Toxoplasmosis, ¿qué riesgo existe para las mujeres embarazadas?

La toxoplasmosis es una de esas enfermedades de las que se oye hablar poco, hasta que se tiene entre las personas cercanas a una mujer embarazada, sobre todo si ella o alguien de su entorno tiene gatos. ¿Cuál es la relación entre los gatos y la enfermedad y qué grado de preocupación nos debe causar? Veamos.

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Qué es la toxoplasmosis y qué la causa

El toxoplasma gondii es un parásito unicelular, un protozoo, responsable de esta enfermedad que puede afectar a personas y animales. En general, la infección suele ser subclínica, es decir, no da síntomas evidentes. Se puede adquirir tanto de forma congénita como posnatal, por las vías que luego veremos.

Gravedad y síntomas de la toxoplasmosis

Se trata de una enfermedad leve, salvo para las embarazadas. Normalmente, cursa con fiebre ligera, algunos ganglios inflamados y un ligero malestar que dura unos días, por lo que suele pasar desapercibida.

Además de en mujeres embarazadas, se pueden producir casos graves de toxaplasmosis en personas inmunodeprimidas (por enfermedad o por tratamientos con medicamentos con efecto inmunosupresor). Estos casos pueden cursar con fiebre alta, malestar, dolores articulares y musculares e, incluso, meningoencefalitis. Además, existe una forma rara de la enfermedad que puede afectar a los ojos. Los casos graves no son muy comunes.

Toxoplasmosis en embarazadas

La toxoplasmosis debe considerarse como enfermedad grave si es contraída por una embarazada, especialmente en el primer trimestre de embarazo. El feto puede infectarse dado que el parásito llega hasta el útero y atraviesa la placenta, una vez que la madre ha contraído la enfermedad.

Consecuencias de la toxoplasmosis para el feto

Durante el primer trimestre, hasta el 80 % de los fetos pueden verse afectados de gravedad, mientras que, si la infección se produce durante el segundo trimestre, esta proporción desciende hasta el 25 % de los casos. En el tercer trimestre, es muy probable que la infección apenas tenga consecuencias.

Los efectos de la toxoplasmosis en el feto son variados. Entre ellos, cabe destacar la hidrocefalia –una de las complicaciones más frecuentes y graves– que puede dejar secuelas como sordera, epilepsia o retraso neuropsíquico. También pueden verse afectados los ojos, con disminución de la agudeza visual en el niño. Otra consecuencia para el feto, puede ser la aparición de esplenomegalia y/o hepatomegalia (aumento del tamaño de bazo e hígado, respectivamente).

En consecuencia, la afectación por toxoplasmosis en fetos puede tener secuelas graves para cuando nazca el niño, abarcando los problemas visuales, el retraso neurológico y, en ocasiones, comprometiendo la viabilidad del feto (puede provocar el aborto o el nacimiento prematuro). Incluso, un feto que se viera afectado de toxoplasmosis por vía congénita podría presentar episodios recurrentes de problemas oculares en la etapa adulta.

Ciclo vital del parásito que causa toxoplasmosis

En el ciclo de vida del parásito que causa la toxoplasmosis, el toxoplasma gondii, intervienen los gatos y otros animales.

El gato y otros felinos silvestres son el huésped final o definitivo del toxoplasma. En el intestino del gato, el parásito pasa por diferentes fases y termina formando unos ooquistes que expulsa con las heces y sirven para reproducirse y llegar a otros huéspedes. Los ooquistes, se vuelven infectivos en pocos días y quedan en el terreno, donde pueden sobrevivir hasta un año, dado su nivel de resistencia. Esos ooquistes esporulados infectivos pueden ser ingeridos por ovejas, cerdos, roedores u otros animales y también por el hombre. En ese huésped intermediario –ya sea animal o humano– los ooquistes empiezan a desarrollarse y migran hacia diferentes tejidos. De este modo, se forman unos pseudoquistes que se encuentran sobre todo en los músculos y en el cerebro. El ciclo vital del parásito se cierra cuando el gato ingiere estos quistes al consumir en su medio natural a los huéspedes intermediarios (una oveja, un jabalí, un pájaro, etc.).

El ser humano es un huésped intermediario accidental, ya que con su intervención el ciclo no puede cerrarse.

Pruebas y precauciones para las embarazadas

A las embarazadas se les hace una prueba rutinaria para detectar la presencia de anticuerpos de toxoplasma, ya que si se adquirió la enfermedad con anterioridad (seguramente de forma subclínica), la inmunidad persiste de por vida. De este modo, aunque vuelva a entrar en contacto con el parásito, este no será capaz de infectarla. Por tanto, si la mujer embarazada tiene anticuerpos, se descarta el riesgo de infección y no se deberán contemplar las precauciones para evitarla.

Gatos y otros riesgos

Si el análisis de anticuerpos es negativo, es decir, la mujer no está inmunizada, se recomienda tomar una serie de precauciones para evitar que se contagie y el feto pueda correr riesgos evitables.

Si se tiene contacto habitual con gatos, se deberían tomar varias medidas preventivas para evitar la infección, que no necesariamente tienen que pasar por deshacerse del gato. En este sentido, hay que evitar que el gato se alimente con carne cruda o poco cocinada. Los piensos comerciales o la comida bien cocinada son buenas opciones para evitar que el gato acceda al parásito (hay que tener en cuenta que para el felino la enfermedad es también asintomática y no la detectaríamos). Habría que evitar, asimismo, que el gato saliese de casa a cazar ratones, pájaros u otros animales que podrían ser fuentes potenciales de infección. Por si acaso, es conveniente que la embarazada no se encargue de limpiar el cajón de las heces del gato, o que extreme la medidas higiénicas (utilización de guantes, etc.).

Recomendaciones dietéticas durante el embarazo

Finalmente, existe una serie de alimentos en los que existe un cierto riesgo de contagio del protozoo. Se debe evitar comer carne cruda, poco cocinada o curada, es decir, se deben evitar los carpaccios, tartares de carne y embutidos crudos curados.

Aunque en la actualidad, en las granjas de producción más intensiva es difícil que los animales domésticos se contagien con heces de gato, no es en absoluto descartable. Una vez contagiados, los quistes que pudieran aparecer en la carne no son visibles y no se pueden detectar.

También se recomienda lavar muy bien frutas y verduras, sobre todo las que se cultivan más cerca del suelo, por si han estado en contacto con heces de gato.

Si se toman unas mínimas medidas higiénicas, a la vez que se vigilan los alimentos susceptibles de transmitir el parásito, el riesgo estará controlado. En todo caso, la higiene con la comida debe ser un elemento indispensable, especialmente durante el embarazo, ya que también disminuirá el riesgo de contagio de otras enfermedades transmitidas por alimentos, como la listeriosis. 

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La toxoplasmosis es una enfermedad causada por un parásito que puede ser grave para el feto en el primer trimestre de embarazo. Cuidado con los gatos y con comer carne cruda #Saludabit

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