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Alimentos que dicen ser imprescindibles pero no lo son Alimentos, dietas y nutrientes

A pesar de que a través de distintas estrategias publicitarias se nos revela la existencia de alimentos imprescindibles, este posicionamiento es falaz. Los diferentes nutrientes los podemos encontrar en una amplia variedad de alimentos, ninguno de ellos imprescindible.

En la era de la información (o más bien de la infoxicación) los consumidores nos enfrentamos con mucha frecuencia a mensajes demoledores en sus enunciados al respecto de la importancia de introducir en nuestra dieta una determinada gama de alimentos o un producto concreto. Para ello, los mensajes a los que me refiero, suelen atribuir a esos alimentos cualidades incontrovertibles al tildarlos de imprescindibles, indispensables, necesarios o insustituibles. Existen decenas de ejemplos al respecto pero los casos más habituales, tanto por la frecuencia con la que se presentan como por la cantidad de recursos que se dedican para difundirlos, son los de la leche (o de los lácteos en general), el pan, los zumos y el aceite de oliva, aunque no son los únicos. Veamos una pequeña muestra:

  • En todas las edades, los productos lácteos son uno de los pilares de la alimentación gracias a sus características nutricionales. (Tomado de la web de la Federación Nacional de Industrias Lácteas, FENIL).
  • El pan, debido a sus propiedades nutricionales es un alimento imprescindible para seguir una dieta variada y equilibrada. (En la web de la campaña conocida como Pan cada día).
  • El consumo equilibrado de zumos, dentro de una dieta saludable y equilibrada, es imprescindible para lograr un aporte correcto de energía,  un funcionamiento cerebral óptimo y para ayudar al organismo a prevenir distintas enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de cáncer y determinados procesos neurodegenerativos. (En la web de la Asociación Española de Fabricantes de Zumos, ASOZUMOS).
  • Todos ellos [los aceites de oliva] son una fuente de ácidos grasos monoinsaturados, lo que los convierte en uno de los alimentos más sanos, imprescindibles en cualquier dieta saludable. (Tomado de la web de la Interprofesional del Aceite de Oliva Español).

Explotando el filón del nutricionismo

A pesar de estos alegatos y con la ciencia en la mano, lo único que se puede tachar de imprescindible en este terreno son los nutrientes (más en concreto los nutrientes esenciales) pero nunca los alimentos. La razón es muy clara: aunque es cierto que necesitamos incluir en nuestra dieta determinados nutrientes, estos se puede obtener de múltiples fuentes alimentarias, no solo de una. Por lo tanto, ningún alimento debiera tildarse de imprescindible, necesario, indispensable o insustituible. Me explico…

La mayor parte de los nutrientes, sean esenciales o no, se identificaron entre finales del siglo XIX y mediados del XX. En ese periodo se aislaron las principales vitaminas y se describieron sus funciones, al igual que en el caso de buena parte de los minerales, proteínas, hidratos de carbono y grasas. Desde entonces, pero con mayor incidencia en nuestros días, este conocimiento, el de su funcionalidad, ha sido empleado de forma torticera por buena parte de aquella industria alimentaria para tratar de embellecer una serie de productos malsanos siguiendo la estrategia que se conoce popularmente como nutricionismo. Para así lograrlo, en la lista de ingredientes de estos alimentos absolutamente prescindibles se incluyen una serie de vitaminas o minerales (por ejemplo el hierro en una pieza de bollería industrial) con el fin de hacernos creer que por tener dichos nutrientes clave el producto pasará a la categoría de “lo saludable”. Otro de los ejemplos clásicos de este tipo de prácticas es el de Campofrío, cuando en la publicidad de una de sus salchichas anunciaba como todo argumento de venta su contenido en fósforo y proteínas (en este enlace tienes un análisis pormenorizado de aquella campaña).

Sin embargo, el caso que nos ocupa es sensiblemente diferente, ya que los cuatro ejemplos del principio (leche, pan, zumos y aceite de oliva) no responden a la categoría de alimentos procesados (sé que esto es discutible, pero ese es otro debate). Más al contrario, se trata de alimentos que tienen incluso la consideración de “básicos” y en los que siempre hay un producto de referencia sin mayor adición de vitaminas y minerales que serían el pan, la leche y el zumo “a secas” y el aceite de oliva. Así, para justificar lo imprescindible de cada uno de estos alimentos en los correspondientes mensajes, se ejecuta un hábil juego de palabras que, aparentando ser lógico y basado en la esencia del nutricionismo, lo que consigue es burlarse de nuestra racionalidad. Y engañarnos, claro.

