Enfermedad de Parkinson: tratamiento y últimos avances

La enfermedad de Parkinson es una enfermedad crónica progresiva y degenerativa del sistema nervioso central, la segunda en prevalencia solo por detrás del Alzheimer. Afecta a cerca del 1 % de la población que supera los 60 años de edad. En España la padecen más de 160.000 personas.

La enfermedad progresa hasta incapacitar al enfermo para llevar una vida independiente. Se manifiesta por primera vez entre los 55 y los 75 años de edad. Y es más común en los hombres que en las mujeres. El tratamiento con los fármacos disponibles es moderadamente exitoso, en cuanto a la reducción de lo síntomas, durante los primeros años. Posteriormente van perdiendo su eficacia y aparecen las complicaciones y los efectos adversos. La cirugía puede ser útil en casos específicos.

 

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Salud

Información práctica para tu día a día

 1. El párkinson es una enfermedad degenerativa del sistema nervioso central de causa desconocida.

 2. Lo habitual es que aparezca en edades tardías (55-75 años).

 3. Los síntomas principales son el temblor y la rigidez.

 4. El tratamiento farmacológico actual se centra en paliar los síntomas y no en revertir la enfermedad.

 

Causas del Parkinson

El riesgo de padecer Parkinson parece verse incrementado con una combinación de factores genéticos y ambientales. En este sentido, existen varias teorías acerca de su origen. Por un lado, existe cierta predisposición genética (un 15-20% de los afectados presentan antecedentes familiares). Por otro, los factores ambientales como la presencia de contaminantes también se postulan como posibles influencias negativas para su aparición. Sin embargo, la causa última de la enfermedad es una incógnita.

Síntomas de la enfermedad de Parkinson

Los síntomas característicos de la enfermedad son los relacionados con la función motora: la lentitud en los movimientos, la rigidez y el temblor en reposo. Para elaborar un diagnóstico de Parkinson se requieren, al menos, dos de ellos. Estos síntomas son debidos a la falta de dopamina en una zona determinada del cerebro: el estriado. La causa es que las neuronas encargadas de su fabricación mueren o degeneran.

Temblor

El temblor es el síntoma más característico, pero se trata de un tipo de temblor específico, temblor en reposo: más fuerte cuando la zona afectada está en reposo y más leve o ausente cuando está en movimiento. Además, el temblor desaparece durante el sueño.

Rigidez corporal

En algunos pacientes aparece la rigidez, pero no el temblor. La rigidez suele provocar dolores musculares y fatiga.

Lentitud de movimientos

La lentitud en los movimientos va en aumento a medida que la enfermedad progresa. Es un síntoma que va acompañado de una menor amplitud de movimientos o de dificultades para comenzarlos. Con el tiempo, todos los movimientos del cuerpo se ven afectados: la cara pierde expresividad y se pueden dar episodios de babeo y de menor parpadeo. El habla también se ve afectada en el tono, que se torna monótono, salpicado con tartamudeos. La escritura también se ve dificultada y al andar pueden llegar a detenerse de forma súbita.

Síntomas no motores

También se pueden presentar síntomas no relacionados con el movimiento, como los de carácter olfativo, el deterioro cognitivo, síntomas psiquiátricos, trastornos del sueño, dolor y fatiga.

Diagnóstico del Parkinson

La heterogeneidad en el inicio de la enfermedad y la variabilidad de síntomas presentes en cada individuo dificultan el diagnóstico de la enfermedad. A ello también contribuye el hecho de que no exista ningún marcador biológico o test por imagen que confirme el diagnóstico del párkinson.

Para el diagnóstico lo más útil es analizar los síntomas y realizar una exploración neurológica. Es importante que lo lleve a cabo un especialista en Neurología experimentado.

Descartar otras enfermedades

Otras enfermedades neurodegenerativas pueden tener síntomas similares a la enfermedad de Parkinson, por lo que es preciso descartarlas. Algunas de ellas son la demencia con cuerpos de Lewy o los infartos cerebrales múltiples. También el consumo de agentes antipsicóticos o medicamentos antimareos para ancianos como la fluranizina o la sulpirida pueden causar síntomas compatibles.

Evolución de la enfermedad de Parkinson

Puede darse mucha variabilidad entre unos pacientes y otros. Por lo general, hasta que los síntomas son incapacitantes pueden pasar entre 5 y 10 años.

Fase 1

Aparecen los primeros síntomas: temblor en reposo (que suele empezar en un lado), lentitud, cara más inexpresiva y voz monocorde. Algunos de ellos pueden estar aún ausentes o ser muy sutiles.

Fase 2

Síntomas ya más evidentes y en ambos lados el cuerpo. El caminar y la capacidad motriz están más afectadas.

Fase 3

Síntomas como la lentitud de movimientos y la inestabilidad postural llegan a ser incapacitantes para las tareas cotidianas.

Fase 4

Síntomas muy severos. Problemas de deglución. Se necesita asistencia.

Fase 5

Incapacidad para la movilización y deglución.

Tratamiento para el Parkinson

Los tratamientos disponibles se centran en combatir los síntomas de la enfermedad de Parkinson. Sin embargo, las investigaciones actuales contemplan posibles tratamientos que puedan detener el progreso de la enfermedad. La cirugía puede ser efectiva en casos específicos.

