Hidratación: Be water my friend

La vida empezó en el agua porque su composición y sus propiedades físico-químicas son favorables para la vida celular. De hecho, la evolución de los seres vivos está marcada por el desarrollo de mecanismos de obtención y ahorro de agua, como son el aparato digestivo y los riñones. Mantener un adecuado estado de hidratación es esencial para nuestra salud

hidratación

Nutrición

Somos agua. La hidratación es fundamental

El agua es el componente mayoritario del cuerpo humano, aunque su porcentaje varía dependiendo del sexo y de la edad: alcanza el 70% del peso del lactante, el 60% de la persona adulta (menos si se trata de una mujer, cuyo porcentaje de tejido magro es menor) y alrededor del 40% en el anciano. Es decir, que un hombre que pese 70 kilos puede tener unos 42 litros de agua en su cuerpo.

Las dos terceras partes del agua corporal se encuentran en el interior de las células, formando el espacio intracelular, mientras que el tercio restante forma parte del espacio extracelular.

El agua no es nutritiva pero sí imprescindible. Por la experiencia de las huelgas de hambre sabemos que las personas que han prolongado el ayuno voluntario hasta las últimas consecuencias, ingiriendo únicamente líquidos, han sobrevivido 75 días como máximo; pero las que se han privado incluso de líquidos, no más de 17.

Balance hídrico

Diariamente perdemos agua a través de la transpiración, la orina y las heces y debemos reponerla ingiriendo alimentos y bebidas para mantener una correcta hidratación. En total debemos ingerir entre 1,5 y 2 litros diarios, teniendo en cuenta que cerca del 25% proviene de los alimentos. Lógicamente, la cantidad precisa ha de estar en consonancia con el peso corporal, la actividad física, etc. En condiciones normales de temperatura, las necesidades hídricas de una persona sana varían entre los 25 y los 100 mililitros por kilo de peso corporal. Pero hay un límite: en principio, no es conveniente tomar más de 8 litros de agua al día.

Normalmente, el cuerpo mantiene espontáneamente un equilibrio entre el líquido que ingiere y el que pierde. La vía fundamental de entrada de agua en el organismo es la vía oral: bebemos más o menos según nos dicte la sensación de sed. Esta sensación está mediada por la hormona antidiurética ADH (que también frena la eliminación de agua). Por otro lado, el cuerpo es capaz de fabricar unos 300 mililitros diarios de agua.

La vía fundamental de salida es el riñón, que filtra continuamente el agua presente en la sangre, hasta sumar una cifra de unos 170 litros diarios. Este agua es reabsorbida por el organismo, salvo una pequeña parte que forma la orina y que se lleva consigo numerosas sustancias de desecho derivadas, entre otras cosas, de la metabolización de los alimentos.

El balance hídrico puede romperse si hay una pérdida excesiva de agua debido a una sudoración importante (por ejemplo, porque hace mucho calor), una respiración jadeante o acelerada, una diarrea o un mal funcionamiento de la hormona antidiurética. La falta de agua produce una deshidratación celular que provocará, dependiendo de lo grave que sea, sed, pérdida de peso, aumento de la temperatura corporal, convulsiones e incluso puede llevar al estado de coma. De ahí la importacia de mantener una hidratación adecuada.

Cómo tener una buena hidratación

La mejor forma de mantener una buena hidratación es beber agua. Si el agua de grifo no cumple con las expectativas de sabor y olor (se entiende que la seguridad debe estar garantizada) se puede optar por el agua mineral embotellada. Pero para aquellas personas que les “aburra” beber agua hay muchas bebidas que pueden ayudarnos a reponer las pérdidas hídricas, y en algunos casos algo más. El café, el té u otro tipo de infusiones son ideales tanto en invierno -ya que se pueden tomar calientes- como en verano, con hielo. En este caso, habrá que tener cuidado con el consumo excesivo de cafeína o teína y con el azúcar que añadimos a estas bebidas.

Lo mismo sucede si nos gustan los refrescos, no son una buena alternativa ya que suponen un aporte extra de azúcares o de edulcorantes en el caso de las superfluas bebidas light. Por cierto, por muy apetecible que sea en verano una caña o un tinto de verano -y cualquier bebida alcohólica- cumple la función contraria: deshidratar. Una razón más para no aplacar la sed con alcohol.

Dentro de las bebidas para cubrir nuestras necesidades hídricas, también hay que tener en cuenta otros muchos líquidos que además pueden aportar nutrientes como son los zumos naturales, la leche, las cremas frías (gazpacho, vichyssoise) o calientes. Pero también podemos ingerir agua a través de los alimentos y los más ricos son las frutas. Por ejemplo, la sandía y el melón -tan apetecibles en verano- tienen más de un 90% de agua.

Trío de ases para estar bien hidratados

  • Beber el equivalente a 10 vasos de líquidos a lo largo de todo el día (no solo en las comidas). Principalmente agua, dándole prioridad frente a otras bebidas, e incluyendo los alimentos, especialmente frutas y verduras.
  • Es importante que no esperes a tener sensación de sed para beber. Esto es muy importantes en niños cuyas necesidades son mayores y en ancianos, ya que con la edad se pierde la sensación de sed.
  • Vigilar las condiciones que aumenten nuestras necesidades hídricas como pueden ser ambientes calurosos o realizar actividad física a altas temperaturas.

 

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Mantener un buen estado de hidratación es esencial para nuestra salud. El agua es el componente más abundante de nuestro cuerpo y tiene que seguir siéndolo #Saludabit

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