Este proceso consta habitualmente de 4 pasos necesarios:

1. Se parte del relato (más o menos) objetivo de las características nutricionales de cada uno de los productos. Es decir, los actores implicados en cada caso (normalmente una asociación de productores) nos informan de las vitaminas, minerales, proteínas y ácidos grasos esenciales que caracterizan de forma particular cada uno de sus alimentos.

2. A continuación, se describen con todo lujo de detalles los procesos metabólicos en los que están implicados esos nutrientes. Que si la vitamina o el mineral que sea sirve para esto o aquello, etcétera.

3. Un paso especialmente importante consiste en no dejar de citar todas aquellas enfermedades y calamidades que en el terreno de la salud pueden acontecer a aquellos que por la causa que sea terminen en una situación deficitaria por la falta de dichos nutrientes. Los casos más típicos son osteoporosis, falta de desarrollo de distintos órganos o sistemas, merma en la capacidad reproductiva, estreñimiento, cáncer, etcétera; las que en cada caso proceda por el incremento del riesgo de sufrir una deficiencia del nutriente en cuestión. En ocasiones, este truculento paso se suele solucionar diciendo que la no inclusión de suficiente cantidad del nutriente que sea en nuestra dieta derivará en el desarrollo de graves enfermedades.

4. Es el momento de la falacia lógica, que podría ser enunciada así: “Como el alimento X tiene el nutriente Y que sirve para la prevención de la enfermedad Z… si no tomas suficiente X, padecerás Z”. Olé, un triple salto mortal con tirabuzón.

No es ciencia ni salud, es publicidad

El famoso nutriente que se supone nos va a faltar se podrá encontrar con total seguridad en otro alimento o combinación de alimentos, por lo que su consumo evitará padecer la consabida enfermedad o deficiencia. Con lo cual, el alimento original deja de ser imprescindible y se convierte en otro alimento más. Como todos. Con sus características propias, pero no otras. Será entonces un patrón de alimentación suficientemente diversificado y racionalmente establecido en base a las mejores guías dietéticas el que nos propiciará vivir en las mejores condiciones de salud según nuestras características personales.

Quiero hacer especial hincapié en el tema de las guías porque no todas son válidas, o al menos no todas están libres de haber sufrido la influencia de los grupos de presión (lobbies) de los distintos alimentos. Tal cual lo reconoce y sin tapujos el conocido Libro blanco de la nutrición en España, donde se afirma que: “No debemos olvidar que el plato [en referencia a la actual guía alimentaria de EEUU], y anteriormente la pirámide [también en referencia a la de EEUU], son instrumentos políticoscuyo fin frecuentemente no es solamente promover la salud de los consumidores, sino las ventas de ciertas industrias. La industria de la carne y los lácteos son dos de las industrias más poderosas de Estados Unidos”.

No creo que merezca la pena comentar que lo que es válido en este terreno para EEUU lo es también para España, máxime cuando las guías de las que disfrutamos, las famosas pirámides patrias, son un calco de la americana, en la que prácticamente se copian palabra por palabra los mensajes.

Al mismo tiempo, este tipo de mensajes sobre lo imprescindible de ciertos alimentos, muchas veces se apoya en figuras de reconocido prestigio que terminan haciéndose portavoces del sector (¿gratuitamente?) ayudando a perpetuar el mensaje. El caso de la leche es especialmente significativo y se observa en “noticias” o en entrevistas publicadas a la sazón en las webs corporativas, pero los casos del pan y de los zumos que nos ocupan no se quedan atrás. Volviendo a la leche, resulta cuando menos significativo considerar el nombre elegido para uno de los órganos de difusión de FENIL en Internet: lacteosinsustituibles.es. Ahí queda eso.

