Migraña, algo más que dolor de cabeza

La migraña es un tipo de dolor de cabeza de los llamados “primarios”, es decir, que no está causado por ninguna otra enfermedad subyacente. Los ataques o crisis de migraña se producen de forma episódica y recurrente, siendo muy variable la frecuencia de los ataques, incluso en una misma persona a lo largo de su vida.

Para su tratamiento el médico puede prescribir analgésicos comunes o específicos para la migraña.

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Bienestar

Síntomas de la migraña

El dolor se caracteriza por ser, en su forma más típica, pulsátil (como si la cabeza “latiera”). Aunque puede haber variaciones, suele afectar más a un lado de la cabeza, que no tiene por qué ser siempre el mismo (de ahí que antiguamente se le conociera también como “hemicránea”). El dolor puede ser entre moderado e intenso y puede durar desde unas pocas horas hasta dos o tres días. Suele ir acompañado de malestar y náuseas (a veces vómitos) e hipersensibilidad a la luz y al sonido, fenómenos conocidos con el nombre respectivo de “fotofobia” y “fonofobia”. Es típico, de hecho, que la persona en plena crisis de migraña sienta la necesidad de retirarse a un lugar tranquilo y oscuro.

Migraña "con aura"

Una cuarta parte de las personas afectadas por migraña sufren además lo que se conoce como “auras”. Las auras preceden o acompañan al dolor y se caracterizan por la aparición de síntomas neurológicos diversos (alteraciones visuales, sensoriales, motoras, e incluso del lenguaje).

Las auras visuales son las más frecuentes. Pueden consistir en la visión de manchas o puntos de luz que se mueven lentamente a lo largo y ancho del campo visual e impiden ver con normalidad por cualquiera de los dos ojos. También puede suceder que haya pérdida de la visión en la mitad del campo visual o visión en forma de túnel o que los objetos se vean más pequeños de lo normal. Las alteraciones sensoriales, también conocidas como parestesias, se caracterizan por una sensación de adormecimiento u hormigueo que suele empezar en una mano para pasar luego al brazo y terminar trasladándose a la cara, los labios o la lengua. Las alteraciones motoras, o las dificultades para hablar (lo que se conoce como “disfasia”) son menos frecuentes, pero también posibles. De hecho, la primera vez que la persona sufre un aura migrañosa de este tipo puede asustar hasta tal punto que la persona acuda de urgencia a un hospital.

A quién afecta la migraña

Las migrañas afectan aproximadamente al 12 % de la población general en los países occidentales. Y afecta tres veces más a las mujeres que a los hombres. Además, en el caso de las mujeres, las migrañas ocurren sobre todo entre los 20 y los 50 años de edad.

La migraña puede llegar a ser tan incapacitante que la Organización Mundial de la Salud la considera la número 19 entre las enfermedades que causan algún tipo de discapacidad.

La discapacidad que la migraña produce está relacionada con la frecuencia de los ataques y la intensidad de los mismos:

  • Se sabe que el 90 % de las personas que sufren migrañas padecen dolor que oscila entre moderado e intenso.
  • El 75 % ve afectada su capacidad de trabajo durante los ataques de migraña.
  • El 33 % requieren de reposo en cama.
  • Se estima que una persona que sufre de migrañas pierde aproximadamente una media de 20 días de trabajo al año debido al absentismo y a la menor productividad cuando acude a trabajar.

Causas de la migraña

Lo cierto es que la migraña es una condición compleja, cuyas causas exactas no se conocen del todo, aunque se sabe que existe un componente hereditario muy importante. De hecho, cuanto más incapacitante es la migraña que se sufre, mayor es la probabilidad de que exista una conexión familiar.

Por lo que se refiere a al mecanismo de aparición de la migraña, los expertos aventuran que existe un desequilibrio entre algunos neurotransmisores del cerebro, desequilibrio que afecta al nervio trigémino (el principal nervio sensitivo del cráneo) y que termina provocando una reacción de los vasos sanguíneos cuya manifestación principal es el dolor. A veces es posible identificar factores desencadenantes o favorecedores de las crisis, pero otras veces no.

