Técnicas de diagnóstico: TAC craneal

La tomografía axial computerizada (TAC), tomografía computerizada (TC) o, simplemente “escáner” para muchas personas que no controlan el lenguaje médico, es una prueba de diagnóstico por imagen que utiliza rayos X, como las radiografías convencionales.

El TAC craneal o de la cabeza utiliza un equipo especial de rayos X para identificar lesiones en esta zona anatómica como aneurismas, hemorragias, derrames y tumores cerebrales. También puede servir de ayuda a la hora de evaluar las diferentes zonas faciales o para planificar el tratamiento con radioterapia para combatir tumores cerebrales.

 

TAC craneal

Salud

En una radiografía convencional los rayos simplemente atraviesan el cuerpo e impresionan una película fotográfica, dándonos una única imagen de frente o de perfil en la que superponen los diversos planos. En el TAC, sin embargo, la información es procesada por un ordenador, permitiendo obtener cortes o secciones transversales del organismo. Al coste, eso sí, de que nuestro organismo reciba mayores dosis de radiación.

El desarrollo del TAC revolucionó de tal forma el diagnóstico de enfermedades por la imagen y tuvo tal impacto en la historia de la Medicina, que sus impulsores, Allan M. Cormack y Godfrey N. Hounsfield, recibieron el Premio Nobel en 1979. Mediante el TAC se pueden detectar tumores, hemorragias, trombosis… y muchos otros procesos que las radiografías convencionales no permiten. Las imágenes obtenidas pueden servir de referencia también durante una posible recogida de tejidos para su análisis.

En qué consiste un TAC

Una fuente emite, desde diferentes puntos, haces de rayos X que atraviesan distintas áreas del organismo, a medida que avanza la superficie móvil donde está tumbado el paciente. La cantidad de radiación que consigue atravesar los órganos es medida en diferentes puntos por pequeños instrumentos, conocidos como detectores. A través de un ordenador, la intensidad de la radiación medida es transformada en imágenes digitales (que pueden verse en una pantalla o imprimirse).  

De esta forma, el TAC permite obtener perspectivas transversales sucesivas, como si fuesen cortes del cuerpo a modo de “rodajas de un salchichón”. Este sistema es mucho más sensible que la radiografía clásica a la hora de diferenciar los órganos internos.

Respecto a cómo se ven las imágenes, simplificándolo mucho, puede decirse que cuanto más fácil les resulta a los rayos X atravesar el tejido del organismo, que absorbe así menos radiación, más próximo al negro es el color que aparece en la prueba. Al igual que sucede en la radiografía, los huesos aparecen en blanco y el aire en negro. Sin embargo, un TAC puede mostrar diferencias mucho más pequeñas en la densidad y en la composición de los tejidos, lo que se traduce en un gran número de grados diferentes de gris.

En ocasiones, puede ser necesaria la utilización de productos de contraste para ayudar a distinguir determinadas estructuras y obtener, así, un diagnóstico más fiable y riguroso. El contraste puede administrarse por vía oral y/o inyectarse en una vena. En el primer caso, las estructuras digestivas (estómago, duodeno, intestino delgado e intestino grueso) aparecen en blanco, lo que permite diagnosticar mejor no sólo su morfología, sino también la de las estructuras adyacentes.

En el segundo caso, el contraste realza sobre todo las estructuras vasculares (los vasos sanguíneos). Esto es importante en la mayoría de los TAC del cuello, abdominales, pélvicos, pulmonares y cerebrales, sobre todo cuando se buscan lesiones tumorales.

Un tipo especial de TAC es el llamado TAC helicoidal. En esta modalidad, la fuente de rayos X gira en espiral alrededor del paciente. La ventaja tiene que ver con las características de la propia imagen, pues confiere volumen a las estructuras u órganos que se van a estudiar. Aparte de eso, la imagen tridimensional puede filmarse en el espacio y trabajarse para suprimir estructuras sin interés, que se sobreponen a las que se pretende visualizar. Ello permite estudiar mejor, por ejemplo, las estructuras vasculares.