De este modo, se reúnen ciertos profesionales de la nutrición que en muchas ocasiones terminan siendo autores de “libros blancos” (como este de los lácteos) o formando parte de campañas (como la reciente “Zumo de fruta, en serio”). Sobre el papel y según ellos mismos expresan, se trata de iniciativas que tienen como finalidad el informar de forma objetiva e imparcial sobre los beneficios del consumo de sus distintos productos. A mí, que soy muy raro, me resulta chocante que aquellos actores que tienen declarados conflictos de intereses en el asunto sean los encargados de trasladar una información objetiva e imparcial mediante campañas y libros blancos que implican de forma directa al objeto de su negocio.

Aún hay más

Lo observado con estos ejemplos se puede contrastar en cierta medida en otros sectores, principalmente el cárnico, de la mano de INTERPORC e INTERCUN, interprofesionales del porcino de capa blanca y del sector cunícula, respectivamente. Sin embargo en estos dos casos, y a diferencia de los anteriores, la comunicación publicitaria se hace de forma un poco más honesta. Por lo que tengo visto, en ningún momento se hace referencia a lo indispensable del alimento en sí, quedándose en la mera descripción de sus aportes nutricionales y mencionando las funciones fisiológicas de los respectivos nutrientes. Es decir, no se remata con el último punto de los 4 anteriormente citados, aludiendo a lo imprescindible de su producto. No obstante, sí que suelen apoyar sus campañas publicitarias en estudios científicos subvencionados, al tiempo que se da voz a determinados expertos para que estos pongan en alza las virtudes del producto en acciones en las que los conflictos de interés, siendo más que probables, no suelen darse a conocer al consumidor.

Lo que hay que saber

Lo diga quien lo diga y lo diga como lo diga, no te creas la existencia de alimentos imprescindibles, ni los que se atribuyan cualquier otra condición equivalente. Algunos nutrientes sí que lo son, entre ellos todos los minerales-nutriente y todas las vitaminas… y estos se pueden obtener a partir de un variado catálogo de alimentos (ninguno imprescindible per se, claro).

Por aquello de hacer buena la expresión de que la excepción confirma la regla, y siendo más o menos condescendientes con la expresión, sí que se podría hablar de “imprescindible” referido a un alimento. Y este sería en cierto sentido la leche materna para un lactante, a pesar de lo mucho que se pasa por alto esta característica. Hay que reconocer que realmente no es que sea “imprescindible” pero sí que es el único alimento del que se sabe a ciencia cierta que es el mejor en una etapa precisa del ciclo vital. Algo que no vuelve a ocurrir en ningún otro momento.

Sobre la leche y su importantísimo aporte de calcio, es preciso aclarar que a día de hoy existe un cuerpo de evidencia suficiente como para tener claro que se puede alcanzar unos niveles saludables con la inclusión de muchos otros alimentos y señalar que este mineral es tan solo una de las claves en la prevención de la osteoporosis. Así nos lo recuerdan desde la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard. Es más, en la guía dietética anteriormente citada, el mensaje con respecto a la “importancia” de los lácteos sobre la salud se centra más en limitar su consumo antes que en promocionarlo.

Con los zumos ocurre más de lo mismo. La mencionada guía alienta a su limitación y control antes que a fomentar su consumo. La razón es clara, se ha identificado a los zumos como un factor de riesgo frente a la obesidad, especialmente en niños. Y no es la única voz que se expresa en este sentido. Las principales autoridades sanitarias, incluida la propia OMS, invitan en este terreno al consumo de fruta, y desalientan el de zumos.

Con respecto al pan, no cabe duda, que se trata de un alimento ancestral y que puede desempeñar un papel destacado en algunos planteamientos dietéticos a la hora de aportar ciertos nutrientes. Pero pasa lo de siempre, que el estar o no incluido en la dieta habitual no tiene porqué ser signo inequívoco de la idoneidad de un patrón dietético.

Y con el aceite de oliva ocurre similar. Es cierto que en nuestro entorno este producto goza de una raigambre y de unos usos tradicionales sin los cuales nuestra gastronomía dejaría de ser la que es… ¿pero imprescindible?: nones.

Llegados hasta aquí, no es necesario que saques una imagen negativa de los alimentos aquí comentados, tan solo de las exageradas y falaces estrategias publicitarias de las que se suelen servir sus productores para promocionar sus productos. Eso sí.


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