Miomas uterinos: tumores benignos

Afortunadamente, y a pesar de los temores que su diagnóstico puede desencadenar, los miomas o fibromas uterinos son tumoraciones benignas que afectan a la salud de la mujer. Pueden ser únicos o múltiples, y afectan de hecho a gran cantidad de mujeres en edad fértil.

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Salud

La mayoría de miomas son asintomáticos

Son muchas las ocasiones que los miomas no se llegan a diagnosticar al no producir molestias: se estima que solo una de cada cuatro mujeres con miomas padecerán síntomas relacionados.

Cuando los síntomas aparecen, consisten sobre todo en alteraciones de la menstruación, tales como dolor menstrual o sangrado abundante, prolongado o irregular. Algunos de estos sangrados pueden desembocar en anemia. Síntomas menos habituales son la sensación de hinchazón abdominal o la necesidad de orinar con frecuencia, lo que repercute en el bienestar de la mujer. Esto último sucede sobre todo al estar en posición tumbada o recostada, cuando debido a su localización el mioma comprime la vejiga o el tracto urinario.

No es este el único síntoma que depende del lugar en el que se sitúa el mioma. Si se ha desarrollado cerca de la vagina o del cuello del útero, puede producir molestias durante el coito (la llamada, en lenguaje médico, “dispareunia”). Y si por el contrario crecen hacia el interior de la cavidad uterina pueden bloquear las trompas y causar problemas de fertilidad (incluso abortos de repetición).

Causas y factores de riesgo para el mioma

Se desconoce por qué las células musculares de la pared del útero proliferan y dan lugar a los miomas. Existe, y ello es indudable, cierta predisposición genética: el riesgo es mayor si existen antecedentes familiares. Y también hay cierta dependencia, sobre todo en la etapa fértil, de la acción de las hormonas sexuales, sobre todo de los estrógenos (de ahí que en su tratamiento se usen medicamentos de tipo hormonal).

Entre los principales factores de riesgo están:

  • La edad. Los miomas son más comunes a partir de los 30 años, aunque después de la menopausia tienden a reducir su tamaño e incluso pueden desaparecer espontáneamente.
  • La “menarquia precoz”, es decir, tener la primera menstruación antes de los diez años.
  • La dieta: no se sabe muy bien por qué, pero el consumo muy abundante de carne roja se ha asociado a un mayor riesgo de miomas.

Ahora bien, hay otros factores que podríamos llamar “protectores” y que parecen disminuir el riesgo de desarrollar miomas, como el haber tenido embarazos previos o llevar una dieta rica en frutas (cítricos, especialmente) y verduras.

Una curiosidad: las mujeres fumadoras, por causas que se desconocen, parecen también tener menos miomas. ¡Cuidado! Esto no debe servir, ni mucho menos, como justificación para mantener un hábito tan dañino para la salud. Dejar de fumar y tener un estilo de vida saludable siempre reportará beneficios para la salud.

Mioma: fácil de diagnosticar, no siempre fácil de tratar

El diagnóstico de los miomas suele ser sencillo. Ante la sospecha, el especialista evaluará el tamaño y la forma del útero y las estructuras circundantes mediante un examen ginecológico. La ecografía confirmará el diagnóstico. De hecho, en ocasiones el diagnóstico de los miomas será casual, es decir, debido a una prueba médica relacionada con otro problema de salud.

El tratamiento se adaptará al tamaño, número y localización concreta de los miomas, y sobre todo a los síntomas que producen. Si no hay síntomas, o si son mínimos -dolor menstrual ocasional que responda bien, por ejemplo, a antiinflamatorios no esteroideos como el ibuprofeno- lo más razonable suele ser esperar y observar. Es lo que en medicina se denomina “actitud expectante”, que en muchas ocasiones es lo más conveniente.

Cuando los síntomas son molestos o van a más puede recurrirse a terapias de tipo hormonal, incluyendo algunos anticonceptivos de uso común. Pero no siempre este tipo de tratamientos funcionan como sería deseable. En ciertos casos la cirugía será inevitable.

Incluso cuando se plantea una solución quirúrgica las alternativas son diversas. El tratamiento más radical es la extirpación del útero (la conocida histerectomía), que deberá valorarse en mujeres con sangrados muy abundantes que no responden a otras terapias menos agresivas y que ya no contemplan entre sus opciones vitales el tener hijos biológicos. También debe valorarse la histerectomía en mujeres con un riesgo  elevado de desarrollar otras enfermedades relacionadas con el útero.

Otra opción es la miomectomía o extirpación selectiva de los miomas, aplicable a aquellos casos en los que sí se desea preservar el útero. La embolización arterial es una tercera posibilidad. Consiste en bloquear el flujo de sangre al mioma para que “se encoja” y muera. Eso sí, no siempre la embolización evita el tener que recurrir finalmente a la extirpación.

De cualquier forma, no hay reglas fijas. El tratamiento (o el “no tratamiento”) debe escogerse siempre de común acuerdo con la mujer, y teniendo en cuenta las características de cada situación, que pueden ser muy variables.

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Los miomas uterinos son tumoraciones benignas que en ocasiones pueden causar síntomas y precisar de tratamiento. La mayoría pasan desapercibidos #Saludabit

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