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la hipertensión puede convertirse en una patología que debe ser cuidada Salud y enfermedad
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El dolor de cabeza o la dificultad respiratoria pueden ser algunos de los síntomas relacionados con la hipertensión arterial. Sin embargo, nos encontramos, en la mayoría de los casos, ante una enfermedad asintomática que pasa desapercibida, con el riesgo que eso conlleva. Dado que detectar los síntomas de esta patología es un reto complicado, hoy Saludabit te informa de los riesgos que supone una hipertensión arterial y de qué puedes hacer tú para prevenirla.

¿Qué es la Hipertensión arterial?

Nuestro corazón, con cada contracción, bombea la sangre por las arterias para que pueda llegar a los tejidos. La sangre, al ser bombeada, ejerce una presión sobre la pared de las arterias que es el parámetro que medimos como tensión arterial. Cuando medimos la tensión arterial obtenemos dos valores, la tensión arterial sistólica (alta) y la diastólica (baja). La primera hace referencia a la tensión arterial cuando el corazón está contraído y se está bombeando la sangre, mientras que la segunda se obtiene cuando el corazón está relajado. La tensión se mide en milímetros de mercurio (mmHg). Resumiendo, la tensión arterial normal se sitúa en torno a 120 mmHg la sistólica y 80 mmHg la diastólica. A partir de 140 y/o 90 se considera hipertensión.

Los profesionales de la salud suelen establecer los siguientes grados de tensión arterial:

  • Óptima: menos de 120 la sistólica y menos de 80 la diastólica.
  • Normal: de 120 a 129 la sistólica y/o de 80 a 84 la diastólica.
  • Normal alta: de 130 a 139 la sistólica y/o de 85 a 89 la diastólica.
  • Hipertensión Grado 1: de 140 a 159 la sistólica y/o de 90 a 99 la diastólica.
  • Hipertensión Grado 2: de 160 a 179 la sistólica y/o de 100 a 109 la diastólica.
  • Hipertensión Grado 3: igual o superior a 180 la sistólica y/o igual o superior a 110 la diastólica.
  • Hipertensión sistólica aislada: igual o superior a 140 la sistólica e inferior a 90 la diastólica.

Riesgos que supone una tensión alta 

Cuando la presión sanguínea aumenta, el corazón se ve obligado a hacer frente a un sobreesfuerzo, aumentando su tamaño y determinando que se vuelva más vulnerable y crezca el riesgo cardiovascular. Además, las arterias también se vuelven más rígidas lo que las vuelve más débiles y susceptibles de rotura.

Cómo afecta al cerebro

Unas arterias rígidas y débiles en la zona cerebral pueden acabar provocando un accidente cerebrovascular como un derrame o un ictus. Cuanto mayor sea la hipertensión, mayor será el daño arterial y, por tanto, las probabilidades de que se produzca una hemorragia cerebral.

Cómo afecta a los riñones

Los riñones son otros de los órganos que se ven afectados especialmente por un aumento de la tensión arterial. El deterioro de la función renal podría acabar culminando en una insuficiencia renal. Otro de los riesgos que podría suponer un riñón afectado por la hipertensión es que un mal funcionamiento del riñón podría provocar un aumento todavía mayor de tensión arterial.

Cómo afecta a otros órganos

Los riñones, el cerebro y el conjunto de nuestro sistema cardiaco, no son los únicos afectados por este proceso de aumento de la tensión arterial. Las arterias de las piernas o de la retina ocular son otras partes de nuestro cuerpo que pueden verse dañadas, ocasionando dolor al caminar o alteraciones en la visión, incluso ceguera.

Prevención de la Hipertensión arterial

Sería necesario llevar un control de la tensión arterial de manera periódica por parte de todas las personas adultas.

Existen unos cuantos hábitos de vida saludables que pueden reducir al mínimo la probabilidad de padecer hipertensión y, por tanto, mejorar nuestra salud y bienestar:

Una dieta saludable, en la habría que incluir una disminución en el consumo de sal, aumentar el consumo de frutas y verduras y de alimentos no refinados, e intentar mantener un peso corporal adecuado, ya que el aumento de la presión sanguínea es común en personas con obesidad y con sobrepeso.

Un aumento del ejercicio físico, procurando realizar actividad física cada día, siempre adaptando el ejercicio a las características de cada individuo. Caminar una hora al día puede ser una práctica saludable.

En el caso de que estas medidas no sean suficientes habrá recurrir al tratamiento farmacológico que nos tendrá que prescribir nuestro médico.

Otros aspectos que pueden ocasionar esta patología, tienen que ver con nuestra edad, nuestro sexo y nuestra genética. En especial, aquellas personas con una genética propensa a esta enfermedad, deberán extremar al máximo las precauciones y tener como objetivo un estilo de vida saludable. Saludabit quiere recordarte que con el simple hecho de proponernos una alimentación equilibrada y practicar deporte ¡Ya tenemos mucho ganado! Si necesitas más información, únete a la comunidad Saludabit y llama a nuestros expertos para recibir toda la información que necesites.

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