Tratamiento farmacológico

La degeneración de las neuronas dopaminérgicas y la resultante disminución en la actividad de la dopamina en el estriado es la clave de la disfunción motora. La mayoría de los fármacos hoy disponibles tienen como objetivo, precisamente, sustituir la dopamina deficitaria. Los más utilizados son la levodopa y los agonistas de la dopamina. Sin embargo, aunque son relativamente eficaces en los primeros años de tratamiento, esto no supone una solución de la enfermedad a largo plazo.

Precursores de la dopamina: levodopa

La levodopa se suministra por vía oral y el propio organismo la convierte en dopamina. Inicialmente produce una mejoría sintomática significativa, y pese a su antigüedad sigue siendo, en sus diversas presentaciones, un medicamento fundamental en el manejo de esta enfermedad. El problema es que su uso se asocia con el desarrollo de complicaciones motoras después de unos años.

Agonistas de la dopamina

Los agonistas de la dopamina son moléculas que estimulan los receptores de la dopamina, simulando en cierta manera los efectos de esta. Se pueden utilizar en lugar de la levodopa en pacientes con párkinson diagnosticado en sus primeras fases, y también pueden combinarse con la propia levodopa. Entre ellos están el ropinirol, el pramipexol o la rotigotina (esta última se administra en forma de parche transdérmico).

Aunque se trata de fármacos útiles en el tratamiento sintomático, no están exentos de efectos adversos como náuseas, trastornos del sueño y anorexia. Por otra parte, con el paso del tiempo pierden eficacia, ya que los receptores de la dopamina cada vez se hacen más insensibles. 

Otros fármacos que actúan sobre la dopamina

Aunque la levodopa y los agonistas dopaminérgicos constituyen el pilar del tratamiento farmacológico del párkinson, hay otros fármacos que actúan sobre el metabolismo de la dopamina y pueden resultar útiles.

Selegilina y rasagilina, por ejemplo, son inhibidores de la monoamino-oxidasa B, una enzima implicada en la degradación de la dopamina. De esta forma, aumentan su concentración en el cerebro, lo que puede contribuir a mejorar los síntomas motores.

Otros fármacos, como los inhidores de la catecol-o-metil transferasa (también implicada en la degradación de la dopamina) se administran junto con levodopa para mejorar la respuesta a esta, que mantiene así un efecto más prolongado.

Otros medicamentos

Los anticolinérgicos no actúan directamente en el sistema dopaminérgico, pero modulan la actividad de la acetilcolina, que está involucrada en la regulación del movimiento y puede tener un impacto beneficioso frente al temblor.

Puede ser necesario, además, tratar otros síntomas asociados al párkinson, como por ejemplo las alucinaciones o los trastornos de conducta en aquellos casos en los que tiene lugar la demencia. A veces, este tratamiento puede agravar los síntomas motores: de ahí la importancia de un manejo especializado por neurólogos que conozcan bien esta enfermedad.

Medicamentos actualmente en experimentación

En la actualidad existen diversidad de fármacos que están siendo estudiados por su posible efectividad en el tratamiento sintomático del párkinson. El área más activa de la investigación clínica sigue siendo el de la modulación de la dopamina. Otras opciones de inhibidores de la MAO-B también continúan en estudio.

Por otro lado, se han propuesto otras vías de investigación como los moduladores del GABA (gamma-aminobutiric acid), un neurotransmisor que puede tener un impacto sobre la función motora.

Fármacos no asintomáticos

Frente a la realidad de los fármacos comercializados hasta la fecha, cuyo principal objetivo es luchar contra los síntomas de la enfermedad, en la actualidad muchas de las investigaciones en curso tienen como objetivo ralentizar o parar la progresión de la enfermedad. Entre ellos, se cuentan moléculas cuyo objetivo es bloquear los agregados proteicos anormales que se forman en el cerebro (cuerpos de Lewy) durante el transcurso de la enfermedad o vacunas para activar al sistema inmune con el mismo fin. Se trata, no obstante, de estrategias que aún tardarán años en ver sus frutos.

Por otro lado, estudios de observación llevados a cabo recientemente señalan la posible disminución en el riesgo de contraer la enfermedad en pacientes diabéticos en tratamiento con glitazona. En el futuro se verá si existe una relación causal entre el fármaco antidiabético y el párkinson.

Cirugía

La estimulación cerebral profunda es un método quirúrgico consistente en la implantación de un dispositivo que envía impulsos a zonas específicas cerebrales. Está indicada en pacientes que presentan serias complicaciones motoras, que hayan respondido a la levodopa y no presentan problemas mentales significativos como depresión o demencia. Para algunos pacientes pueden suponer una gran mejoría en los síntomas, cuando el temblor es el síntoma principal.

La importancia de una atención integral

En la enfermedad de Parkinson, una vez hecho el diagnóstico, debe existir un seguimiento especializado e individualizado de cada paciente por su neurólogo. Es necesario además un abordaje integral del tratamiento que incluya fisioterapia, rehabilitación, logopedia, terapia ocupacional, tratamiento de las complicaciones y, cuando sea necesario, cuidados paliativos. Y en aquellos casos muy concretos que puedan beneficiarse del mismo, acceso al tratamiento quirúrgico sin demoras injustificadas.

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El Parkinson es una enfermedad crónica degenerativa que llega a ser invalidante. Los tratamientos actuales luchan contra los síntomas pero no detienen la enfermedad

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