Autismo: causas y síntomas

Todos tenemos en la cabeza algún caso de autismo, ya sea real o de ficción. En este segundo caso, el cine ha contribuido a popularizar el autismo con el estereotipo de personas con trastornos de comportamiento, confusión emocional y un extraño don para hacer cálculos matemáticos mentales. Más allá de este manido cliché, intentemos explicar qué es, en realidad, el autismo.

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Qué es el autismo

El autismo es un grupo de trastornos caracterizados por una alteración de causa desconocida en el desarrollo neurobiológico que se presenta ya en la infancia. El desconocimiento existente sobre sus causas y mecanismos, sin embargo, hace que su definición sea “descriptiva”, basada en el comportamiento del niño y en la forma en que este se relaciona con el mundo.

El diagnóstico del autismo es complejo, ya que se podría decir que cada autista es único. Los especialistas, de hecho, utilizan el término “trastornos de espectro autista” para reflejar la variedad de situaciones que clásicamente se han metido en el cajón de sastre del autismo.

Causas del autismo y personas afectadas

Aunque su origen exacto siga siendo un misterio, sí parece que los genes tienen cierta influencia, a lo que se podrían sumar factores ambientales. Lo que no parece influir en su aparición, sin embargo, es la educación recibida, ni la falta de atención o cariño por parte de los padres. Tampoco hay pruebas que lo relacionen con el uso de vacunas, como años atrás se llegó a pensar, tras la publicación de estudios que luego se demostraron fraudulentos (pero que durante años han alimentado, y en parte siguen haciéndolo, al movimiento “antivacunas”).  

Sea como fuere –si bien no se dispone de información fidedigna sobre el número real de personas afectadas– lo cierto es que el autismo se diagnostica cada vez más en todo el mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, el 1,5 % de los niños recibe hoy día un diagnóstico compatible con trastorno del espectro autista. Otro dato: los niños tienen cuatro veces más posibilidades de ser autistas que las niñas.

Síntomas y diagnóstico del autismo

Las manifestaciones del autismo empiezan en la infancia, pero no siempre en el mismo momento. Algunos bebés ya muestran síntomas durante los primeros meses de vida, otros empiezan a manifestar retrasos en el desarrollo del habla durante el segundo año de vida. En ocasiones, tras un primer año aparentemente normal, da la impresión de que se pierden habilidades adquiridas. Aunque cada vez es menos habitual, también puede suceder que el autismo pase desapercibido hasta que el niño entra en el colegio, momento en que los profesores empiezan a notar que tiene problemas para interactuar con sus compañeros.

Mencionamos a continuación algunos síntomas que pueden orientar, sobre todo cuando aparecen de forma combinada, hacia un problema de autismo. Hay que tener en cuenta, de todas formas, que muchos de ellos son inespecíficos y pueden corresponderse con otras alteraciones. Es conveniente consultar al pediatra si se observa algunos de estos síntomas relacionados con el desarrollo cognitivo del niño.

A los 15 meses, el niño:

  • No mantiene contacto visual ni mira cuando le hablan o le llaman.
  • No siente interés por tocar los objetos que tiene a su alcance, ni comparte su interés por lo que le rodea.
  • No reacciona ante las preguntas y expresiones faciales de quien le habla.
  • Nunca dice adiós con la mano.

A los 18 meses, el niño:

  • No identifica partes de su cuerpo.
  • No balbucea palabra alguna.
  • No señala los objetos ni juega imitando lo que hacen los adultos.

A los dos/tres años, el niño:

  • Sigue sin hablar o habla muy poco.
  • Continúa sin reaccionar o lo hace de forma extraña a estímulos sensoriales.
  • No muestra interés por otros niños de su edad, ni parece ser consciente de su presencia.
  • No comparte las emociones placenteras.
  • No llega a descifrar las emociones, la mímica o las expresiones corporales de otros, y no reacciona ante ellas.
  • Exhibe pocas dosis de fantasía y es poco creativo o imitativo.
  • Se limita a realizar movimientos rituales: ordena sus coches en lugar de jugar con ellos, clasifica sus lápices de colores en lugar de usarlos para pintar con ellos…
  • No señala objetos con el dedo para llamar la atención de alguien.
  • Carece de iniciativa para las actividades o los juegos sociales.
  • Ejecuta movimientos repetitivos con los dedos o las manos (por ejemplo, las agita constantemente).

Es preciso tener en cuenta, además, que hay varios elementos que complican el diagnóstico. No es extraño que junto al autismo se presenten otros problemas, como epilepsia, un cierto retraso mental (a veces limitado a ciertas competencias) o alteraciones de tipo sensorial (hipersensibilidad a ciertos sabores, sonidos, olores o materiales, así como insensibilidad al frío extremo o al calor).  

