Hepatitis, tipos y tratamiento

La hepatitis es considerada como uno de los mayores problemas de salud pública en el mundo. No en vano, las muertes causadas por hepatitis en 2015 llegaron a 1,3 millones en todo el mundo, lo que supone un número similar a las muertes causadas por tuberculosis y mayor que las causadas por el VIH.

hepatitis tipos y tratamiento

Salud

La hepatitis vírica es una infección del hígado que puede ser causada por 6 virus diferentes: A, B, C, D, E y G. Los diferentes agentes causantes de la enfermedad difieren en características biológicas, inmunológicas, patológicas y epidemiológicas.

En general, cuando la infección se manifiesta, los síntomas suelen ser fiebre, malestar general, fatiga, náuseas y vómitos, anorexia, ictericia (color amarillo de la piel) y molestias en la zona hepática. Ninguna de estas manifestaciones clínicas es suficientemente específica para permitir la identificación de la enfermedad y establecer un diagnóstico definitivo, por lo que habrá que recurrir a pruebas de laboratorio.

Hepatitis A

Es la inflamación del hígado causada por el virus de la hepatitis A (género Hepatovirus, familia Picornaviridae). Es responsable de numerosas epidemias resultado de contactos personales o agua y alimentos contaminados. Suele estar presente en regiones con condiciones sanitarias deficientes, aunque su distribución es universal. Representa una de las principales enfermedades en la población pediátrica.

Transmisión del virus de la hepatitis A

Se estima que es responsable del 20-25 % de los casos clínicos de hepatitis y es principalmente transmitido por vía oro-fecal. Sin embargo, también puede ser transmitido por vía parenteral, mediante el uso de jeringuillas compartidas, por contacto sexual y posiblemente por transmisión vertical (de madres a hijos).

En los niños más pequeños la infección con frecuencia pasa desapercibida, siendo, sin embargo, fuente de contagio para otros.

La mayor incidencia tiene lugar en niños que no han sido vacunados.

Identificación del virus de la hepatitis A

Los anticuerpos de tipo Inmunoglobulina M es el marcador serológico clásico para diagnosticar la infección clínicamente.

Síntomas específicos de la hepatitis A

Suele presentar un inicio abrupto con síntomas como fiebre, dolor de cabeza, vómitos y diarrea, anorexia, fatiga extrema, orina oscura, heces blanquecinas e ictericia.

Prevención y tratamiento de la hepatitis A

La hepatitis A se previene a través del saneamiento correcto del agua, el lavado de alimentos vegetales frescos y de las manos, y a través de la vacunación.

El calendario de vacunas en España no incluye la vacunación contra la hepatitis A. Sin embargo, sí está incluida en Cataluña y Ceuta y Melilla, en este último caso por la importante circulación del virus de origen africano.

También se recomienda la vacunación en algunos casos especiales:

  • Viajeros a países en los que exista riesgo elevado de infección (especialmente en África, América Central, Sudamérica y Asia).
  • Niños que residen en centros de acogida, internados, etc.
  • En caso de brotes de hepatitis A en guarderías, colegios u otras instituciones.
  • Niños con enfermedades que aumenten el riesgo de desarrollar hepatitis fulminante, como hepatitis B o C, o enfermedad hepática crónica de cualquier causa.
  • Niños que reciben productos derivados de la sangre (por hemofilia y otras enfermedades).

La enfermedad no tiene tratamiento y se suele curar por completo sin necesidad del mismo. Sin embargo, en algunos casos se produce un agravamiento en forma de hepatitis fulminante.

Hepatitis B

El virus de la hepatitis B es un virus con ADN encapsulado perteneciente a la familia de los Hepadnaviridae. Está distribuido por todo el mundo, destacando su implantación en zonas como la cuenca amazónica, el África subsahariana y algunas partes de Asia.

Se calcula que existen unos 350 millones de personas infectadas de manera crónica por el virus de la hepatitis B, con alto riesgo de enfermedad hepática grave y muerte por cirrosis o hepatocarcinoma. De este modo, la hepatitis B es responsable de cerca de un millón de muertes al año en todo el mundo.

Transmisión del virus de la hepatitis B

El contagio tiene lugar por medio de los diferentes fluidos infectados, principalmente la sangre, pero también el semen y la saliva. De este modo, las principales vías de transmisión son el contacto sexual, la exposición percutánea a sangre o a fluidos corporales infectados y la transmisión de madres a hijos, ya sea a nivel fetal o durante el parto.

La infección por el virus de la hepatitis B puede causar hepatitis aguda o crónica. La hepatitis aguda, se puede presentar como hepatitis fulminante en un 1-2 % de los casos. La hepatitis crónica puede dar lugar a la aparición de cirrosis y carcinoma hepatocelular, un tipo de cáncer que afecta al hígado.

