Hipertensión: comer sin sal

En España, un tercio de la población mayor de edad padece hipertensión. Esta proporción es mayor conforme miramos estratos de población de más edad. De ahí la importancia de ponernos en manos de nuestro médico o cardiólogo para llevar un control adecuado.

La sal de la dieta es el principal factor controlable relacionado con la hipertensión.

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Nutrición

Qué es la hipertensión arterial

La tensión arterial y la presión sanguínea son sinónimos. La sangre, a su paso por las arterias y vasos ejerce una presión que las paredes le devuelven en forma de tensión. Cuando esta tensión es más alta de lo normal, aparece la hipertensión arterial y se ve incrementado el riesgo de padecer problemas cardiovasculares. La sal de la dieta es uno de los factores relacionados directamente con la tensión arterial y, por tanto, con el riesgo cardiovascular.

Sal (cloruro sódico)

La sal común, o cloruro sódico, es un factor dietético relacionado con el aumento de la tensión arterial. Por el sodio, pero también por el cloro, ya que se ha visto que si ambos se acompañan de otros elementos, el efecto de aumento de tensión no se produce.

Con el incremento en la ingesta de sal que se ha venido produciendo de forma común en la mayoría de países desarrollados, la prevalencia de la hipertensión se sitúa cerca del 30% de la población mundial. En este sentido, se ha podido constatar que la hipertensión es más común en entornos en los que el consumo de sal se sitúa por encima de los 6 g al día. Parece ser, por lo tanto, que se necesita un umbral de ingesta de sal continuado por encima del cual la hipertensión crece.

Sensibilidad a la sal

Existen diferencias sustanciales entre individuos en cuanto a los efectos de la sal en su tensión arterial. Es lo que se conoce como “sensibilidad a la sal”. El cambio producido en la tensión arterial varía de un individuo a otro, incluso en el mismo individuo si es valorado en momentos diferentes. La sensibilidad a la sal está más marcada en afroamericanos, obesos y pacientes con síndrome metabólico e insuficiencia renal. De este modo, la ingesta excesiva de sal durante años, probablemente juega un rol más importante en el desarrollo de la hipertensión en esos grupos étnicos y de población. Los mecanismos de la sensibilidad a la sal no son completamente conocidos.

Efectos de la restricción de sodio en la dieta sobre la tensión arterial

Todas las guías internacionales y nacionales recomiendan una dieta baja en sal como factor no farmacológico en el tratamiento de la hipertensión. Y es que la reducción de la sal en la dieta puede reducir la tensión arterial en personas normotensas, pre-hipertensas e hipertensas, incluyendo las personas mayores.

Partiendo de un consumo diario cercano a los 10 g al día de sal -que suele ser lo que se consume en la dieta occidental- una disminución de ingesta diaria de unos 4 g durante cuatro o más semanas, determina una disminución de la tensión arterial de 5/3 mm de Hg en personas hipertensas y de 2/1 entre personas normotensas.

De este modo, el consumo recomendado de sal se sitúa en menos de 5 g al día de sal.

Sal oculta

El problema es que -igual que sucede con el azúcar oculto que aparece en los alimentos más insospechados- la sal es unos de los ingredientes más habituales en los alimentos que compramos en el supermercado.

Se calcula que cerca del 80% de la sal que ingiere una persona procede de alimentos procesados, por lo que, en la mayoría de los casos, ni siquiera sabe que la consume. De este modo, sin la colaboración de las autoridades sanitarias ni de la industria alimentaria, la reducción en la ingesta de sal será una tarea complicada.

La función de la sal

La sal en los alimentos cumple, básicamente, dos funciones principales: como conservante, ya que alarga la vida de los alimentos y como potenciador del sabor. Por lo tanto, para la industria es muy sencillo añadir sal y conseguir así que sus productos se puedan vender durante más tiempo y tengan un sabor gustoso que pueda atraer al mayor número de consumidores. No olvidemos que la sal tiene un efecto adictivo muy potente, por lo que es difícil desacostumbrarse a ella.

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Dado que la sal está presente en casi todos los alimentos procesados, una buena manera de reducir su consumo es reducir el consumo de los alimentos procesados. Así de fácil. Mientras mayor sea la presencia en nuestra dieta de alimentos sin código de barras, mejor será esta y menos sal contendrá:

  • Frutas, verduras y hortalizas frescas.
  • Cereales y derivados caseros. Lo ideal es poder hacerse uno su propio pan, aunque somos conscientes de que no todo el mundo dispone de tiempo. 
  • Legumbres. Es el año internacional de las legumbres. Que se note.
  • Frutos secos. Por supuesto, sin freír y SIN SAL.

Además, cocina con poca sal, utiliza especias, condimentos y hierbas para condimentar tus platos. Si tienes niños pequeños no les des comidas con mucha sal. No crees ese hábito en ellos. Y, el consejo más importante, simplemente, utiliza el cerebro.

 

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- Sal del armario. Blog Saludabit

- Clasificación de la hipertensión. Blog Saludabit.

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Un exceso de sal en la dieta se relaciona con la hipertensión arterial. Casi el 80% de la sal que consumimos procede de alimentos procesados #Saludabit

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