Psoriasis, tipos y tratamientos

La psoriasis es una de las enfermedades de la piel más frecuentes. La padece el 2% de la población mundial (se calcula que en España hay cerca de un millón de personas afectadas). Tiene una fuerte predisposición genética y, aunque puede aparecer a cualquier edad, suele debutar entre los 15 y los 35 años. Es raro, aunque no imposible, que aparezca durante la infancia.

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Salud

Qué es la psoriasis

La psoriasis se caracteriza por la aparición de áreas de enrojecimiento y descamación de la piel, sobre todo en las zonas de extensión de las extremidades (como codos y rodillas) y en el cuero cabelludo. En un porcentaje apreciable de casos se acompaña además de afectación de las articulaciones.

Es importante destacar que, aun siendo una enfermedad crónica cuya causa no se conoce por completo, se puede tratar de manera efectiva.   

Causas de la psoriasis: genética y sistema inmunitario

Ante todo, hay que saber que la psoriasis no es una enfermedad contagiosa ni transmisible. Y su aparición no se puede prevenir. En este sentido, aunque es conveniente mantener una adecuada hidratación de la piel, las lesiones de la psoriasis en la piel no se deben propiamente a la sequedad, como se pudiera pensar por su aspecto descamativo.

Lo que ocurre realmente en la psoriasis es que la renovación natural de la piel se produce mucho más rápido de lo normal. La piel tarda de 21 a 28 días en regenerarse por completo. Un proceso que se produce de manera imperceptible. Sin embargo, en las personas con psoriasis este proceso se ve acelerado, completándose en 6 u 8 días. Las células generadas en este ciclo llegan inmaduras a la capa más superficial y se convierten en placas enrojecidas cubiertas de escamas blanquecinas o plateadas.

Aunque el mecanismo no se conoce por completo, se sabe que el sistema inmunitario está implicado de alguna manera en el proceso. Además hay una importante predisposición genética: alrededor de un tercio de las personas que sufren de psoriasis tienen algún familiar cercano afectado.

Factores desencadenantes de la psoriasis

Existen factores desencadenantes que, aunque no son la causa de la psoriasis, a menudo contribuyen a que la enfermedad empeore. Cualquier tipo de agresión a la piel (cortes, rasguños, picaduras, quemaduras, rozaduras mantenidas, etc.) puede favorecer el desarrollo de placas en el área afectada. Los periodos de estrés son otro factor desencadenante que casi todas las personas afectadas reconocen. Otros factores son el abuso del alcohol y del tabaco, algunos medicamentos (litio, antipalúdicos, antiinflamatorios...), alteraciones hormonales, la menstruación o la menopausia en el caso de la mujer, etc.

Diagnóstico y manifestaciones de la psoriasis

En general, para diagnosticar la psoriasis, al dermatólogo suele bastarle con observar el aspecto de la piel y hacer una buena historia clínica.

Por lo que se refiere a su impacto, este es muy variable, dependiendo del grado de extensión de las lesiones de la piel y de la existencia o no de manifestaciones extracutáneas. Alrededor de un 10% de los pacientes sufren la llamada “artropatía psoriásica”, un tipo especial de artritis. Es más raro que la enfermedad afecte a otros sistemas corporales, como el aparato digestivo.

Algunos estudios han detectado además un mayor riesgo de problemas cardiovasculares en las personas que padecen psoriasis, sin que la causa esté clara. La psoriasis, por último, se ha identificado como factor de riesgo de trombosis venosa (especialmente en los casos más graves).

En la mayoría de los casos, las personas con psoriasis no ven afectadas sus vidas de una manera determinante. Sin embargo, su impacto puede ser grande en algunos casos y provocar un deterioro significativo de la calidad de vida. Especial atención merecen las personas con grandes extensiones de piel visible afectada, ya que esto puede repercutir en su estado emocional e incrementar el riesgo de aislamiento social.

Tipos de psoriasis

Según el tipo y distribución de las lesiones, pueden distinguirse varios tipos de psoriasis que, además, pueden solaparse:

  • Psoriasis en placas. Se caracteriza por la presencia de placas de piel enrojecida cubierta de escamas blanquecinas o plateadas, con tendencia al agrietamiento si se arañan o se tira de las escamas. En muchas personas se acompañan de picor o escozor. Es más frecuente en las zonas de extensión (codos, rodillas, zona lumbar) aunque puede aparecer en cualquier zona.
  • Psoriasis del cuero cabelludo. Similar a la psoriasis en placas, pero en el cuero cabelludo.
  • Psoriasis ungueal. Afecta principalmente a las uñas, que se endurecen, engruesan y cuartean.

