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Alegaciones nutricionales de los alimentos Alimentos, dietas y nutrientes
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Las alegaciones nutricionales son mensajes que pueden aparecer en las etiquetas de los alimentos y también como reclamos publicitarios. En ellos se destaca una cualidad nutricional o beneficiosa para la salud derivada de un ingrediente o componente del alimento.

Para el consumidor puede ser una información engañosa, ya que la presencia de un nutriente o sustancia beneficiosos no impide la presencia de otros que no lo sean o, incluso, cuya ingesta sea perjudicial.

Reglamento 1924/2006: lo que dicen los alimentos

En diciembre de 2006, el Consejo de la UE aprobó una norma que exige que cualquier alegación nutricional o de salud que aparezca en las etiquetas de alimentos sea exacta, comprensible para el consumidor y basada en una evidencia aceptada por la comunidad científica. Se trata del Reglamento (CE) nº 1924/2006, relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables de los alimentos.

Los objetivos fundamentales eran, por una parte, garantizar un alto nivel de protección a los consumidores frente a las declaraciones de los alimentos que no tuvieran fundamento o que no fuesen veraces, y por otra, garantizar una competencia leal entre los fabricantes de alimentos, evitando que compitan en el mercado declaraciones científicamente demostradas con otras que no lo están. Este nuevo escenario cambió las reglas del juego y para obtener una alegación en un producto los fabricantes debían aportar los estudios científicos apropiados y, en particular, estudios en humanos que demostrasen la relación causa-efecto entre su consumo y un determinado efecto “relevante para la salud”, en los términos y condiciones en que se pretende promocionar y en la cantidad adecuada con una alimentación equilibrada.

Tras la promulgación del Reglamento en enero de 2007, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) se puso manos a la obra revisando alegación por alegación de las más de 44.000 presentadas. Esta evaluación ha tenido como resultado la autorización de 30 alegaciones nutricionales y de 463 alegaciones de propiedades saludables.

Alegaciones nutricionales y de salud

Hay que distinguir entre las alegaciones de salud y las nutricionales. Las últimas son más sencillas de evaluar, ya que, simplemente, se destaca el contenido de un nutriente (por ejemplo, “rico en fibra”) o su ausencia (por ejemplo, “sin grasas saturadas”). Los requisitos para poder llevarlas están bien definidos, por ejemplo, un alimento es rico en fibra si contiene más de 6 g por cada 100 g de producto o 3 g por cada 100 kcal aportadas.

Por el contrario, una alegación de salud relaciona la presencia de un determinado componente con un efecto positivo para el organismo. La normativa distingue 3 tipos: las relativas a funciones generales del cuerpo (digestión, funciones cognitivas, adelgazamiento), al desarrollo de los niños y las que afirman reducir el riesgo de padecer una enfermedad.

En cualquier caso, las alegaciones de salud que se han autorizado son, en su gran mayoría, aquellas que están ligadas a la función de una vitamina o mineral.

Se puede acceder en este enlace a la legislación en la que se recogen las alegaciones vigentes.

Hecha la alegación, hecha la trampa

A raíz de este Reglamento, muchos mensajes que aparecían en los envases de los alimentos quedaban desautorizados; por ejemplo, aquellos que relacionaban los probióticos con el confort intestinal, la flora intestinal o la respuesta inmune. Esto ha hecho que los fabricantes buscasen las tretas necesarias a través de mensajes subliminales para, aún dejando de usar las alegaciones escritas (y cumplir el Reglamento), el consumidor siga estableciendo el efecto de su producto sobre la salud.

A partir de entonces, los etiquetados se han llenado de asteriscos que refieren a una explicación de la alegación que nada tiene que ver con el mensaje escrito en grande en la parte frontal (la explicación suele encontrarse en la parte trasera del envase y con un tamaño de letra mucho más pequeño que el de la alegación). También aparecen dibujos o gráficos junto a un compuesto que sugieren un efecto de este nutriente.

Todos estos elementos funcionan en productos donde el halo de salud ya está implantado y el consumidor ya lo ha interiorizado. Por ejemplo, la relación de una bacteria láctica con el sistema inmunitario -ahora prohibida- se soluciona añadiendo vitamina B6, que sí tiene aprobada una alegación sobre el sistema inmune. Otros ejemplos son añadir fibra a un yogur para poder seguir diciendo que ayuda a la función digestiva o dar a entender que si queremos digestiones más ligeras tenemos que optar por productos sin lactosa, aunque no seamos intolerantes a este disacárido.

Finalmente, la legislación recoge que la aplicación de alegaciones en los alimentos quedarán supeditadas al cumplimiento de lo que se ha dado en llamar «perfiles nutricionales», esto es, las características que debe cumplir este alimento sobre su composición. El fin de todo esto es que no se puedan utilizar alegaciones sobre beneficios de un alimento cuando su perfil nutricional no cumple unos mínimos requisitos. Hasta la fecha seguimos esperando a que la Comisión Europea apruebe el documento de Perfil Nutricional elaborado por la EFSA, por lo que las alegaciones pueden aplicarse en la actualidad sin restricciones.

Una buena alimentación

Una dieta equilibrada y variada, que incluya todos los grupos de alimentos, aporta todos los nutrientes en cantidad suficiente para satisfacer nuestras necesidades.

Aunque el enriquecimiento de alimentos, en algunos casos, puede ser útil para reducir los problemas de deficiencia,  los nutrientes provienen mayoritariamente de la dieta habitual y no de alimentos enriquecidos o suplementados. Así lo atestiguan los estudios sobre la procedencia de los nutrientes realizados en la Unión Europea. Esto quiere decir que su contribución dentro de la dieta se puede calificar como superflua.

La decisión de enriquecimiento o reformulación de los alimentos es voluntaria por parte de la industria agroalimentaria. En muchas ocasiones, la iniciativa para “mejorar” la composición nutricional de un producto solo tiene fines comerciales. Sin embargo, idealmente, los alimentos funcionales se contemplaban como herramientas que podían contribuir a prevenir las denominadas enfermedades crónico-degenerativas más comunes.

Otro riesgo de los alimentos funcionales es que pueden modificar los hábitos alimentarios de algunos grupos de población, debido al mayor consumo de alimentos con ingredientes añadidos por sus supuestos efectos beneficiosos, dejando fuera de la dieta otros cuyo consumo puede resultar igualmente beneficioso, pero no están enriquecidos. Es decir, una alimentación funcional basada en el consumo de productos frescos.

En definitiva, lo ideal sería no tener que estar pendientes de las alegaciones de los alimentos. En primer lugar, porque eso significaría que nuestra dieta es rica en alimentos sin etiquetas (verduras, frutas, legumbres, carnes y pescados, etc.). En segundo lugar, porque el sistema de alegaciones no es una ayuda efectiva para el consumidor, ya que las alegaciones le pueden llevar a elegir un alimento «más saludable» cuando en realidad no lo sea. La EFSA y la Comisión Europea se lo deberían pensar.

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