Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)

El TDAH, también conocido como ‘hiperactividad infantil’, es un trastorno de causa desconocida que puede manifestarse con déficit de atención o con comportamientos presididos por la impulsividad, la inquietud y la impaciencia. Su tratamiento y su diagnóstico a menudo crean controversia.

Los síntomas de este trastorno tienen una gran repercusión en múltiples aspectos de la vida del niño: en el ámbito académico, a nivel de comportamiento, a nivel emocional y en sus relaciones sociales.

El médico tiene la obligación de proporcionar toda la información sobre la enfermedad, sus controversias y certezas a la familia y al niño para ayudarles a tomar decisiones motivadas y poder fijar unos objetivos claros al iniciar el tratamiento.

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Información práctica para tu día a día

 1. El TDAH es un trastorno controvertido porque patologiza aspectos del comportamiento del niño. 

 2. Puede que se esté abusando del tratamiento con fármacos psicoestimulantes, de indudables efectos adversos.

 3. Se necesitan estudios a largo plazo que clarifiquen los diferentes efectos de los tratamientos.

 4. La familia debe tener la última palabra en cuanto al tratamiento, especialmente en lo relativo a los medicamentos.

 

A cuántos niños afecta el TDAH

El número de niños diagnosticados de TDAH ha aumentado considerablemente en los últimos años. Las estimaciones señalan que del 2 al 5 % de la población infantil se podría identificar con los síntomas definitorios del TDAH.

Afrontar un caso de TDAH puede llegar a ser todo un reto para los padres, sobre todo si no se realiza un diagnóstico adecuado y no se acierta con el tratamiento, lo que suele ser bastante habitual en un ámbito en el que las certezas son muy débiles.

Diagnóstico del TDAH

El diagnóstico del trastorno por déficit de atención e hiperactividad es clínico, lo que significa que debe iniciarse en el estudio del historial del paciente, así como de su observación y examen físico. Ninguna prueba de laboratorio o neuroimagen ha mostrado ser concluyente a este nivel.

De este modo, el diagnóstico del TDAH incluye la identificación de los síntomas de hiperactividad, impulsividad y, por otro lado, falta de atención. En principio, estos se pueden corresponder con dos patrones diferenciados, si bien muchos niños presentan rasgos combinados, con lo cual el problema se complica notablemente, sobre a la hora de establecer el diagnóstico.

Es muy común que a niños inquietos se les catalogue como hiperactivos y otras veces, a niños verdaderamente hiperactivos se les considere como ‘problemáticos’ sin más. De ahí la importancia de un diagnóstico acertado.

Finalmente, es preciso tomar en consideración que los criterios diagnósticos han fluctuado enormemente a lo largo del tiempo, siendo en la actualidad más sencillo cumplir los requisitos para establecer un diagnóstico de TDAH. En este sentido, las escalas diagnósticas utilizadas valoran síntomas con una cuestionable correspondencia con la disfunción académica o social. El diagnóstico a menudo está basado en la interpretación del criterio de "normalidad" en el comportamiento que los padres y profesores aplican al niño y que, además, a menudo no coinciden.

Síntomas principales del TDAH

Hiperactividad e impulsividad

Tienen lugar habitualmente en edades tempranas. Se trata de niños dominados por la hiperactividad, inquietos, impacientes, impulsivos y con tendencia a entrometerse en lo que hacen otros. Hablan mucho y no son capaces de jugar tranquilos.

El rasgo de la impulsividad, especialmente durante la adolescencia, les lleva a ser más susceptibles al abuso de alcohol y otras sustancias.

Déficit de atención

En este patrón predomina un déficit de atención. El niño nunca está atento ni en clase ni fuera de ella. Su velocidad de procesamiento cognitivo y de respuesta está disminuida y es incapaz de cumplir órdenes múltiples.

Tratamiento del trastorno por déficit de atención e hiperactividad

El TDAH es un trastorno muy controvertido, dado que los diferentes tratamientos crean discrepancias entre sanitarios, padres y educadores. En este sentido, que se propongan terapias basadas en anfetaminas, con incuestionables efectos adversos y sin una certeza sólida de que sean imprescindibles, añade más incertidumbre a un asunto ya de por sí incierto.

En la práctica, el tratamiento puede incluir intervenciones comportamentales, medicación, intervenciones a nivel educativo en la escuela, o intervenciones psicoterapéuticas.

