Combatir el estrés

El estrés es un padecimiento cotidiano para mucha gente. Demasiada exigencia en el trabajo, demasiada exigencia con la pareja, la familia, demasiada autoexigencia… ¡Eh! Llegó el momento de parar, echar la vista atrás y ver qué estamos haciendo mal.

Bienestar

Causas del estrés

El estrés es una reacción necesaria que en dosis adecuadas nos prepara para satisfacer una demanda exterior en las mejores condiciones físicas y mentales. Sin embargo, es una realidad cotidiana para muchos que frente a situaciones desencadenantes, el estrés permanezca un tiempo excesivo y en lugar de proporcionar la excitación óptima que nos ayude a dar respuesta a esas demandas, nos lleve al agotamiento, la debilidad y al deterioro de la salud.

Cualquier cambio del medio en el que nos encontramos es susceptible de provocar estrés. Debemos distinguir, sin embargo, entre agentes estresantes agudos y crónicos. Los primeros son exigencias puntuales que generan una respuesta inmediata y que no suelen determinar ningún problema. Por el contrario, los agentes que provocan estrés crónico sí pueden suponer un riesgo para la salud. Dentro de estos factores problemáticos, podemos distinguir entre agentes estresantes internos (presiones, exigencias y obligaciones autoimpuestas) y agentes estresantes externos (ambiente laboral negativo, problemas conyugales, pérdida de un ser querido, cambio de ciudad, etc.).

También existe un factor individual que puede condicionar que para una persona una situación concreta pueda generar una reacción de estrés negativo y para otra no.

Reacciones fisiológicas ante el estrés

Las reacciones y cambios fisiológicos que se producen en el organismo están enfocadas a mantener el estado de alerta: secreción extraordinaria de adrenalina y cortisol, lo que acelera el ritmo cardiaco y espesa la sangre para facilitar la cicatrización de eventuales heridas.

La respiración se vuelve rápida y profunda para incrementar la provisión de oxígeno y aumenta la tensión arterial. Se produce la secreción de endorfinas con efecto calmante que reducen la percepción del dolor. Se moviliza glucosa y grasa y se potencia el riego sanguíneo en los músculos para aumentar su fuerza y agilidad. Las pupilas se contraen para agudizar la vista, etc.

Todas estas reacciones mantenidas excesivamente en el tiempo pueden perturbar a quien las experimenta y perder su inicial efecto beneficioso. Consecuencia de ello puede ser la aparición de palpitaciones, sensación de presión en el tórax, pérdida de apetito, flatulencia, calambres, diarrea, impotencia, desarreglos del ciclo menstrual, tensión muscular, dolor de cabeza y erupciones cutáneas.

El equilibrio emocional también se ve afectado, lo que puede derivar en cambios de humor repentinos, incapacidad de expresar las propias emociones y de mostrar empatía por los demás, fatiga, problemas de concentración, irritabilidad, insomnio, etc.

El deterioro de la salud que provoca la exposición a estados de estrés durante periodos prolongados viene determinado por el debilitamiento del sistema inmunitario, predisponiendo a las infecciones, favoreciendo la aparición de enfermedades.

Cómo reconocer al estrés

En ocasiones, la persona que padece estrés no repara en su problema hasta que roza el colapso o alguien le advierte de su estado. Sin embargo, hay síntomas que pueden dar la voz de alarma cuya identificación puede ser el punto de partida para combatir el estrés:

- Nerviosismo, pulso elevado, respiración acelerada, músculos tensos;

- Problemas gástricos, diarreas, calambres;

- Problemas de sueño y de concentración, apatía;

- Aislamiento social, agresividad, depresión,  desmotivación, cambios de humor;

- Aumento del consumo de alcohol y tabaco, alteraciones del apetito, insomnio y alteración de la memoria.

La solución para el estrés

El estrés está presente en la vida de más de la mitad de los trabajadores españoles. Sin embargo, solo uno de cada cinco es capaz de identificarlo y de estos, solo el 17% sigue algún tratamiento.

Llama la atención que los tratamientos que han mostrado ser más efectivos son la práctica de deporte y la meditación y, sin embargo, los tratamientos más comúnmente utilizados son los medicamentos (ansiolíticos y antidepresivos, básicamente). Algo estamos haciendo mal y va siendo hora de corregirlo.

Existen dos posibles soluciones para enfrentar el estrés: o bien se suprime la situación que lo causa o bien se modula y controla la ansiedad que estas situaciones provocan y se aprende a convivir con ellas. Conviene tener en cuenta, además, que muchas veces el motivo del estrés responde a una exigencia autoimpuesta, de la que, en un momento dado podemos liberarnos voluntariamente.

A menudo, el estrés proviene de varias fuentes y no siempre es fácil identificarlas. En ocasiones, la ayuda profesional de un médico o psicólogo puede ser la mejor forma de solucionar el problema.

Técnicas de relajación

Para controlar los síntomas físicos del estrés es una buena medida la práctica habitual de actividad física y de técnicas de relajación y meditación

Los ejercicios de respiración también pueden ser recomendables, ya que la persona estresada tiene una respiración corta y poco profunda. Habría que trabajar un tipo de respiración más profunda e intensa que haga penetrar el oxígeno en la parte baja de los pulmones.

Finalmente, es importante tener o recuperar, si se han perdido, unos buenos hábitos de descanso. Unos trucos sencillos para ello pueden ser pasear a última hora del día, darse una ducha caliente antes de acostarse, leer en la cama, tomar infusiones relajantes y evitar la ingesta de sustancias excitantes como el café o las bebidas alcohólicas.

Dieta

En una situación de estrés continuado en la que se ven afectadas todas las facetas de la vida, la alimentación y la dieta también se pueden ver afectadas negativamente y el aporte de muchos nutrientes puede estar comprometido. Por ello es importante hacer hincapié en tener una dieta variada y equilibrada, que incluya un aporte adecuado de todos los grupos de alimentos, especialmente los de origen vegetal, ricos en nutrientes vinculados con un buen funcionamiento del sistema inmunitario, como la vitamina C, vitamina A, ácido fólico, zinc, magnesio, cobre, entre otros.

También es importante un adecuado aporte de proteínas, por lo que conviene consumir suficientes lácteos, huevos, carnes, legumbres y pescado. En este último caso, es interesante el consumo de pescado azul, por su contenido en ácidos grasos omega 3, beneficiosos en caso de estrés.

Si tienes estrés consulta con un profesional de la salud mental

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