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Recipiente de vidrio de yogur. Alimentos, dietas y nutrientes
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Nos lo vendieron como la solución y, depués de varias décadas, ya podemos concluir que los alimentos light no han contribuido a detener la epidemia de sobrepeso y obesidad que está presente en todo el mundo. Y es que frente a las evidencias es difícil mantener un argumento. Al igual que otras creencias que han acabado estando en entredicho, como el colesterol de los alimentos y la grasa de la dieta y su efecto sobre el riesgo cardiovascular, los alimentos light no han demostrado ser una herramienta efectiva para adelgazar ni reducir el índice de masa coporal (IMC).

La ligereza de los reclamos alimentarios

La parición de los alimentos “light” en la década de los 80 repondía a un motivo eminentemente comercial. Sin emabrgo, en una sociedad con tasas relativamente bajas de obesidad (o no tan altas como ahora), se empezaba a relacionar la dieta con cuestiones estéticas y de salud.

Ya por la década de 1950, había empezado a producirse un interés científico por la grasa de la dieta y sus efectos sobre las patologías cardiovasculares. En los 70, las evidencias derivadas del estudio de los ‘Siete Países’ establecieron una fuerte asociación entre la ingesta de grasa, especialmente grasa saturada y la mortalidad por patologías coronarias.

A partir de ese momento las autoridades sanitarias emprendieron una lucha para reducir la grasa total de la dieta, especialmente la grasa saturada. La industria alimentaria, ávida de argumentos de márketing para lanzar nuevos productos, empezó a ofrecer versiones light (ligeras o reducidas en grasas, azúcares y calorías) de sus productos convencionales.

Después de un tiempo, ya podemos echar la vista atrás y darnos cuenta de que esta estrategia no ha surtido efecto. Más al contrario, lo ha empeorado y puede incluso que haya formado parte de la causa. Desde 1980 la tasa de obesidad se ha doblado en todo el mundo, al igual que la diabetes tipo 2 o el síndrome metabólico.

Una ley demasiado light

El reglamento europeo 1924 de 2006, vino a poner un poco de orden en los reclamos o alegaciones sobre las características nutricionales y de salud de los alimentos, entre ellos los alimentos que recurrían al apelativo “light”. Para que un alimento pudiera denominarse de este modo, su contenido calórico o en algún nutriente que aportara esas calorías debía ser, al menos, un 30% menor que un producto similar de referencia. Al igual que en otro tipo de alegaciones, esta ley se ha mostrado poco útil y muy mejorable en algunos aspectos, sobre todo para el consumidor.

La certeza es la única que pierde peso

El cambio que supone un estilo de vida sedentario con acceso ilimitado a alimentos (incluidos los light) ha determinado un aumento importante de los casos de sobrepeso (IMC superior a 25) y obesidad (IMC superior a 30).

La obesidad tiene una causa multifactorial, por lo que es difícil ofrecer explicaciones simples sobre sus orígenes y presentar soluciones definitivas para sus efectos. En este sentido, la sustitución de alimentos convencionales por alimentos light tendría que llevarnos a una disminución de las calorías de la dieta y así a una disminución del peso. Pero las cosas son más complicadas. Cuestiones como el efecto de compensación, que hace ingerir más alimentos para “suplir” las calorías de menos de los alimentos light, cuestiones genéticas, el mecanismo de la saciedad o la calidad global de la dieta pueden estar detrás de la situación actual.

Obesidad y genética

Se apuntan a causas genéticas relacionadas directa o indirectamente con muchos casos de obesidad. Diversas investigaciones señalan la existencia de genes que pueden predisponer a sufrir la enfermedad. La epigenética complica un poco más el asunto, pues ya no es suficiente que un gen específico codifique para un efecto concreto, sino que la expresión de ese gen queda condicionada por múltiples factores ajenos a él, como la composición de la dieta, entre otros.

Perder los kilos ganados

Por otro lado, cuando ya se han ganado los kilos de más, perder peso se ha convertido en un reto que ha encontrado una respuesta titubeante por parte de la ciencia. Hablamos de perder peso sostenidamente en el tiempo.

La reducción de la grasa o el azúcar en algunos alimentos (como los alimentos light) no ha disminuido la tasa de enfermedad cardiovascular ni de obesidad.

Por otro lado, simplificaciones de la realidad se acaban convirtiendo en mitos, que tarde o temprano acaban cayendo por falta de una evidencia que los respalde, como por ejemplo que cenar hidratos de carbono (pan, pasta, etc.) y saltarse el desayuno engorda; que dormir poco ayuda a perder peso; o que los alimentos light (sobre el papel, con menos calorías) adelgazan.

El apetito y la saciedad juegan un papel fundamental en el peso corporal. Hormonas como la leptina y la grelina, condicionadas por múltiples factores nutricionales (como el contenido de grasa de los alimentos) se encargan de controlarlos. También los factores genéticos pueden jugar aquí un papel relevante.

Finalmente, frente a las calorías sin más, la calidad de la dieta parece tener un peso importante en hacernos mantener un peso adecuado.

El futuro es incierto

Las proyecciones que existen para dentro de 15 años en España hablan de una de cada tres personas obesas.

En este contexto, es poco prometedor el hecho de que la mayoría de padres restan importancia al sobrepeso de sus hijos, y que estos estén tan expuestos a alimentos procesados y bebidas azucaradas que crean y condicionan sus preferencias de sabores y gustos.

Pero no nos volvamos locos. Las horas de sueño, la hora exacta del día en que tomamos cada alimento (crononutrición), la combinación de unos alimentos con otros, el espíritu santo, … Todo parece tener una incidencia directa sobre nuestro peso corporal: simplifiquemos.

Y, ¿cómo hacerlo? Pues con una dieta más sencilla: incluir más alimentos naturales sin procesar ni refinar; más alimentos vegetales como verduras, hortalizas, legumbres y frutas y menos alimentos elaborados, refinados, precocinados, con grandes contenidos añadidos de sal, azúcar y grasa. Y por supuesto tener una vida más activa.

 


Comments

  1. manipuladora de alimentos Says: febrero 18, 2016 at 10:57 am

    Los alimentos light son puro marketing…

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