Debe ser un principio esencial que las decisiones sobre el tratamiento incluyan siempre al niño y a los padres. Entre todos se deben evaluar los riesgos y beneficios de cada opción terapéutica. En cualquier caso, el tratamiento debe ser específico en función de las características del niño y de su edad.

Además, deben ser tenidos en cuenta otros problemas coexistentes que suelen ser comunes en niños diagnosticados de TDAH, como problemas de aprendizaje, problemas de conducta, ansiedad, etc.

Intervenciones comportamentales

Las intervenciones comportamentales incluyen modificaciones en el entorno del niño con el fin de cambiar su comportamiento, estableciendo recompensas y consecuencias no punitivas.

Las acciones utilizadas en este ámbito deben involucrar a padres y educadores. Algunas pautas sencillas que se pueden incluir aquí son:

  • Establecer una agenda diaria.
  • Reducir las distracciones al mínimo.
  • Establecer zonas específicas para hacer deberes, jugar, guardar la ropa, etc.
  • Establecer objetivos sencillos y alcanzables.
  • Recompensar el comportamiento positivo.
  • Limitar las opciones de elección.
  • Buscar actividades en las que el niño pueda tener éxito.
  • Poner en práctica rutinas en las que prevalezca la calma.

Tratamiento del TDAH con fármacos

Los medicamentos han mostrado cierta eficacia en los síntomas a corto plazo, sin continuidad clara en el tiempo, por lo que muchos abogan por considerarlos como un recurso de uso excepcional.

Sin embargo, en la práctica, el tratamiento con fármacos es una terapia de primera elección para niños en edad escolar y adolescentes, ya sea en solitario o junto con intervenciones de comportamiento y psicoterapéuticas.

Fármacos psicoestimulantes

Dentro de los fármacos estimulantes, el metilfenidato es el tratamiento farmacológico de elección para el TDAH.

Se trata de un estimulante derivado de las anfetaminas que actúa aumentando la dopamina en varias partes del cerebro implicadas en la atención, incidiendo también sobre la hiperactividad.

En cuanto a las evidencias, un reciente meta-análisis señala que el metilfenidato mejora los síntomas del TDAH y el comportamiento general según los profesores de los niños tratados, además de su calidad de vida según los padres. Sin embargo, la baja calidad de la evidencia derivada de las características de los estudios llevados a cabo no permite tener certidumbre sobre la magnitud de los efectos.

Los efectos adversos que se han podido observar a corto plazo incluyen insomnio y disminución del apetito, lo que podría tener una repercusión sobre el crecimiento.

Son necesarios estudios a más largo plazo para tener una visión más clara de los efectos y la utilidad de la medicación.

Fármacos no estimulantes

La atomoxetina es un medicamento no anfetamínico de primera elección en pacientes con TDAH, tanto niños, como adolescentes y adultos. Aumenta la noradrenalina, el neurotransmisor cerebral que regula los niveles de la atención, impulsividad y actividad. Puede causar, entre otros efectos adversos, problemas cardiovasculares.

Entre los fármacos de segunda línea están los antidepresivos tricíclicos, que suelen utilizarse cuando fallan los estimulantes y la atomoxetina.

Niños en edad preescolar

Para los niños de 4 y 5 años es recomendable establecer una terapia comportamental por parte de los padres y educadores. La inclusión de fármacos debería circunscribirse a casos muy excepcionales y una vez que los objetivos de comportamiento establecidos con la primera intervención no se hubieran alcanzado.

Etapa escolar

Para la mayoría de niños en edad escolar (de más de 6 años) y adolescentes que cumplen el criterio diagnóstico, se les suele indicar el tratamiento farmacológico inicial combinado con terapia comportamental

En este sentido, el criterio de la familia y del niño debería ser un factor crítico a la hora de iniciar o no la medicación. Las decisiones familiares en contra de iniciar el tratamiento farmacológico deben ser respetadas y apoyadas.

¿Demasiados psicofármacos en el tratamiento del TDAH?

Según se desprende de la encuesta llevada a cabo recientemente por OCU, en la práctica los psicofármacos se utilizan en exceso en el tratamiento del TDAH.

De los datos recogidos en la encuesta (que incluía a más de 700 familias con hijos de 6 a 17 años, 135 de las cuales con niños con TDAH), al 88 % de los niños de entre 6 y 17 años que habían sido tratados se les sometió a terapia farmacológica, fundamentalmente con metilfenidato.

