Trastornos del comportamiento alimentario: anorexia y bulimia

A todos nos gusta agradar a los demás. Buscamos que nos acepten por nuestra forma de ser y por nuestro físico. Una interpretación distorsionada de esta situación, unida a la presión social derivada de unos determinados cánones de belleza -inalcanzables para la mayoría de personas- son el caldo de cultivo ideal para la aparición de los trastornos del comportamiento alimentario.

Se trata de un abanico de trastornos y patologías que, en los casos más graves, pueden llegar a poner en riesgo la vida. La concurrencia de un tratamiento psiquiátrico o psicológico se hace indispensable para su solución.

anorexia-bulimia

Salud

Qué son los trastornos del comportamiento alimentario

Los trastornos del comportamiento alimentario (TCA) son un grupo heterogéneo de trastornos psiquiátricos complejos. Están caracterizados por una alteración persistente de la alimentación y de la relación con la comida. Estos cambios provocan un consumo alterado de los alimentos que puede entorpecer seriamente la salud física y la situación psicosocial de la persona afectada.

En general, la característica psicopatológica más común de los trastornos del comportamiento alimentario es la alteración de la percepción de la imagen corporal, acompañada de una preocupación persistente por el peso y la figura y un temor fóbico a engordar. Todo ello derivado de sentimientos de insatisfacción corporal.

Perfil del afectado por TCA

Los TCA afectan en su mayoría a mujeres entre los 10 y 35 años. Pero estos trastornos no solo afectan a mujeres jóvenes. Cada vez hay más hombres afectados y personas de diferentes edades, niveles socioeconómicos, e incluso con patrones antropométricos (peso, estatura e IMC) muy dispares.

Las personas con trastornos alimentarios normalmente se obsesionan con los alimentos y su peso corporal. Sin embargo, el peso no es un marcador clínico definitivo, ya que existen personas afectadas que presentan un peso normal. En definitiva, se trata de enfermedades mentales graves con complicaciones físicas y psicológicas importantes que llegan a amenazar la vida, independientemente del peso del individuo. Las repercusiones sobre la salud pueden ser muy variadas, pudiendo afectar al sistema cardiovascular, gastrointestinal, endocrino, la piel, la composición de la sangre, la salud ósea, la salud dental y el sistema nervioso central, entre otros.

Anorexia y bulimia

Los dos trastornos alimentarios más conocidos son la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa. Es necesario diferenciarlas de aquellas enfermedades físicas que conllevan una pérdida importante de peso y de algunas enfermedades mentales como la depresión. La diferencia fundamental es que la persona tiene el deseo específico de adelgazar o un miedo intenso a ganar peso. Estos problemas de salud se inician muy sutilmente, pudiendo pasar desapercibidos en un primer momento. Pueden afectar a cualquier edad, pero es en la adolescencia cuando aparecen con mayor frecuencia, debido al momento vital de cambio y de búsqueda de la propia identidad.

La anorexia y la bulimia se diferencian por la forma en la que las personas se relacionan con la comida. Puede darse el caso de que una misma persona sufra ambos trastornos, bien de forma alterna o sucesiva.

Anorexia nerviosa

La anorexia nerviosa se caracteriza por un considerable adelgazamiento -llegándose a valores de IMC inferiores a 17,5- como consecuencia de una disminución voluntaria de la ingesta de alimentos. La restricción alimentaria se centra en aquellos alimentos que se consideran muy calóricos, como los ricos en hidratos de carbono o grasas. A veces se provocan vómitos, se realiza ejercicio en exceso, mostrando hiperactividad, y se utilizan laxantes y diuréticos, con el fin de acelerar e incrementar la pérdida de peso.

Bulimia nerviosa

La bulimia nerviosa se caracteriza por episodios repetidos de sobreingesta clandestina, rápida y voraz, hasta que los afectados quedan extenuados y con un profundo sentimiento de culpa. Estos atracones presentan un alto contenido calórico, incluyendo galletas, patatas fritas, helados, bollos, etc. Durante estos ataques de voracidad -que se realizan en solitario- la persona siente que no puede controlar la situación y que nunca podrá parar de comer, sin llegar a disfrutar de la comida. El atracón suele ser seguido por una conducta compensatoria de naturaleza purgativa (vómitos, laxantes, diuréticos) o ejercicio físico extenuante.

Otras alteraciones del comportamiento alimentario

Binge eating disorder

Otra alteración del comportamiento alimentario, que hay que distinguir de la bulimia, es el atracón -binge eating disorder, en inglés- que se caracteriza por una conducta de ingesta compulsiva. En este caso, no se incluyen pautas de expulsión como en la bulimia (vómitos, laxantes o diuréticos) ni de compensación (ejercicio físico o ayuno). Por este motivo, los comedores compulsivos suelen presentar un peso excesivo.

Vigorexia

Entre las enfermedades de culto al cuerpo, la vigorexia es la que afecta más al sexo masculino, aunque las mujeres también la padecen. Si los anoréxicos se obsesionan con perder peso, los afectados por la vigorexia desean ganar masa muscular. Por eso se pesan varias veces al día, se miran al espejo y se comparan constantemente con otras personas que comparten su obsesión. Esta situación también les puede llevar al consumo de sustancias anabolizantes para aumentar de forma más acentuada su masa muscular.

Las personas con vigorexia, aunque objetivamente presenten un cuerpo marcadamente musculado, ante el espejo no lo perciben así, lo que les obliga a aumentar su rutina de ejercicios y a no abandonar el gimnasio durante horas. La enfermedad va derivando en un cuadro obsesivo que hace que se sientan fracasados, abandonen sus actividades y se encierren en el gimnasio día y noche. No se trata de un trastorno estrictamente alimentario, aunque, al igual que en la anorexia, hay claras implicaciones sobre las pautas alimentarias y existe una distorsión en la percepción de la imagen corporal.

Primer paso para solucionar los trastornos alimentarios: reconocer el problema

Uno de los principales problemas de este tipo de patología es que la persona afectada no admite que tiene una enfermedad. Por lo tanto, es esencial que los familiares y las personas allegadas reaccionen ante cualquier sospecha de TCA.

Una vez que se reconoce la enfermedad, es importante cambiar la relación con el propio físico y con los alimentos. Por un lado, hay que ayudarles a aceptar su cuerpo. Conocerlo y cuidarlo es imprescindible para mantener la salud y para adquirir una identidad positiva. En este ámbito, la ayuda psicológica es fundamental. Por otro, tienen que restablecer su peso normal y volver a aprender a comer, incluso los alimentos más temidos. En este sentido, el apoyo nutricional es muy importante.

 

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Los trastornos alimentarios como la anorexia y la bulimia provocan una distorsión de la imagen corporal y una relación enfermiza con los alimentos. Se requiere de un tratamiento psicológico para abordarlo #Saludabit

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