueden superar, quizás hablar con un psicólogo podría ser positivo.

Beneficios de la ayuda psicológica

Contar  con ayuda psicológica profesional nos pueden ayudar a superar el temor, el sentimiento de culpa o la ansiedad resultado de la muerte de algún ser querido.

El apoyo de un psicólogo nos ayudará a encontrar mecanismos para superar nuestra situación emocional y a desarrollar nuestra capacidad de adaptación.

 


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