Cambios hormonales en la mujer

Las hormonas son mensajeros químicos que controlan y determinan multitud de reacciones y procesos fisiológicos de nuestro organismo. Desde este punto de vista, la mujer está expuesta a determinados efectos por las fluctuaciones que algunas de ellas, sobre todo hormonas sexuales, presentan de forma cíclica (menstruación) y de forma definitiva (menopausia).

Bienestar

Hormonas y salud de la mujer

La bajada de estrógenos que sigue a la menopausia determina que se produzca una disminución en su ‘efecto protector’ frente a algunas patologías. De este modo, tras la menopausia aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y aumenta la tasa de descalcificación ósea. Hasta hace algunos años, estaba protocolizado el tratamiento hormonal sustitutivo tras la menopausia, pero tras comprobar el aumento de riesgo de determinados tipos de cáncer, ya no se utiliza de manera generalizada. También se ha podido observar un efecto de los estrógenos sobre el mantenimiento del peso corporal. Tras la menopausia, suele aumentar el riesgo de ganar peso, por lo que sería preciso hacer las modificaciones dietéticas pertinentes para tratar de contrarrestar este efecto.

Regulación del peso corporal

En la actualidad, enfermedades como la obesidad y la diabetes están recibiendo mucha atención por parte de los investigadores. Las tasas de estas dos patologías están creciendo de forma alarmante en todo el mundo y se está empezando a asumir que los planes dietéticos tradicionales, en la mayoría de los casos, no funcionan, o no de manera perdurable.  En España, las tasas de obesidad se sitúan en torno al 25%, estando más de la mitad de la población por encima del peso recomendado. En este contexto, en la actualidad existen muchas líneas de investigación en busca de fármacos que puedan actuar sobre los procesos metabólicos y hormonales implicados en el consumo de alimentos, la acumulación y el gasto de la energía ingerida.

Las hormonas tiroideas controlan el metabolismo energético. Por ello, las personas con hipotiroidismo tienen tendencia a engordar, mientras que las personas con hipertiroidismo sufren el efecto contrario. En cualquier caso, estos desequilibrios metabólicos son minoritarios y no son, en absoluto, la causa de las tasas tan elevadas de obesidad y sobrepeso.

En cuanto a la regulación del apetito, la leptina es una hormona producida por el tejido adiposo que avisa al cerebro de que las reservas de grasa son suficientes o excesivas y tiene un efecto de disminución del apetito. La grelina, es su antagonista. Es producida por el estómago y tiene un efecto orexígeno o de aumento del apetito. En algunos estudios con personas obesas se ha podido observar cómo este mecanismo estaba descompensado y no funcionaba adecuadamente. Hace años que se viene investigando en esta línea. De hecho, ya en el pasado han existido medicamentos para tratar la obesidad basados en la reducción del apetito que no tuvieron demasiado éxito o que se han tenido que retirar por sus efectos adversos. 

Pero no nos engañemos, el sueño de cualquier persona a la que le guste comer es poder hacerlo sin límite y que esas calorías no pasen a engrosar sus reservas de grasa en forma de abundantes michelines.

Existen algunas investigaciones recientes en este sentido. Se ha podido observar cómo la inactivación de un factor de crecimiento hormonal en ratones con obesidad inducida, la miostatina, determina un aumento de masa muscular y una disminución del tejido adiposo y de la grasa del organismo. Los dos mecanismos sugeridos para ello son la proliferación del tejido adiposo marrón en lugar del blanco, que determina un aumento del gasto energético y un aumento de la utilización de las grasas almacenadas. Esto abre una línea de investigación para encontrar un fármaco antiobesidad en humanos, a partir de sustancias inhibidoras de la miostatina, determinando un aumento del gasto energético sin tener que limitar la ingesta de alimentos ni de grasa. En el mejor de los casos, queda mucho para que este fármaco de ensueño pueda estar en las farmacias.

Hormonas femeninas: efecto sobre el peso

Aparte de los mecanismos señalados mediados por diferentes sistemas hormonales, las hormonas femeninas parecen ejercer un efecto preventivo sobre la ganancia de peso y otras patologías de origen inflamatorio. Ya hemos visto cómo los procesos del apetito, la saciedad, etc., están mediados por sistemas hormonales, aún no del todo conocidos. En cuanto a las hormonas femeninas, las fluctuaciones de estrógenos durante el ciclo menstrual pueden ser la causa de las pautas de alimentación ‘poco homogéneas’ que muchas mujeres experimentan cada mes. Así, cuando bajan los estrógenos durante la menstruación, se suelen producir ingestas de alimentos más elevadas de lo habitual. (Puedes conocer tus necesidades calóricas con nuestro calculador).

Con la aparición de la menopausia los niveles de estrógenos descienden, por lo que se producen trastornos como sofocos y molestias que en algunos casos se han visto paliados con algunos alimentos ricos en fitoestrógenos. Estas son sustancias vegetales con una estructura muy similar a los estrógenos del organismo. Algunos alimentos que los contienen son la soja y la cerveza.

Hormonas y trastornos de la piel

Celulitis

La celulitis se define como un trastorno metabólico localizado en el tejido subcutáneo que provoca una alteración en la figura del cuerpo femenino.

En cuanto a su afectación por las hormonas, una dieta excesiva en hidratos de carbono provoca un aumento en la secreción de la insulina y promueve la formación y almacenamiento de grasa, aumentando la celulitis. La insulina también se ve incrementada durante el embarazo, junto a la prolactina que también determina un aumento de la celulitis por la formación de nuevos acúmulos de grasa.

En la actualidad, los tratamientos para la celulitis no han mostrado ser muy efectivos. Los futuros tratamientos dependerán de la comprensión de las bases moleculares y la influencia hormonal de la celulitis, hasta ahora no muy bien conocidas.

Acné

El acné es una enfermedad inflamatoria crónica de la unidad pilosebácea. Existen diferentes factores causales para el acné, como la producción excesiva de sebo y la colonización bacteriana por Propionibacterium acnes, entre otros.

Son diversas las hormonas implicadas en la regulación de la actividad de la glándula sebácea que se han relacionado con la aparición de acné. Entre ellas, los andrógenos, los estrógenos, la progesterona, la hormona de crecimiento, la insulina, la hormona adrenocorticotrópica y los glucocorticoides. Además, el acné se desarrolla en edades tempranas con el comienzo de la pubertad, como resultado de los cambios hormonales.

Es bien conocido que los estrógenos exógenos en forma de píldoras orales anticonceptivas en cantidades suficientes son capaces de suprimir la producción de sebo y disminuir las lesiones del acné. Sin embargo, el rol de los estrógenos propios del organismo en la fisiopatología del acné no está bien definido.

En cuanto a la dieta, no existen muchas evidencias firmes al respecto, aunque sí circulan mitos desde hace muchos años sobre la influencia o predisposición al acné derivada del consumo de algunos alimentos. Sí se ha podido comprobar que las dietas con una alto contenido en azúcares pueden agravar el acné, quizás por el efecto de la insulina. De este modo, habría que vigilar el consumo de dulces e hidratos de carbono refinados.

También parece existir una relación entre el consumo de lácteos y el acné, pero la evidencia es débil. Algunos factores que se relacionan con un efecto positivo sobre el acné son los ácidos grasos omega-3, los antioxidantes, la vitamina A y la fibra, pero esta relación no está del todo clara.

Para aclarar cualquier asunto relacionado con las hormonas, puedes recurrir a un especialista en endocrinología

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Los cambios hormonales pueden afectar a la salud, el bienestar, el peso corporal y al aspecto físico de la mujer #Saludabit

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