Identificación del virus de la hepatitis B

A través del análisis de diferentes marcadores virales en sangre se hace posible determinar la etapa de infección, convalecencia y cronicidad del paciente en estudio, así como la respuesta a la vacunación, si esta ha tenido lugar.

Síntomas de la hepatitis B

La mayor parte de los afectados por la infección no experimentan síntomas durante la fase aguda, aunque algunas personas presentan un cuadro con síntomas típicos que duran varias semanas e incluyen ictericia, orina oscura, fatiga extrema, vómitos y dolor abdominal.

Prevención y tratamiento de la hepatitis B

El virus de la hepatitis B, junto con el virus del papiloma humano, es causa demostrada de cánceres prevenibles mediante vacunación. A nivel mundial, se estima que más de la mitad de los carcinomas hepatocelulares son debidos al virus de la hepatitis B.

De este modo, la prevención de la enfermedad se basa fundamentalmente en la inmunización, el manejo adecuado de la sangre, los fluidos corporales y los hemoderivados a nivel clínico, así como en las medidas que impidan la infección por vía sexual.

España, con una prevalencia de portadores del 1-2 %, se considera un país de prevalencia baja. En la actualidad, anualmente se declaran alrededor de 800 casos de hepatitis B. El periodo de mayor riesgo para la adquisición de la infección en nuestro país es el final de la adolescencia y los primeros años de la edad adulta.

En el calendario de vacunación español está incluida la vacuna de la hepatitis B. La vacunación establece 4 dosis, que pueden administrarse según las siguientes pautas: recién nacido, 2 meses, 4 meses y 11 meses de edad.

Hepatitis C

El virus de la hepatitis C es miembro de la familia de los Flaviviridae. Las variedades más comunes son los genotipos 1, 2 y 3. Se trata de un virus encapsulado. Las regiones del mundo con una mayor tasa de prevalencia incluyen Asia Central, el sudeste asiático y el norte de África.

Transmisión del virus de la hepatitis C

La transmisión se produce a través de la sangre u otros fluidos corporales contaminados. Por ello, las personas que tienen más riesgo de contraer la hepatitis C son las que comparten agujas para inyectarse drogas y, de forma accidental, los trabajadores sanitarios por pinchazos o heridas con material infectado. También es posible la transmisión debido a prácticas sexuales sin protección con una persona infectada, cuando se produce durante las mismas alguna herida o sangrado.

Es preciso tener cuidado con los centros de acupuntura y establecimientos donde se hacen tatuajes, piercing, etc., cuando no emplean material esterilizado.

De igual modo, es preferible no compartir cuchillas de afeitar o cepillos de dientes donde pueda haber restos de sangre de una persona infectada.

Durante el parto, el virus puede pasar de una madre infectada a su hijo.

Finalmente, el 20 % de las personas que presentan daños en el hígado causados por el consumo de alcohol resultan infectadas por el virus, sin que se conozca muy bien el mecanismo por el que sucede.

El riesgo de complicaciones es más alto en las personas que se han contagiado por una transfusión de sangre y en aquellos pacientes que presentan además otras infecciones virales (VIH o hepatitis B) u otros problemas de salud que afecten al hígado, como el alcoholismo.

Identificación del virus de la hepatitis C

Los protocolos actuales para el diagnóstico de la hepatitis C incluyen la detección de los anticuerpos anti-HCV y/o el ARN del virus en sangre. Este test es capaz de distinguir entre una infección pasada o una actual pero no discrimina entre aguda y crónica.

Síntomas de la hepatitis C

La infección es a menudo asintomática (85-90 % de los casos) y es más frecuente durante la edad adulta (de 30 a 50 años). De hecho, la mayoría de los diagnósticos se producen cuando la hepatitis ya es crónica.

Un 20-30 % de las personas infectadas se curan espontáneamente. Si bien la infección aguda pasa desapercibida en la mayoría de los casos, cuando aparecen síntomas lo hacen entre la semana 2 y la 12 tras el contagio. En caso de existir síntomas, estos suelen despistar por su escasa relación hepática: fatiga, náuseas, anorexia, dolor muscular y articular, debilidad y pérdida de peso. Sin embargo, también pueden aparecer los síntomas típicos de la hepatitis (ictericia, orina oscura, heces blanquecinas, etc.).

En España, las estimaciones hablan de unas 900.000 personas que en algún momento han estado infectadas por el virus de la hepatitis C.

Prevención y tratamiento de la hepatitis C

No existe vacuna alguna que ayude a tener las defensas preparadas en caso de contagio.

