Demencia senil y otros tipos de demencia

Empezaremos diciendo que la “demencia senil” es un concepto incorrecto. Tampoco es correcto utilizar demencia, demencia senil y alzheimer de manera sinónima. Intentaremos aclarar todas las cuestiones clave al respecto.

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¿Qué es la demencia?

El término “demencia” responde a un concepto genérico que engloba a diferentes enfermedades que afectan a la capacidad cognitiva. La más frecuente, pero no la única, es la enfermedad de Alzheimer. De este modo, todas las personas con alzhéimer tienen una demencia, pero no todas las demencias son alzheimer.

Demencia, pues, es cualquier proceso que determina la pérdida de la capacidad intelectual y que impide que la persona afectada pueda llevar a cabo tareas que previamente hacía de forma normal (recordar cosas, orientarse, saber el día y la hora, relacionarse con familiares y vecinos, conversar…). En muchos casos también se ve afectado el carácter (se hacen personas más retraídas, más irritables o más agresivas).

Todo esto hace que progresivamente le resulte más difícil llevar la que hasta entonces era su vida normal, desde rendir adecuadamente en el trabajo (si aún está en edad de trabajar), hasta ir solo a los sitios, manejar sus cuentas, leer o hacer las tareas domésticas. Incluso en fases más avanzadas, poder realizar las tareas más básicas de cuidado personal.

¿Qué es la “demencia senil”?

Demencia senil” es un término cada vez más en desuso. Literalmente no significa otra cosa que pérdida de funciones intelectuales (“demencia”) en una persona mayor (“senil”). La enfermedad de Alzheimer es una de sus causas, pero hay otras.

En cualquier caso, hoy día se prefiere evitar este término, ya que se trata de un concepto engañoso, reflejo de un error histórico: durante mucho tiempo se consideraba que la demencia era un reflejo del declinar de cuerpo y mente que irremediablemente ocurría con la edad, por lo que no se le prestaba la debida atención. A los científicos solo les interesaban los casos que afectaban a personas jóvenes.

Cuando el médico alemán Alois Alzheimer (1864-1915) comenzó a describir casos juveniles de demencia y los catalogó como “enfermedad”, se estableció una diferencia artificial con la "demencia senil". A los primeros se les puso el nombre de “Alzheimer”, o también “demencia presenil”.

Con el tiempo, se fue apreciando que en la mayoría de los casos los síntomas eran similares y las lesiones cerebrales idénticas, por lo que los conceptos “demencia presenil” y “demencia senil” pasaron a ser historia en términos científicos. Sin embargo, el concepto quedó muy arraigado en el lenguaje popular y todavía se sigue utilizando.

Causas de demencia

Cualquier enfermedad que afecte al cerebro y que produzca los síntomas referidos será una causa de demencia. La enfermedad de Alzheimer, aunque es la más frecuente, no es la única.

La división más importante desde un punto de vista práctico es la que se hace entre demencias potencialmente curables (las menos, por desgracia) y las no curables.

Existen demencias que pueden mejorar o curarse si erradicamos la causa. Otras persisten aunque logremos controlar la causa, pero podemos evitar que progresen o, al menos, hacer que progresen más despacio. Por último, sobre otras demencias no podemos hacer nada para evitar que progresen, puesto que todavía no se puede controlar la causa. Este último es el caso de la enfermedad de Alzheimer.

Causas curables de demencia

En algunos casos, podemos erradicar la causa que produce la demencia y además podemos esperar que el paciente se recupere, al menos en parte. Aproximadamente, esto ocurre en uno de cada diez pacientes con demencia. La tarea inicial del médico será, pues, determinar si nos encontramos ante uno de estos casos “afortunados”.

Podemos distinguir dos grandes grupos de demencias potencialmente curables:

  1. Demencias que se deban a cualquier fenómeno que ocurra en el interior del cráneo que suponga una compresión del cerebro, deteriorando así su función. Puede ser causado, por ejemplo, por un hematoma subdural (presencia de sangre entre el cerebro y el cráneo, que normalmente se produce después de un traumatismo importante, pero que en ancianos pueden aparecer después de golpes o caídas sin importancia y pasar desapercibidos). Pero también pueden ser causadas por un tumor o una hidrocefalia (exceso de líquido cefalorraquídeo, que es el líquido que ocupa las cavidades internas del cerebro). En estos casos, el deterioro suele ser bastante rápido. Además de la pérdida de memoria y otros síntomas cognitivos, aparecen precozmente otros síntomas como dificultad para caminar, somnolencia excesiva o descontrol de la micción (síntomas que por ejemplo en la enfermedad de Alzheimer suelen ser muy tardíos). Una prueba de imagen, como un TAC (o escáner) o una resonancia magnética craneal, permitirá diagnosticar estas enfermedades. Una intervención quirúrgica para eliminar el hematoma, el exceso de líquido o el tumor puede mejorar los síntomas y, en algunos casos, hasta curar totalmente al paciente. No siempre es posible.
  2. Un segundo grupo de causas de demencia que se podrían curar son las causadas por problemas relacionados con algunas infecciones crónicas como la sífilis -hoy rara como causa de demencia, pero aún posible-, déficit de vitaminas (como la vitamina B12, o el ácido fólico), problemas hormonales (como el hipotiroidismo), etc. Lo importante es que un simple análisis de sangre pone sobre la pista de estas enfermedades, que en muchos casos se pueden tratar con relativa facilidad.

