Cómo actuar frente al acoso escolar

El acoso escolar o bullying constituye un problema creciente dentro de los centros escolares de todo el mundo. También en España.

Según los datos de Naciones Unidas, una cuarta parte de los niños de todo el mundo padece acoso y violencia en la escuela. Si bien no se conocen con precisión las tasas reales en los centros educativos españoles, el Ministerio de Educación estimó en 2013 que cerca del 4 % de los escolares de secundaria sufrían acoso. En este mismo sentido, en una encuesta realizada por OCU en 2012 se observó que hasta un 33 % de los encuestados afirmaron haber sufrido acoso en el colegio.

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Qué es el acoso escolar

Por acoso o bullying se entiende el comportamiento violento o agresivo dirigido hacia una víctima indefensa. Los ataques son prolongados en el tiempo, tienen la intención de ocasionar daño y ocurren sin provocación previa.

Las agresiones pueden ser verbales (insultos, burlas, gritos, etc.), físicas (patadas, empujones, etc.), psicológicas (amenazas, etc.) o sociales (exclusión, marginación, etc.). 

En los últimos años, internet ha irrumpido con fuerza como nuevo escenario para el acoso. Esto da lugar al llamado ciberacoso o ciberbullying, en el que las redes sociales constituyen los nuevos y virtuales territorios en los que el acoso se lleva a cabo. Ahora bien, según la última encuesta de OCU sobre acoso escolar, los colegios de primaria son el lugar donde más acoso se produce.

Causas del acoso escolar

Los motivos que están detrás de la aparición de los casos de acoso escolar en la escuela son múltiples y pueden llegar a ser extremadamente complejos. Lo que lleva a un entorno social a establecer unos roles de violencia específicos y que estos se desarrollen y perseveren requiere de la interacción de múltiples factores y agentes. En este sentido, las visiones subjetivas de las personas implicadas que nos ofrecen las encuestas, pueden aportar alguna pista de los elementos causales implicados en el establecimiento de conductas de violencia y acoso.

De este modo, muchos de los acosados opinan que sus rasgos de personalidad y carácter, como la timidez, forman parte de los factores desencadenantes para la aparición del acoso. Otros factores que también señalan son: los rasgos de debilidad o cobardía, la apariencia física, el modo de hablar, sacar buenas notas, la pertenencia a una familia rica o pobre o supuestos atributos sobre la orientación sexual. 

Evidentemente, estos factores autodescritos por los acosados no se pueden considerar como verdaderas causas del acoso, pero sí constituyen elementos argumentativos que el acosador utiliza para refrendar su actitud agresiva.

Los argumentos que ofrecen los propios acosadores tienen que ver, muchas veces, con elementos de aceptación social. Por ejemplo, se escudan en que actuaban de ese modo porque otros también lo hacían, lo que constituye una especie de “peaje social” que se puede encuadrar -salvando las distancias con la idea original- en una especie de banalización del mal en la que los acosadores y los espectadores asumirían y normalizarían roles y actitudes violentos. También se señala por parte de los acosadores la mera diversión como explicación causal.

Por otro lado, las chicas a menudo refieren que actuaban como acosadoras para demostrar poder o por venganza.

Los que fueron víctimas reaccionaban mayoritariamente tratando de ignorar o intentando evitar las situaciones propicias para el enfrentamiento. Sin embargo, otros acosados –especialmente los chicos– también afirman en muchos casos haberse enfrentado a los acosadores.

Cómo identificar un caso de bullying

En la mayoría de los casos, los niños o adolescentes acosados no van a hacer referencia alguna al acoso, por lo que los padres y educadores deben estar atentos a posibles signos que pueden indicar que algo no funciona bien:

  • Cambios bruscos en el comportamiento.
  • Pérdida de interés por las cosas que antes les gustaban.
  • Manifestación de no querer ir a clase ni estar con sus compañeros.
  • El material escolar o la ropa del niño aparecen rotos o presenta signos de violencia física.
  • Evitación del tema sobre lo que pasa en las aulas.
  • Aparición de trastornos o modificaciones en el patrón de sueño (se despierta a menudo o duerme en exceso).
  • Aparición de molestias físicas en el niño sin motivo, como dolores de cabeza, de tripa, etc.