Tratamiento con antivirales

En los casos graves de la enfermedad, se recomienda el tratamiento farmacológico con antivirales, que debe iniciarse si se comprueba que el hígado ha comenzado su deterioro (aparece fibrosis) o cuando el diagnóstico se produce en una fase avanzada (la fibrosis ha desembocado en cirrosis o incluso hay más daños).

Existen varias opciones terapéuticas, como la combinación de los fármacos que llevan más tiempo en el mercado, los clásicos peginterferón-alfa acompañado de ribavirina. En el caso del genotipo 1, al tratamiento clásico puede asociarse un inhibidor de la proteasa (boceprevir o telaprevir).

La alternativa más reciente es combinar los nuevos sofosbuvir (Sovaldi) o daclatasvir (Daklinza) con ribavirina, o bien con un nuevo inhibidor de la proteasa, simeprevir (Olysio). El principal inconveniente de los nuevos fármacos es su elevado precio, si bien presentan menos efectos adversos conocidos. No se debe olvidar, sin embargo, que se trata de medicamentos nuevos, y podría aparecer en el futuro nuevos efectos secundarios y se impone la precaución a la hora de usarlos.

 

Tabla: Tipos de hepatitis y características diferenciales. 

*Necesita de la presencia del virus de la hepatitis B para una infección efectiva.

 

Hepatitis D

El virus de la hepatitis D pertenece al género Deltavirus y se compone de un genoma de ARN circular. Presenta la característica particular de requerir la presencia del virus de la hepatitis B para infectar las células hepáticas.

El virus de la hepatitis D se encuentra por todo el mundo, con una mayor prevalencia en países con bajo estatus socioeconómico de África, Sudamérica, además de Turquía, Mongolia, el sur de Italia y la antigua Unión soviética.

En el mundo hay aproximadamente 15 millones de personas con coinfección crónica por el VHD.

Transmisión del virus de la hepatitis D

Dado su vital asociación con el virus de la hepatitis B, la hepatitis D puede ser transmitida únicamente por medio de dos patrones diferenciados: coinfección y sobreinfección. La coinfección se define como la infección simultánea por el virus de la hepatitis B y el de la D, teniendo como resultado una hepatitis B aguda, junto con una hepatitis D también aguda. Por el contrario, la sobreinfección tiene lugar cuando se produce la infección por el virus de la hepatitis D en individuos que estaban infectados crónicamente por el virus de la hepatitis B.

Como sucede con la hepatitis B, la transmisión del virus de la hepatitis D puede producirse por vía sexual (semen o secreciones vaginales), a través de la sangre (uso de jeringuillas contaminadas, heridas y transfusiones) y durante el parto, si bien la transmisión de madre a hijo es rara.

Identificación del virus de la hepatitis D

La infección por el virus de la hepatitis D se diagnostica por la presencia de niveles elevados de inmunoglobulinas G y M anti-VHD, y se confirma por la detección de RNA del virus en el suero.

Síntomas de la hepatitis D

Los síntomas de la hepatitis D aguda son indistinguibles de los relacionados con otras hepatitis, aunque tienden a ser más severos. Tras la infección, y después de un período de incubación de unas 3-7 semanas caracterizado por una replicación activa del virus, aparecen síntomas inespecíficos como fatiga, anorexia, letargia y náuseas, con un aumento de las transaminasas ALT y AST.

En la hepatitis aguda, la infección simultánea por el virus de la hepatitis B y el de la D puede producir hepatitis de leve a grave, incluso fulminante, pero la recuperación suele ser total y la hepatitis D crónica es rara (menos del 5 % de los casos).

La sobreinfección por el virus de la hepatitis D acelera la progresión hacia la cirrosis, que aparece casi 10 años antes que en los casos de infección únicamente por el virus de la hepatitis B.

Prevención y tratamiento de la hepatitis D

La vacunación contra el virus de la hepatitis B previene la coinfección por el virus de la hepatitis D, por lo que la expansión de los programas de vacunación infantil contra la hepatitis B ha supuesto una reducción de la incidencia de la hepatitis D en todo el mundo.

No hay tratamiento específico para la infección aguda o crónica por el virus de la hepatitis D. Sin embargo, el peginterferón-alfa, indicado en casos de hepatitis C, puede ser efectivo en el tratamiento de la hepatitis D.

La prevención por medio de la vacunación contra la hepatitis B es la mejor forma de luchar contra la infección por el virus de la hepatitis D.

Hepatitis E

El virus que causa la hepatitis E es un virus ARN que pertenece a la familia de los Hepeviridae. Se conocen 4 serotipos diferentes que determinan dos patrones epidemiológicos distintos.