Para 9 de cada 10 padres estos tratamientos mejoraron el comportamiento de sus hijos, pero a cambio de la aparición de diferentes efectos adversos. En este ámbito, más de la mitad de los niños presentaron pérdida de apetito y de peso y el 34 % sufrieron insomnio.

En cuanto a la duración del tratamiento, en el 20 % de los casos duró menos de un año, en el 28 % entre uno y tres años, en el 26 % entre tres y cinco años y en el 26 % más de cinco años. Sin embargo, las evidencias disponibles no muestran beneficios significativos más allá del tercer año de tratamiento.

En referencia a los tratamientos no farmacológicos, estos fueron seguidos por el 32 % de los niños diagnosticados. El 24 % de ellos lo hizo a través de un psicólogo, el 25 % siguió un tratamiento psicopedagógico y el 19 % trató su problema tras un entrenamiento específico de los padres.

En cuanto al diagnóstico, el 52 % de los padres solicitaron un segundo diagnóstico cuando a su hijo se le diagnosticó TDAH. Únicamente el 9 % de los niños diagnosticados obtuvieron la confirmación del diagnóstico de TDAH.

Finalmente, es pertinente plantearse que los niños diagnosticados de TDAH pueden requerir abordajes quizás diferentes, ya que la atención es una función susceptible de ser modificada por causas muy diversas. Existe una corriente más crítica dentro de los profesionales sanitarios que contempla la opción farmacológica siempre como último recurso. Pueden resultar útiles en momentos determinados, pero de manera racional y siempre limitados en el tiempo.

La dieta y el TDAH

La influencia de la dieta sobre la atención y la hiperactividad es un tema controvertido. Algunos factores dietéticos podrían determinar efectos adversos en el comportamiento de algunos niños.

Aditivos y TDAH

El efecto de los aditivos alimentarios en el comportamiento de los niños es en la actualidad un área activa de investigación. En este sentido, diversos estudios señalan que algunos niños pueden presentar sensibilidad a algunos aditivos. Sin embargo, esta relación es controvertida.

Azúcar y TDAH

Al azúcar se le atribuyen varios efectos sobre los niños, entre ellos, efectos sobre el comportamiento, incluyendo la hiperactividad. Sin embargo, los resultados de los estudios llevados a cabo no son concluyentes.

Ácidos grasos esenciales

Los ácidos grasos esenciales y sus derivados son necesarios para el desarrollo y funcionamiento de las membranas neuronales.

Aunque algunos estudios han detectado bajos niveles de ácidos grasos esenciales en niños con TDAH, su suplementación no ha supuesto beneficios claros frente a la enfermedad.

Hierro, zinc y TDAH

La relación entre deficiencia de hierro y TDAH no está clara y los resultados de los estudios no arrojan evidencias concluyentes. En cualquier caso, los niveles bajos de ferritina en sangre se asocian con deficiencias en la actividad de la dopamina a nivel cerebral. 

De igual modo, parece que los niveles de zinc se relacionan con el TDAH, aunque son precisas evidencias más sólidas que respalden esta idea.

Otros factores

Otros factores que se han relacionado con la aparición del TDAH incluyen la exposición del feto a antidepresivos, al tabaco y al alcohol durante la etapa de gestación.

Por otro lado, el nacimiento prematuro, el bajo peso al nacer y el traumatismo craneal en la infancia también se han relacionado con la aparición de TDAH, sin existir evidencias concluyentes al respecto.

TDAH en adultos

La consideración del TDAH como una patología crónica determina que se contemple su existencia –no sin controversia– durante la edad adulta.

Sin embargo, las guías de diagnóstico precedentes no contemplaban el trastorno más allá de la infancia. Sucede, además, que muchos de los adultos a los que se les diagnostica el TDAH no habían sido diagnosticados de niños y muy frecuentemente presentaban otras patologías o desórdenes psiquiátricos, como trastornos del estado de ánimo, ansiedad y problemas de adicción. 

Saber más

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- Encuesta TDAH de OCU

- Desarrollo del niño. Biblioteca Saludabit

- Alimentación infantil. Biblioteca Saludabit

- Autismo. Biblioteca Saludabit

 

 

Twitsumen

El TDAH es un trastorno que afecta a los niños marcado por dos grandes signos: la hiperactividad y la falta de atención. El uso cada vez más común de fármacos derivados de la anfetamina añade controversia a su diagnóstico y tratamiento

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