De igual modo, existen algunos signos que pueden señalar que el niño o adolescente sea un acosador:

  • Se muestra agresivo en casa o fuera de ella.
  • Es reservado en exceso, lo que hace muy difícil el trato personal con él.
  • Se le identifican objetos que no son suyos, de procedencia desconocida.
  • Se le detectan mentiras de forma habitual.
  • No expresa remordimiento cuando hace daño.
  • Ciertos compañeros se mantienen silenciosos en su presencia o incluso le rehúyen.
  • Acostumbra a echar la culpa a otros de su mala conducta.

Consecuencias del acoso escolar

Las consecuencias de estar sometido al acoso pueden determinar la aparición de problemas de adaptación, soledad, ansiedad, baja autoestima, síntomas psicosomáticos y aparición de depresión en la edad adulta. Hasta el 40 % de las víctimas refiere episodios de angustia cuando se ve sometido a situaciones que le recuerdan al acoso.

Por otro lado, las consecuencias no solo se circunscriben a las víctimas del acoso. El resto de los alumnos implicados en una situación de esta naturaleza, ya sea el acosador o los espectadores, presentan un mayor riesgo de sufrir desajustes psicosociales y trastornos psicológicos durante la adolescencia e, incluso, durante la etapa adulta.

Prevención del acoso escolar

La prevención del acoso escolar debe plantearse como un reto educativo en los diferentes ámbitos y escenarios que pueden afectar al desarrollo y evolución del niño y el adolescente. De este modo, se deben contemplar estrategias que trabajen la empatía, la asertividad, así como reforzar la educación emocional y la adquisición de habilidades sociales y valores de convivencia.

Otros valores que deberían fomentarse desde la familia y la escuela incluirían la estimulación de un pensamiento crítico, la educación de los niños en la no violencia y en la tolerancia ante la diversidad.

Finalmente, se deberían fomentar los valores y las conductas responsables en el ámbito de internet y las redes sociales, para lograr una ciudadanía digital segura, responsable y ética.

Qué hacer ante un caso de acoso escolar

Hasta hace poco, estos casos se veían con cierta condescendencia y se clasificaban dentro del apartado “cosas de críos” o “no tiene importancia”. Sin embargo, los casos que han ido saliendo a la luz, han mostrado que este problema no sólo afecta al éxito académico, sino que puede determinar consecuencias psicológicas y sociales de carácter grave que, en algunos casos extremos, pueden incluso llevar al acosado hasta el suicidio.

En este sentido, la detección temprana de una situación de acoso escolar es trascendental. Las medidas que se tomen deben implicar a toda la comunidad educativa, involucrar a todos los alumnos y respetar y proteger el interés del menor, incluyendo al acosado y al acosador.

Dado que el bullying es un fenómeno social, es imprescindible tener en cuenta la dimensión grupal a la hora de planificar la intervención, promoviendo el apoyo a la víctima por parte del grupo de espectadores como una de las medidas más eficaces.

Por otro lado, el rol que en este ámbito puede desempeñar la familia es muy importante. Una vez que se ha detectado un posible acoso escolar, la manera óptima de abordar el problema en la familia es mediante la comunicación y la muestra de confianza por parte de los padres.

Si se sospecha de un caso de acoso, hay que intentar establecer un diálogo sincero con el niño o adolescente afectado. Escuchar sin juzgar y mostrar todo el apoyo e interés por lo que está sucediendo y por cómo se siente él al respecto. No hay que minimizar ni quitar importancia a su relato, ni tampoco culpabilizarlo por su actitud y por lo que está sucediendo.

Es positivo y puede ser de ayuda intentar reforzar la personalidad del pequeño y aumentar su asertividad y autoestima. El niño debe ser capaz de expresar lo que quiere y siente de forma clara y respetuosa. Es imprescindible elogiar al niño cuando haya actuado bien y tratar de fomentar en él una forma de ser más optimista, enseñarle a tener un enfoque de la vida con más sentido del humor, en el que esté permitido cometer errores y aprender de ellos.

Para afrontar un caso de acoso es necesario contar con la involucración de todos los elementos implicados. Es necesario comentar lo que sucede con los responsables del centro escolar y con los profesores.

Pedir ayuda a un terapeuta también puede estar indicado. De igual modo, puede ser positivo recurrir a asociaciones que defienden los derechos en situaciones de acoso.

Finalmente, si la situación es grave, no es descabellado formular una denuncia de los hechos ante la policía.

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El acoso escolar es un problema relativamente común que puede tener graves consecuencias para quienes lo padecen. Todos los agentes implicados en la educación del niño deben participar de su erradicación #Saludabit

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