Se calcula que cada año hay unos 20 millones de casos de infección por el virus de la hepatitis E, que determinan más de 3 millones de casos sintomáticos de hepatitis.

La enfermedad es frecuente en países con escasos recursos y acceso limitado a servicios esenciales de suministro de agua y saneamiento. Suelen producirse brotes tras la contaminación fecal del suministro de agua de bebida.

Transmisión del virus de la hepatitis E

En zonas con deficiencia de higiene, los genotipos 1 y 2 del virus de la hepatitis E se transmiten entre humanos por vía oro-fecal, habitualmente por agua contaminada. De este modo, el virus se excreta en las heces de las personas infectadas y entra en el organismo humano por vía oral.

Los genotipos 3 y 4, más comunes en los países desarrollados, infectan tanto a humanos como a ciertos animales, existiendo una transmisión zoonótica desde reservorios animales (incluyendo cerdos, jabalíes y ciervos) a los que no causa la enfermedad pero pueden infectar ocasionalmente al ser humano.

Otras vías de transmisión menos relevantes pueden ser la ingestión de carne o productos cárnicos poco cocinados derivados de animales infectados, la transfusión de sangre infectada y la transmisión de la madre al feto. La ingestión de mariscos crudos o poco cocinados puede provocar la aparición de casos en zonas endémicas.

La evolución hacia casos crónicos puede ocurrir en el caso del genotipo 3, con pacientes inmunosuprimidos.

Una infección típica se inicia con un periodo de incubación que va de 2 semanas a 2 meses, con la aparición de virus en las heces y la desaparición de los virus en sangre cuando aparecen los síntomas.

Identificación del virus de la hepatitis E

La infección por el virus de la hepatitis E puede ser diagnosticado indirectamente mediante la detección de los anticuerpos específicos contra el virus, o directamente por medio de la detección de los genes víricos en la sangre o el resto de fluidos corporales.

El diagnóstico definitivo de la hepatitis E suele basarse en la detección en la sangre de anticuerpos IgM específicos contra este virus, prueba que suele ser suficiente en zonas donde la enfermedad es frecuente.

Síntomas de la hepatitis E

La infección suele ser autolimitada y se resuelve en 2-6 semanas.

Los síntomas agudos incluyen una fase inicial con fiebre, disminución del apetito, vómitos, dolor abdominal, erupciones cutáneas y dolor articular. También aparece ictericia, orina oscura y heces blanquecinas y hepatomegalia.

En raras ocasiones la hepatitis E aguda se convierte en una hepatitis fulminante.

Las embarazadas con hepatitis E presentan mayor riesgo de insuficiencia hepática y de muerte propia y del feto.

Prevención y tratamiento de la hepatitis E

No existe ningún tratamiento específico efectivo contra la hepatitis E aguda.

La prevención es la medida más eficaz contra la enfermedad, extremando la higiene en los sistemas de suministro de agua y adoptando prácticas higiénicas individuales como lavarse las manos antes de manipular alimentos y evitando beber agua de origen incierto.

Hepatitis G

El virus de la hepatitis G pertenece a los Flavivirus. La infección es muy común en todo el mundo, estimándose una incidencia global del 1,7 %. Se trata de un virus que sigue en investigación y está marcado por cierta controversia.

Transmisión del virus de la hepatitis G

El virus se transmite por vía parenteral (pacientes sometidos a múltiples transfusiones o compartir jeringuillas) aunque también puede hacerlo por vía sexual y de madre a hijo.

Identificación del virus de la hepatitis G

Se utiliza la identificación del ARN del virus en sangre para el diagnóstico. La particularidad del virus de la hepatitis G es que puede aparecer en el hígado a niveles bajos, incluso indetectables, detectándose en los linfocitos.

Síntomas de la hepatitis G

Todavía se discute sobre la patogenicidad del virus y la aparición de síntomas tras la infección. En cualquier caso, se trata de un virus que no produce una patología hepática considerable.

Prevención y tratamiento de la hepatitis G

En principio, por las características de la enfermedad, no se requiere la utilización de tratamiento. No existen vacunas disponibles.

 

Saber más 

- Encuentra un médico cercano con el Plan Saludabit Plus

- Calendario de vacunas en España. Biblioteca Saludabit

- VIH y SIDA: transmisión y etapas de la infección. Biblioteca Saludabit

- Vacunas: virus del papiloma humano. Blog Saludabit.

 

 

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La hepatitis vírica puede ser causada por diferentes tipos de virus que determinan infecciones y enfermedades distintas con un gravedad variable. La vía sexual, la oro-fecal y la sanguínea son las vías de infección más frecuentes. 

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