Causas no curables pero controlables de demencia

En estos casos, la enfermedad produce un daño más o menos irreversible en el cerebro, y aunque conozcamos la causa, no siempre podemos evitar que siga actuando. A veces podemos aplicar tratamientos que intenten controlarla y hacer que de esta forma la enfermedad se estabilice o progrese más lentamente.

Entre estas causas, la más importante es la demencia vascular. En ella se produce una interrupción del flujo de sangre en una zona (o zonas) del cerebro, y las neuronas correspondientes mueren por falta de un adecuado aporte sanguíneo: es lo que se conoce como infarto cerebral. Si las neuronas afectadas son las encargadas de controlar los movimientos de un lado del cuerpo, el paciente puede quedar hemipléjico; si son las encargadas de controlar el lenguaje, puede perder la capacidad de hablar, etc.

Puede ser que un solo infarto dañe únicamente la capacidad intelectual (memoria, comportamiento, orientación…). En este caso, lo característico es que los síntomas aparezcan de golpe. Como causa de demencia aislada es bastante rara.

Lo más habitual es que muchos infartos pequeños, cada uno de ellos sin síntomas aparentes, van “minando” la capacidad de reserva del cerebro hasta que finalmente aparece una demencia. Es lo que popularmente se conoce como “falta de riego”. El deterioro suele ser progresivo, a veces en escalones (el paciente que estaba regular pero más o menos estable, de pronto empeora mucho) y no es raro que además haya tenido otros síntomas como una pérdida de habla o de fuerza bruscas, en algunos casos de forma transitoria. La mayoría además tienen factores de riesgo vascular, como problemas de corazón, hipertensión arterial, diabetes, colesterol alto o han sido fumadores. Un TAC craneal u otra prueba de imagen pueden ayudarnos al diagnóstico.

En estos casos, el daño producido no se puede recuperar, pero se puede intentar que no haya nuevas “faltas de riego” controlando los factores de riesgo y usando tratamientos específicos. No siempre se consigue.

Hasta hace 20 o 30 años se creía que la demencia vascular era la causa más frecuente de demencia. Hoy sabemos que es la segunda, después de la enfermedad de Alzheimer. De hecho, es frecuente que se asocien ambos tipos, y que incluso sea la causa de que un alzheimer “dé la cara” antes o de que vaya más rápido. Es lo que los médicos llaman “demencia mixta”.

Otras causas de daño cerebral que podemos parar (aunque no curar) son el alcoholismo crónico, la demencia de golpes repetidos (la de los boxeadores “sonados”), entre otras.

Causas no curables: las demencias degenerativas primarias

Cuando hablamos de demencias “degenerativas” nos referimos a procesos cuya causa desconocemos, en las que se produce la destrucción de las neuronas y, por tanto, la pérdida progresiva de la capacidad funcional del cerebro, sin que aparentemente se identifique “falta de riego”, inflamación, infección o tumor. Entre ellas, la que destaca sobre todas es la enfermedad de Alzheimer.

Existen otros tipos de demencia como la demencia frontotemporal (no muy distinta del alzhéimer en sus fases avanzadas, pero en la que al principio la memoria y la orientación se mantienen bastante bien, mientras que la conducta y el lenguaje se alteran antes) o la denominada “enfermedad por cuerpos de Lewy”, que se asocia típicamente a otro tipo de síntomas como la rigidez o la lentitud de movimientos (puede llegar a confundirse, en una fase muy inicial, con la enfermedad de Parkinson).

Diagnóstico de causas no curables de demencia

No hay ninguna prueba diagnóstica que confirme con certeza este tipo de demencia durante la vida del paciente. Solo el examen del cerebro en autopsia puede confirmar definitivamente el diagnóstico.

Las enfermedades priónicas

Este es un grupo muy particular de demencias, que hace alusión a la enfermedad de Creutzfeld-Jacob (el equivalente humano de la conocida “enfermedad de las vacas locas”) y otras similares. Lo que ocurre en estas enfermedades es que una proteína que está presente en el cerebro, por mecanismos que se desconocen, cambia su forma y deja de funcionar correctamente. En algunos casos se contagia por comer determinados tejidos procedentes de animales que tienen esta proteína “anómala” (y que, curiosamente, tiene la capacidad de transformar en anómalas las propias proteínas del sujeto). Estas proteínas son conocidas también como “priones”. En otros casos, sin embargo, el origen es genético.

Las enfermedades priónicas son demencias muy agresivas que en pocos meses son capaces de acabar con la vida de los pacientes. Además del deterioro cognitivo, asocian otros síntomas de carácter neurológico, como pérdida de movilidad, crisis epilépticas o movimientos anormales similares a sacudidas (mioclonias). En cualquier caso son extremadamente infrecuentes.

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La demencia senil es un concepto obsoleto que hace referencia a las patologías que afectan a las funciones cognitivas del individuo anciano debido a una degeneración de los tejidos del SNC, pero que también puede darse en gente más joven #Saludabit

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