Tomar el sol y salvar la piel

El sol nos da la vida. Sin él el planeta tierra sería poco más que un pedrusco gigante vagando tristemente por el espacio. Además, tomar el sol tiene unos beneficios directos para nuestra salud: tiene un efecto directo en nuestro estado de ánimo; tomar el sol ayuda a nuestro organismo a producir vitamina D; mejora el tratamiento de enfermedades de la piel y nos proporciona una agradable sensación de bienestar. Eso sí, es importante tomar precauciones, ya que el exceso de radiación procedente del sol le puede provocar grandes problemas a nuestra piel.

Bienestar

Cuándo hay que tomar el sol

Hay que evitar la exposición al sol durante las horas más calientes del día, de 11 de la mañana a 4 de la tarde. La radiación ultravioleta se hace más intensa desde los meses de mayo a agosto.

Pero la hora del día no es el único factor que influye en la intensidad de la radiación solar. Influyen otros factores como:

  • La altura del sol en el cielo. Cuanto más alto esté el sol más intensa es la radiación UV, (esto depende, básicamente de la estación y la hora del día).
  • La latitud. Cuanto más cerca del ecuador, más intensa es la radiación.
  • La nubosidad. La intensidad de la radiación es máxima, si no hay nubes.
  • La altitud. Por cada 1.000 metros de altitud hay un aumento de la radiación del 10-12%.
  • El ozono. Absorbe buena parte de las radiaciones, pero a lo largo del día y del año su concentración varía.
  • La reflexión de la radiación. Los distintos tipos de superficie reflejan o dispersan los rayos en medida diferente y la radiación llega incluso en la sombra.

Cómo hay que tomar el sol

Para evitar los problemas de envejecimiento, las quemaduras y sus consecuencias hay que tener en cuenta algunas medidas, entre las que se encuentran el uso adecuado de los protectores solares. Son un instrumento fundamental para protegerse del sol. Además, hay que contemplar otras medidas como proteger los ojos con unas gafas de sol y la cabeza con un sombrero.

El protector solar perfecto

El protector solar perfecto debería ser una sustancia que bloqueara los rayos UVA y UVB, que fuera resistente al agua, al sudor y a la arena, que mantuviera sus propiedades incluso bajo el sol más tórrido y que fuera seguro para la piel de mayores y pequeños.  

Dado que este producto no existe, deberemos aproximarnos lo máximo posible a él. Para ello, deberemos cerciorarnos que nuestro bronceador protege contra los UVB, los rayos que provocan inflamación cutánea y enrojecimiento de la piel. También contra los UVA, causantes del envejecimiento prematuro de la piel. 

Cremas  de protección alta, con un factor de protección solar 30, resultan apropiadas para la mayoría de los adultos, ya que son capaces de bloquear el 97% de los rayos UVB (la radiación solar más energética que nos llega).

Hay que ser generoso con la aplicación de la crema. Cada dos horas hay que repetir la aplicación del protector, también después de bañarse y de haber sudado mucho.

Especial cuidado con el sol

Los bebés menores de 3 años deben estar lejos del sol (y del calor excesivo). En verano, siempre tapados y con un gorro.

Tener la piel oscura no significa que se pueda tomar el sol sin un producto de alta protección. Los rayos solares pueden dañar el ADN de las células de la piel en cualquier circunstancia, también en las pieles morenas.

Una sombrilla nos puede ayudar a protegernos del sol, pero debemos tener en cuenta que deja pasar cerca de un 30% de radiación indirecta.

También hay que tomar precauciones si se pretende hacer deporte en verano

Finalmente, ante cualquier duda sobre una mancha en la piel, lo mejor es consultar con un dermatólogo

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Tomar el sol evitando las horas centrales y utilizando crema con factor de protección 30, y a disfrutar #Saludabit

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