Preparativos y medidas antes, durante y después de un TAC

Por lo general, el TAC no exige especial preparación. En el caso de que sea necesario el uso de productos de contraste sí que puede ser recomendable estar en ayunas desde dos o tres horas antes, pero en cualquier caso, se deberán seguir las instrucciones específicas para cada tipo de prueba.

Dado que la inmovilidad es un requisito esencial, en el caso de personas muy nerviosas o de niños inquietos, el médico puede decidir administrarles un tranquilizante.

Condiciones en las que se lleva a cabo el TAC

El paciente se tumba en una mesa, que se desliza hacia dentro del aparato donde van a captarse las imágenes. En el momento exacto de la captación, que dura entre uno y dos segundos, el paciente debe permanecer totalmente inmóvil y contener la respiración (salvo que se trate de un TAC craneal o de uno de las extremidades). Cuanto más inmóvil se mantenga el paciente, mejores serán las imágenes.

La prueba es relativamente ruidosa, aunque menos que la resonancia magnética. En los aparatos modernos, la captación de imágenes ya no se hace en un túnel, sino en una especie de aro. De esta forma, las situaciones de claustrofobia que se pudieran producir son testimoniales.

La duración total de la prueba es variable, según sea su finalidad y extensión. Puede oscilar entre unos pocos minutos y la media hora. Todo depende del número de imágenes transversales que haya que hacer y de la zona que haya que examinar.

Riesgos y precauciones del TAC

Al utilizar rayos X, esta prueba no debe realizarse en mujeres encinta, especialmente en los primeros meses de embarazo.

De hecho, como sucede con cualquier prueba diagnóstica que implica el uso de radiaciones ionizantes (con el consiguiente riesgo a largo plazo de cáncer), la realización de un TAC debe limitarse a lo estrictamente necesario. Y la realidad no es esa: estudios americanos muestran que entre un 20 y un 50% de los TAC que se llevan a cabo hoy día en la práctica médica habitual son en realidad innecesarios, y hay razones para pensar que la situación en nuestro país no es muy distinta.

Más allá de las radiaciones, los productos de contraste pueden causar reacciones alérgicas, si bien por lo general se trata de situaciones poco frecuentes y normalmente sin gravedad. Por ello, es preciso comunicar siempre al médico la existencia de antecedentes alérgicos. En el caso de personas con antecedentes de asma, alergia a medicamentos o alergias alimentarias graves, deberá valorarse con especial prudencia su uso.

Utilidad práctica del TAC

Entre otros, el TAC puede servir para:

  • Estudiar la columna vertebral y los elementos nerviosos protegidos por las vértebras.
  • Estudiar fracturas.
  • Examinar el corazón, los vasos sanguíneos, los pulmones, el hígado, los riñones, etc.
  • Determinar si un tumor es localizado o ya se ha extendido a otros órganos como el hígado, el pulmón o los ganglios linfáticos.
  • Evaluar la evolución de la enfermedad cancerosa y la respuesta al tratamiento.
  • Tras haber sido detectada una lesión sospechada, puede servir de soporte a una posible biopsia (recogida de un fragmento del tejido).

Usos del TAC craneal

La exploración de la cabeza por medio del TAC es útil para, entre otras acciones:

  • Detectar hemorragias, lesiones cerebrales y fracturas de cráneo.
  • Detectar aneurismas en pacientes con dolores agudos de cabeza.
  • Detectar coágulos o hemorragias dentro del cerebro en pacientes con síntomas de ictus o derrame cerebral.
  • Detectar tumores cerebrales.
  • Detectar enfermedades o malformaciones del cráneo.
  • Evaluar el daño óseo y de otros tejidos en pacientes con traumatismo facial.
  • Planear el tratamiento con radiación para combatir el cáncer cerebral o en otros tejidos.
  • Planificar el paso de la aguja para la obtención de biopsias cerebrales y de otros tejidos.

Saber más

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- Técnicas de diagnóstico: resonancia magnética. Biblioteca Saludabit

- Migraña. Biblioteca Saludabit

 

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El TAC es una técnica de diagnóstico por la imagen que utiliza rayos X para lograr una imagen pormenorizada de una sección anatómica. En la cabeza puede ser útil para localizar tumores y problemas vasculares

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