Tipos de anemia y sus causas

La definición de anemia se corresponde con la disminución fisiológica de hemoglobina en sangre, la molécula encargada de llevar el óxigeno a las células. Por ello, uno de sus principales síntomas es el cansancio y la debilidad. La anemia más frecuente es la causada por la carencia de hierro, por lo que se puede identificar con un simple análisis de sangre

Salud

Qué es la anemia

La anemia se define como la disminución del contenido de hemoglobina de la sangre. La hemoglobina es un pigmento contenido en los glóbulos rojos, que le da a la sangre su color característico, aunque su importancia radica en realidad en que es la molécula que transporta el oxígeno desde los pulmones hacia el resto de los tejidos del cuerpo.

Diagnóstico de la anemia: niveles normales de hemoglobina

La concentración normal de hemoglobina es de 16 gramos por decilitro (g/dl) en hombres y de 14 g/dl en mujeres, con un intervalo de variación posible de 2 g/dl arriba o abajo. Se considera, por tanto, que existe anemia por debajo de 14 g/dl (en hombres) o de 12 g/dl (en mujeres), aunque estas cifras deben considerarse como orientativas y valorarse en el contexto de cada persona. En niños y embarazadas, de hecho, los niveles de hemoglobina normales pueden ser algo más bajos.

Síntomas de la anemia, a veces poco evidentes

La anemia no siempre se manifiesta con síntomas claros. A veces, un análisis de sangre rutinario la detecta sin que el paciente haya notado ningún síntoma.

Solo en caso de que la hemoglobina disminuya de forma importante aparece el cansancio, palpitaciones, dificultad respiratoria al realizar un esfuerzo, mareos y, en ocasiones, dolores de cabeza. Y en las personas mayores o con problemas cardíacos puede dar síntomas similares a los de una angina de pecho (la hemoglobina, no lo olvidemos, es la encargada de transportar el oxígeno a los tejidos).

Por otro lado, la creencia popular de que la anemia va siempre asociada a palidez solo se cumple en casos extremos.

Causas de la anemia

La anemia no es, propiamente, una enfermedad, ni el término “anemia” a secas debe utilizarse como diagnóstico. Se trata de una manifestación de diferentes procesos y enfermedades, de muy diferente trascendencia:

  • Anemia posthemorrágica. Es la más evidente. Se produce como consecuencia de una pérdida de sangre ocasionada por una hemorragia. Se trata de una situación de extrema urgencia, que se manifiesta habitualmente en forma de shock.
  • Anemia ferropénica. Es la más frecuente, y se debe a una carencia de hierro, ya sea por una ingesta insuficiente, una malabsorción intestinal o una pérdida insidiosa de sangre (lo que puede ocurrir en mujeres que presentan menstruaciones abundantes o en algunos procesos digestivos como la úlcera gastroduodenal o el cáncer de colon). Hay que tener en cuenta, en este sentido, que hasta el 60% del hierro de nuestro cuerpo forma parte de la hemoglobina. El resto se encuentra en el hígado, en los músculos, en la médula ósea y en el bazo, auténticos depósitos de este mineral de los que el cuerpo echa mano en caso de no estar cubiertas las necesidades con la alimentación. La anemia ferropénica es la más habitual de las llamadas “anemias microcíticas”, es decir, aquellas en las que el tamaño de los glóbulos rojos es más pequeño de lo normal.
  • Anemia por déficit de vitaminas. Se debe a una carencia de vitamina B12, de ácido fólico (vitamina B9), o de ambas. La vitamina B12 se encuentra exclusivamente en alimentos de origen animal, como la carne, el pescado, los huevos y los productos lácteos. Su carencia puede ocurrir en sujetos que presentan determinados problemas digestivos que tienen como consecuencia un déficit de su absorción (como la denominada “anemia perniciosa”). También puede ocurrir en personas veganas (que no consumen ningún tipo de alimento de origen animal, incluyendo lácteos y huevos) que no se preocupan de tomar suplementos de dicha vitamina. Las necesidades diarias de vitamina B12, en cualquier caso, son bajas, por lo que pueden pasar años hasta que aparezca la anemia. Por lo que se refiere al ácido fólico, este se encuentra principalmente en las verduras de hoja verde, las legumbres y las frutas (aunque la cocción prolongada lo destruye) y, al igual que el hierro, se absorbe en la primera porción del intestino delgado. Su carencia puede deberse a una ingesta insuficiente o a una malabsorción intestinal. A diferencia de la anemia ferropénica, las anemias por déficit de B12 o ácido fólico son anemias “megaloblásticas”: los glóbulos rojos tienen, en este caso, un tamaño mayor de lo normal.
  • Anemias hemolíticas. Se deben a una destrucción acelerada de los glóbulos rojos, bien por un hiperesplenismo (aumento de tamaño del bazo, órgano encargado de destruir los glóbulos rojos envejecidos), por una causa autoinmune o por un defecto en la constitución de los glóbulos rojos, que hace que sean más vulnerables, como sucede en ciertas anemias hereditarias (como la talasemia, la anemia falciforme y otras).
  • Otros tipos de anemia. Son muchos otros los procesos que pueden acompañarse también de anemia. Las leucemias, la disminución de la producción de glóbulos rojos por la médula ósea (hipoplasia medular), la insuficiencia renal o diversas enfermedades crónicas, son algunos de ellos.

