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ganglios Prevención
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De repente, al tocarnos en alguna parte del cuerpo, notamos cómo un ganglio ha aumentado de tamaño… Inmediatamente saltan todas las alarmas. ¿Cómo no va a ser así, si como casi todo el mundo sabe, las adenopatías -porque ese es su nombre médico- constituyen una de las manifestaciones del cáncer?

Ganglios inflamados: rara vez son graves

Más nos vale mantener la calma, si no queremos llevarnos un sofocón por nada. Lo cierto es que en la mayor parte de los casos, la inflamación de los ganglios, por otra parte muy común, se debe a una causa benigna. Suele ser una muestra de que el sistema inmunitario está luchando eficazmente contra una infección.

Qué son los ganglios

En nuestro organismo hay cientos de ganglios linfáticos. No todos ellos son palpables desde el exterior, aunque se inflamen. Esto sucede sobre todo con los que se localizan en axilas, cuello, nuca e ingles.

En realidad, los ganglios forman parte de nuestro sistema inmunitario, una compleja red de células, tejidos y órganos especiales que nos protegen frente a los agentes nocivos. Otros componentes del sistema inmunitario son, por ejemplo, el timo, el bazo, la médula ósea o el tejido linfático. Este último, sin llegar a constituir propiamente ganglios, está presente en diferentes órganos del cuerpo.

En este sentido, los ganglios linfáticos actúan a modo de “campos de batalla” en los que se desarrolla buena parte de la lucha entre nuestro organismo y los agentes infecciosos. En este proceso, los ganglios se inflaman y aumentan de tamaño. Una vez acabada la batalla, acabarán recuperando su tamaño habitual.

Causas más habituales de los ganglios inflamados

Con diferencia, la principal de las razones por las que se inflaman los ganglios linfáticos son las infecciones. Ocurre por resfriados comunes, pero también por una otitis, un flemón, una herida infectada…  Pero también puede ser la manifestación de una infección de transmisión sexual, o incluso de una tuberculosis.

Otras veces la causa se relaciona con el propio sistema inmunitario. Hay veces que este funciona de forma anormal y “ataca” al propio organismo, dando lugar a las llamadas enfermedades autoinmunes (como la artritis reumatoide o el lupus, por citar dos de las más conocidas). Las reacciones alérgicas también se deben a un funcionamiento anormal del sistema inmunitario, que responde de forma “exagerada” a un agente externo que normalmente no debería causar reacción.

Especialmente temida, cuando se detecta un ganglio anómalo, es la presencia de un tumor. No es lo más habitual, afortunadamente. Suele tratarse, en estos casos, de un tumor que se origina en el propio sistema linfático (los conocidos como “linfomas”) o de una metástasis de un tumor originado en otra parte del cuerpo.

Cuándo preocuparse por un ganglio inflamado

Aunque el aumento de tamaño del ganglio suele deberse a procesos benignos y “autolimitados” (que curan por sí solos) debe consultarlo con el médico si persiste así durante varios días, si la zona está roja y caliente, si el ganglio está duro y adherido (no se mueve al intentar moverlo con los dedos)  o si se acompaña de síntomas como fiebre, sudoración sin causa aparente, pérdida de peso o dolor en las articulaciones, o si aumenta mucho de tamaño.

La localización del ganglio es otro factor que ayuda a orientar el diagnóstico. A veces, especialmente cuando se desarrollan en el contexto de cuadros infecciosos, la aparición de ganglios inflamados en determinadas zonas es de lo más normal. Los ganglios en la zona del cuello, por ejemplo, suelen relacionarse con infecciones de vías respiratorias altas, como un resfriado, una faringitis, una amigdalitis o una otitis. De la misma forma, los ganglios en la axila y en la ingle suelen relacionarse con inflamaciones próximas. Puede ser, de hecho, una simple infección de un folículo piloso como consecuencia, por ejemplo, de la depilación.

En otros casos en los que esta relación no es tan evidente (por ejemplo, cuando el ganglio se localiza en la zona de la clavícula) lo aconsejable es acudir a la consulta del médico para no pasar por alto problemas más serios.

Pruebas diagnósticas

No siempre son necesarias pruebas complementarias. El médico lo valorará, en función de la exploración física del ganglio, de su consistencia, de su tamaño y localización, de la presencia o no de síntomas acompañantes y de su evolución temporal. Preguntará para ello desde cuando está inflamado, si ha experimentado variaciones, si produce dolor, sin ha habido contacto con animales, si se ha viajado recientemente a otros países e incluso si hemos sido picados por algún insecto…

En función de todo ello, el médico planteará la posibilidad de otros exámenes complementarios, como un análisis de sangre, una ecografía e incluso una biopsia (toma de muestra del tejido del ganglio para examinarlo al microscopio). No es lo más habitual. La mayoría de las veces la inflamación de los ganglios acabará por desaparecer una vez curada la infección que la desencadenó.

 


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