Otro factor que puede complicar el diagnóstico es el hecho de que no es fácil reparar en algunos síntomas. Por otro lado, quienes conviven con el niño, a veces niegan el problema, se alargan los tiempos de espera hasta que se realizan los exámenes y análisis pertinentes. En ocasiones también falta formación y experiencia en la detección y tratamiento de este problema entre algunos especialistas o educadores, etc.

En el autismo la comunicación es clave

Las personas que padecen trastornos del espectro autista suelen presentar deficiencias en tres ámbitos: comunicación (verbal y no verbal), interacción social y capacidad imaginativa. Por eso, suelen manifestar comportamientos, intereses y actividades restringidos, repetitivos y estereotipados.

En cuanto al lenguaje, lo que distingue a los niños autistas es que utilizan un vocabulario muy limitado para su edad, repiten frases y palabras oídas en vez de ofrecer una respuesta a una pregunta que no entienden (ecolalia) o, ya cuando son más mayorcitos, se refieren a ellos mismos en segunda o tercera persona. En cualquier caso, el rango es muy variable: hay casos de niños que nunca llegan a hablar mientras que otros, por el contrario, se manejan bastante bien en el plano verbal, aunque puedan tener dificultades para expresar e interpretar sentimientos e interactuar socialmente. Esto es especialmente característico del síndrome de Asperger, uno de los trastornos del espectro autista, que pueden llegar a utilizar un lenguaje excesivamente formal, que a veces es interpretado como un signo de pedantería o de autosuficiencia.

Otra característica de estos niños es la escasa habilidad para desenvolverse bien dentro de los esquemas sociales habituales. En este sentido, les resulta muy difícil:

  • Establecer un diálogo, mantenerlo y terminarlo.
  • Interpretar las expresiones faciales y el lenguaje corporal.
  • Distinguir una conversación formal de una coloquial, reflexionar de manera abstracta, etc.
  • El humor, la ironía, el sarcasmo, los sentidos figurados y otras actitudes escapan a menudo a su comprensión.
  • Por lo general, les cuesta participar en actividades comunes y entenderse con los adultos o interactuar con otros niños.
  • Además, la presión que se pueda ejercer sobre ellos para que se den prisa o se muestren más activos puede despertar una gran oposición. Hay niños en los que cualquier incursión externa a su “burbuja” puede desencadenar una reacción violenta.

Finalmente, los autistas son personas que no se adaptan bien a los cambios repentinos, las interrupciones de su rutina, las sorpresas, etc. Una excursión escolar o simplemente la ausencia del profesor puede alterarlos de forma desproporcionada.

Tratamiento del autismo

Aunque el autismo como tal no tiene cura, un niño diagnosticado con este problema, si recibe ayuda cualificada, puede aprender en cierta medida a adaptar su comportamiento y a desarrollar sus capacidades. Esto aumentará su calidad de vida y su grado de autonomía, y favorecerá su integración en el seno de la familia y de la sociedad. Se ha comprobado, además, que cuando los apoyos llegan durante los primeros años de vida, los resultados son mejores.

Ayuda para las familias

Siendo realistas, es necesario tener en cuenta que sobre la familia recae buena parte del trabajo que hay que realizar. De hecho, no es raro que en las parejas con un hijo autista uno deje su trabajo para ocuparse de él (suele ser, además, la madre). Pero también hay profesionales que deberían involucrarse: pediatras, psiquiatras, psicólogos, pedagogos, logopedas, etc. Deberían intervenir, por tanto, los servicios de salud, de educación y sociales. Es necesario que no haya retrasos innecesarios en el diagnóstico, que haya más centros especializados para atender las necesidades de las personas autistas, especialmente los que son más dependientes (y más aún cuando sus padres se hacen mayores o fallecen), más programas de inserción en el mundo laboral… Por no hablar de la necesidad de desarrollar de una vez todo el potencial de la ley de dependencia.

Una de los elementos que más puede ayudar a las familias son las asociaciones de padres con hijos con autismo, en las que se puede encontrar apoyo, información y, en muchos casos, asistencia. 

Las más importantes a nivel estatal son:

Saber más

- Encuentra un Psicólogo cerca con el plan Saludabit Plus

- Desarrollo del bebé: 0-18 meses. Biblioteca Saludabit

- Desarrollo del bebé: más de 18 meses. Biblioteca Saludabit.

- 8 consejos para una salud mental equilibrada. Blog Saludabit.

 

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El autismo es un trastorno en el desarrollo neurobiológico que comienza en la infancia y determina la aparición de problemas cognitivos, afectivos y del lenguaje #Saludabit

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