Prevención de la anemia a través de la alimentación

Se puede decir que, hasta cierto punto, se puede prevenir la anemia a través de la alimentación. Aunque en nuestro medio no suele alcanzar niveles preocupantes, la anemia por deficiencia de hierro no es infrecuente en ciertos colectivos, como mujeres en edad fértil, personas que siguen una dieta de adelgazamiento, embarazadas o personas mayores. Las carencias en ácido fólico y/o vitamina B12 pueden ser también responsables, pero en mucha menor medida.

Solo en esos casos, tiene sentido hablar de “prevenir con la alimentación”. En caso de existir anemia, aunque se disfrute de una buena alimentación, ya no hablamos de prevención, sino de tratamiento de un problema de base, en el cual se haría uso del hierro, de la vitamina B12 o del ácido fólico como medicamentos. En este sentido, habría que abordar el problema de base responsable en último término de la anemia, si es el caso (si hay una úlcera, por ejemplo, habrá que tratar también esta).

El hierro en la alimentación

Por lo que se refiere al hierro que nos llega a través de los alimentos, puede estar de dos formas diferentes: el hierro hemo, presente en productos de origen animal (carnes, pescados y aves), y el hierro no hemo, que se encuentra en los alimentos de origen vegetal, los huevos, la leche y las sales minerales. La forma hemo es la que se absorbe más fácilmente.

Los alimentos de origen animal y las vitaminas C y D potencian la absorción de hierro. Por contra, la fibra insoluble (por ejemplo, la presente en la cubierta de los cereales) y algunos minerales, como el calcio o el zinc, inhiben su absorción. De este modo, añadir a la comida un cítrico (rico en vitamina C) mejoraría la absorción del hierro. El café y el té es mejor tomarlos entre comidas para reducir su efecto inhibidor.

El método de preparación de los alimentos también influye en la absorción del hierro. El remojo, la fermentación y la germinación de los cereales y semillas la mejoran. Sin embargo, una cocción intensa tiene el efecto contrario: aumenta las pérdidas de hierro hemo, razón por la que es mejor tomar la carne poco hecha.

La ingesta diaria recomendada de hierro es de 12 mg/día para los hombres y de 15 a 18 mg/día para las mujeres. En situaciones especiales como, por ejemplo, el embarazo y la lactancia, es necesario aumentar esta cantidad para el feto o el recién nacido. Después de la menopausia, la mujer necesitará menos hierro. Para mantener unas reservas adecuadas, conviene saber qué alimentos proporcionan mayor cantidad de este mineral.

Lo mismo ocurre, por cierto, con el ácido fólico y la vitamina B12.

Tabla 1. Hierro de los alimentos

Alimentos

Ración (g)

mg de hierro en 100 g

% de la CDR por ración

Moluscos

75

24

120

Hígado

100

8

53

Espinacas

200

4

53

Riñones

100

5,7

38

Lentejas

70

7,1

33

Garbanzos y judías

70

6,7

31

Soja

70

6,6

31

Morcilla

50

6,4

21

Sardinas en lata

80

3,2

17

Huevo

100

2,2

15

Carne de vacuno

100

2,1

14

Carne de cordero

100

1,5

10

Crustáceos

75

1,9

9

Calamares, sepia

75

1,7

9

Frutos secos

30

4,1

8

Carne de cerdo

100

1,1

7

Adaptado de OCU Salud 101, 2012. CDR: Cantidad Diaria Recomendada.

Tabla 2. Vitamina B9 en los alimentos. 

Alimentos

Ración

µg de vitamina B9 en 100 g

% de la CDR por ración

Espinacas

200

192

192

Hígado

100

266

133

Soja

70

370

130

Judías blancas

70

308

108

Brócoli

150

110

83

Garbanzos

70

185

65

Judías verdes

200

62

62

Melón

150

73

55

Berros

50

214

54

Fresas

150

62

47

Lentejas

70

117

41

Aguacate

150

54

41

Huevos

100

56

28

Nueces

30

155

24

Avellanas

30

113

17

Pistachos

30

97

15

Almendras

30

70

11

Adaptado de OCU Salud 101, 2012. CDR: Cantidad Diaria Recomendada.

Tabla 3. Vitamina B12 en los alimentos

Alimentos

Ración

µg de vitamina B12 en 100 g

% de la CDR por ración

Vísceras

100

51,7

2.586

Sardinas

125

8,5

530

Carne de conejo

100

10,5

525

Caballa

125

8

500

Trucha

125

5

313

Atún

125

4

250

Salmonete

125

2

125

Bacalao

125

1,8

114

Huevos

100

1,8

93

Carne de cordero

100

1,8

91

Carne de ternera

100

1,5

75

Merluza

125

1,1

70

Leche

250

0,3

45

Carne de cerdo

100

0,85

43

Queso semicurado

40

1,5

30

Pollo

100

0,4

20

Queso fresco

40

0,8

15

Yogur

125

0,2

10

Adaptado de OCU Salud 101, 2012. CDR: Cantidad Diaria Recomendada.

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La anemia es una situación fisiológica marcada por los niveles reducidos de hemoglobina. Su principal causa es la carencia dietética de hierro #Saludabit

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