Prevención y tratamiento de la migraña

El abordaje de la migraña depende de dos tipos de estrategias: por un lado, está la estrategia preventiva, que consiste en tratar de evitar la aparición de los ataques de migraña, y por otro la estrategia sintomática o tratamiento agudo, que consiste en tratar las crisis de migraña en el momento mismo en el que aparecen.

Estrategia preventiva

La estrategia preventiva se fundamenta, por un lado, en evitar los factores desencadenantes que predisponen a la aparición de la migraña (si es el caso) y, por otro, en dar tratamiento farmacológico preventivo.

Factores desencadenantes de la migraña

Un factor desencadenante es toda aquella circunstancia que incrementa de forma temporal la probabilidad de sufrir un ataque de migraña. Los factores desencadenantes pueden variar de una persona a otra o, aun siendo los mismos, el umbral a partir del cual aparece la migraña puede ser diferente. También se puede dar que la presencia de un único factor no desencadene la aparición de la migraña, pero la presencia simultánea de varios de ellos produzca un efecto sinérgico que acabe provocando su aparición.

Existen múltiples tipos de desencadenantes, algunos de ellos evitables. Generalmente las personas que sufren de migrañas identifican una media de al menos seis elementos o factores desencadenantes que les provocan la migraña:

  • Consumo de alcohol.
  • Ingesta de determinados alimentos.
  • Saltarse alguna comida.
  • Cambios meteorológicos.
  • El estrés.
  • Alteraciones o cambios en el patrón normal del sueño.
  • En el caso de las mujeres, los cambios hormonales tanto los relacionados con la menstruación como los relacionados con la menopausia.
  • Etc.

Con objeto de identificar los diferentes factores desencadenantes de la migraña se suele recomendar mantener al día un “diario de migraña” donde ir apuntando los posibles factores que han podido dar lugar a una migraña.

Para las personas en las que las crisis de migraña se hacen muy frecuentes, otra estrategia de tratamiento consiste en recurrir al denominado tratamiento profiláctico, o medicación preventiva -se trata de medicamentos diferentes de los que se usan una vez que el ataque de migraña ya se ha producido- con fármacos para bajar la tensión arterial, antidepresivos o antiepilépticos.

El mayor problema de este tipo de tratamientos es la poca adherencia al mismo, por lo que los pacientes tienen a abandonar la medicación, tanto por sus efectos secundarios como por, en muchos casos, la escasa eficacia para prevenir los ataques. En líneas generales, cuando se estima que la frecuencia e intensidad de los ataques es la suficiente como para probar este tipo de tratamiento, se recomienda mantenerlo entre 3 y 6 meses con el objetivo de lograr la reducción del número, duración y gravedad de los ataques, así como evitar el efecto rebote causado por los analgésicos, en forma de dolor de cabeza.

Estrategia sintomática

El tratamiento del ataque de migraña cuando ya está presente se puede llevar a cabo con dos tipos de fármacos:

  • Medicamentos no específicos. Son los analgésicos de toda la vida, que se usan para aliviar todo tipo de dolores, como el paracetamol, la aspirina, el ibuprofeno u otros antiinflamatorios similares. En caso de ser necesario, se les puede acompañar de algún medicamento antiemético para evitar las náuseas y los vómitos.
  • Medicamentos específicos, propiamente contra la migraña, que no tienen efecto contra otro tipo de dolores. Pertenecen a la denominada familia de los “triptanes”. Actualmente existen en el mercado siete triptanes con indicación autorizada para el tratamiento de la migraña. Todos ellos requieren receta médica.

El mayor inconveniente de la medicación aguda o sintomática es que su abuso puede dar lugar a un “efecto rebote” por analgésicos, de forma que una migraña que es “episódica” pasa a convertirse en un dolor de cabeza casi constante (durante 15 o más días al mes).

Para evitar que esto suceda se recomienda limitar el uso de los analgésicos tradicionales (paracetamol, aspirina y antiinflamatorios) a no más de 14 días al mes. Y los triptanes, a no más de 9 días al mes. Si resulta necesario alargar el tratamiento durante más días, conviene discutir con el médico las posibles alternativas, antes de caer en una espiral que puede desembocar en una cefalea casi constante.

 

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La migraña es un tipo de dolor de cabeza recurrente y episódico. El control de los factores desencadenantes y el tratamiento con fármacos forman parte de su tratamiento #Saludabit.

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