Cosméticos

Normalmente, cuando hablamos de cosméticos todos pensamos en maquillaje, pero en realidad en esta categoría se engloban además todos los productos de cuidado e higiene personal que usamos a diario, como jabón, gel de baño, champú, dentífrico, espuma de afeitar, crema hidratante, desodorante, etc.

Los cosméticos están muy presentes en nuestra vida, a pesar de no ser productos indispensables. Se estima que utilizamos unos diez de estos productos de media por día. En algunos casos pueden ser más.

Los cosméticos forman parte de nuestros rituales de higiene, de cuidado, de belleza y hasta de bienestar.

Bienestar

Las reglas del juego: legislación sobre cosméticos

Un Reglamento Europeo agrupa todos los requisitos que deben cumplir estos productos y les obliga a que sean seguros. 

La cosmética se sirve de varias disciplinas, desde la química, la biología, la formulación, pero también la comercialización y la publicidad. Todo ello queda recogido en la normativa europea, que será de obligado cumplimiento por todos los productos que se comercialicen en la UE.

Como la cosmética es un mundo de venta de ilusiones y la publicidad de los cosméticos es muy dada a la exageración, la legislación les guía sobre lo que pueden o no pueden decir. También se aclara la diferencia con los medicamentos, ya que los cosméticos no pueden atribuirse propiedades como tratar, curar o prevenir enfermedades.

En realidad, los cosméticos se definen como preparaciones destinadas a ser aplicadas sobre las diferentes zonas de la piel (piel, vello y cabello, uñas, labios, o en los dientes y la boca) con el objetivo de limpiar, perfumar, modificar su aspecto, corregir los olores corporales, protegerlas o mantenerlas en  buen estado.

Cómo leer las etiquetas

Los cosméticos también deben cumplir unos requisitos de información en su etiquetado.

En los recipientes y embalajes debe figurar el nombre del producto, su función, los datos del fabricante, el contenido, número de lote y una fecha de duración mínima. Para los cosméticos cuya vida mínima exceda de 30 meses, se debe especificar el plazo después de su apertura, también conocido como símbolo PAO (period after opening) .Este plazo indica durante cuánto tiempo pueden utilizarse sin ningún riesgo para el consumidor. Suele indicarse en meses. Lo ideal es que tengan los dos, la fecha de duración mínima y el PAO.

¿Y los cosméticos a granel o los que se envasan en el propio punto de venta? También deben llevar una etiqueta o prospecto asociado donde esté la información obligatoria y la lista de ingredientes. Esto también es aplicable a la cosmética artesanal.

Lista de ingredientes, el secreto está en la fórmula

En todos los cosméticos se deben indicar los ingredientes utilizados mediante un listado completo en nomenclatura internacional (denominación Internacional INCI) y en orden decreciente de cantidad. Sabiendo esto, podemos identificar el ingrediente mayoritario -que suele ser el agua, empleada como disolvente-, y sabremos que si el ingrediente anunciado “a bombo y platillo” está al final de la lista, es que lleva poca cantidad.

En ocasiones, la lista de ingredientes solo aparece en la caja y no está impresa en el tubo o frasco. Habrá que tenerlo en cuenta si tiramos el envase exterior, ya que no podremos comprobar la lista de ingredientes más adelante.

Reclamos, publicidad y ciencia ficción

En el campo de la publicidad y de vender promesas e ilusión, el mundo de la cosmética no tiene quien le gane. Tanto es así que el reglamento pasa por alto una serie de alegaciones, que en otros sectores no estarían permitidas. Por ejemplo, se permiten alegaciones exageradas o hiperbólicas, donde esté claro que no van a ser tomadas literalmente por el usuario, además de declaraciones de carácter abstracto. Según esta normativa, si un cosmético dice que “hará que te crezcan alas”, como se presupone que nadie lo creerá literalmente, se podrá utilizar tal afirmación.

Para el resto de las alegaciones, sí se pide que estén apoyadas en evidencias científicas. Pero la realidad es que entre los efectos prometidos y el verdadero rendimiento de la mayoría de estos productos hay una gran diferencia.

Otro límite que deben atender es el modo en el que publicitan que cumplen los requisitos legales, ya que eso es algo que todos los productos deben cumplir para estar en el mercado. Sin embargo, en ocasiones recurren a la ambigüiedad y a la utilización de alegaciones no reguladas y para las que no existen métodos oficiales para demostrarlas como “testado dermatológicamente” o “tolerancia testada”, o “hipoalergénico” . Por tanto, no son más que un reclamo que utilizan para conferir a su producto una falsa sensación de seguridad.

Sustancias en cuestionamiento

Existe una tendencia general de equiparar lo natural con lo inofensivo y, por el contrario, lo “químico” con lo tóxico o lo inseguro. El mundo de la cosmética es un terreno ideal para estas creencias.

Pero en realidad, en las cuestiones de seguridad que afectan a los ingredientes cosméticos, encontramos también sustancias de origen natural y no solo las de síntesis química.

Los cosméticos utilizan fragancias para proporcionar al consumidor un aroma fresco o enmascarar los olores desagradables de las materias primas. Pero debemos ser cuidadosos porque algunas fragancias pueden provocar alergias. Las fragancias pueden proceder de fuentes naturales o de síntesis química. Se trata de compuestos orgánicos con un olor característico agradable. El aroma floral y el cítrico son de los más utilizados.

Existen 26 fragancias de declaración obligatoria según la normativa actual, para que los consumidores sensibles a estos alérgenos los puedan evitar.

Otro ejemplo de sustancias puestas en cuestión en la actualidad son ciertos conservantes y filtros ultravioletas. Algunos de ellos son sospechosos de alterar el funcionamiento del sistema endocrino, ya que existe evidencia científica de que han tenido ese efecto nocivo en animales. Son sustancias que pertenecen a un gran grupo de compuestos conocidos como disruptores endocrinos.

Por otro lado, el uso de conservantes es necesario. Sirven para matar bacterias y preservar los cosméticos que usamos a diario, aumentando su período de utilización y seguridad. Sin embargo, algunos de ellos están siendo cuestionados por motivos de seguridad o falta de datos, como los parabenos de cadena larga o ramificada y por ello es preferible elegir otros.

Los filtros UV, que se encargan de proteger la piel de la radiación solar, solo están justificados en productos para exponerse al sol. Sin embargo, los podemos encontrar en multitud de productos. A veces se añaden para proteger al cosmético, lo que se solventaría utilizando un envase opaco.

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Cada día utilizamos 10 cosméticos de media. Conocer su composición y su uso es importante para nuestra seguridad #Saludabit

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