En realidad es muy frecuente que estas tres formas, las más comunes, se combinen entre sí. Pero hay otros tipos de psoriasis menos frecuentes:

  • Psoriasis guttata o psoriasis en gotas. Las lesiones son pequeñas erupciones en forma de gotas que aparecen sobre todo en el torso, brazos y piernas.
  • Psoriasis inversa o de las flexuras. Aparece en las partes del cuerpo que se flexionan (axilas, ingles, debajo de las mamas…) como una zona de piel roja sujeta al roce y la transpiración. Suele picar más que las otras formas.
  • Psoriasis eritrodérmica. Se trata de la forma más grave. Alcanza hasta casi el 100% de la superficie corporal. Puede ser desencadenada por la toma de ciertos medicamentos o aparecer tras la retirada brusca de corticoides orales.
  • Psoriasis pustulosa. Se presenta con focos de psoriasis con granitos de aspecto purulento.

Tratamiento de la psoriasis

La psoriasis no tiene cura. Se trata de una enfermedad con la que hay que convivir toda la vida, con periodos de mejoría y empeoramiento. Lo importante es que el tratamiento para la psoriasis puede reducir los síntomas y conseguir periodos de remisión bastante duraderos.

Tratamientos tópicos para la psoriasis

Son los más habituales. Son aplicados directamente sobre la piel:

  • Emolientes. De tacto graso, hidratan y suavizan la piel, contribuyen a eliminar las escamas y mejoran así la apariencia de las lesiones, aunque apenas favorecen su reducción. Como contrapartida, necesitan ser aplicados con frecuencia para apreciar sus efectos.
  • Corticoides tópicos. Mejoran visiblemente las lesiones en pocos días. Su gran inconveniente es que no pueden mantenerse como tratamiento a largo plazo, ya que producen atrofia de la piel y, en algunos casos, agravamiento de rebote al retirarlos. Cuidado si se usan en superficies muy extensas: pueden absorberse.
  • Derivados de la vitamina D (calcipotriol, calcitriol, tacalcitol). A diferencia de los corticoides (con los que pueden combinarse) sí pueden usarse a largo plazo: no causan atrofia ni efecto rebote, aunque pueden producir irritación y fotosensibilidad. Si se aplican sobre superficies extensas, también pueden absorberse y afectar al metabolismo del calcio.
  • Ácido salicílico. Es eficaz contra la descamación y no causa atrofia ni efecto rebote. Pero el efecto se limita prácticamente a la descamación. Irrita la piel y tampoco debe usarse en superficies muy extensas.
  • Preparados a base de brea de hulla. Mejoran las lesiones y pueden combinarse fácilmente con otros tratamientos. No causan atrofia ni efecto rebote. Sus inconvenientes se centran en su olor algo desagradable y que manchan la ropa. Puede causar irritación y foliculitis.
  • Ditranol (o antralina). No causa atrofia de la piel ni efecto rebote. Inconvenientes: es muy irritante. Además, tiñe la ropa, la piel y el pelo. Se usa en periodos cortos y en el hospital (aplicación muy controlada para no producir lesiones de la piel).
  • Tazaroteno. Es un retinoide de uso tópico que no causa atrofia de la piel ni efecto rebote, pero que es también irritante. No debe aplicarse en más del 10% de la superficie cutánea. Está contraindicado en embarazadas y mujeres lactantes.

Otros tratamientos para la psoriasis

Además de los tratamientos tópicos, existen otras alternativas, muy útiles en ciertos casos.

Es el caso de la fototerapia, por ejemplo, con unos efectos que mejoran visiblemente las lesiones de la piel. Puede tratarse de radiación ultravioleta sola o con administración oral de una sustancia llamada psoraleno, que sensibiliza el cuerpo ante los rayos UVA. Es la “puvaterapia”, que se reserva a los casos más severos.

También se pueden administrar medicamentos por vía oral o inyectados. Son fármacos muy específicos, que se utilizan solo cuando fallan las estrategias anteriores. Hoy día se dispone de agentes biológicos, moléculas obtenidas por ingeniería genética que bloquean de forma selectiva la actividad de sustancias que regulan la inflamación y la respuesta inmunitaria.

Algunos suplementos nutricionales, como el aceite de pescado rico en omega 3, han mostrado propiciar un limitado grado de mejoría en pacientes con psoriasis, según se recoge en algunos estudios

En cuanto a las terapias alternativas, ninguna ha logrado demostrar su eficacia con la psoriasis. Eso sí, todas las técnicas que contribuyen a mejorar el bienestar general, como la relajación o la meditación, pueden tener un efecto favorable en el estado psicológico de la persona y, por tanto, contribuir a su mejoría.

Saber más

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La psoriasis es una enfermedad incurable que afecta principalmente a la piel. Los tratamientos tópicos pueden ayudar al control sintomático #Saludabit

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